Un día me dijiste que no te irías jamás, que a mi cuerpo nunca le haría falta el calor de tu fuego, que mis manos no echarían de menos tu contorno cada noche, que no tendría que temer jamás a la derrota, al desamor o alguna condena semejante. Un día me dijiste que jamás te irías mirándome a los ojos, pero hoy, hoy hace tanto frió sin ti...

















