Historia no conocida de ¡un patriota! Superviviente “José Reynoso” de la Batalla de Churubusco.
Agosto de 1913 se efectuó una brillante ceremonia a uno de los supervivientes de la Batalla de Churubusco. El 66o. aniversario de Churubusco, donde combatieron un puñado de valientes mexicanos contra el grueso del invasor Ejército Americano, la “Agrupación Patriótica Gratitud”, que organizaba desde hace doce años en honor a los caídos.
“Por la mañana se llevó a cabo ante el monumento de los mártires de Churubusco, una sencilla y significativa ceremonia, la agrupación “Gratitud”, venia efectuando una remembranza en honor de los héroes que combatieron en el viejo Convento de Churubusco al lado del valiente General Don José María Anaya, contra las huestes americanas, el 20 de Agosto de 1847.”
El programa que para esa fiesta se formó, fue sencillo, todas las sociedades mutualistas, elemento oficiales e invitados, fueron citados en la parada de Churubusco, a las diez de la mañana, donde se organizó la manifestación, marchando a la descubierta de ésta un pelotón de la Gendarmería Montada, y en seguida una sección de brillantes alumnos del Internado Nacional, así como también otra sección de la Escuela Industrial de Huérfanos, dirigiéndose la comitiva al lugar donde se levantaba el monumento de los mártires.
Ante uno de los muros del viejo claustro, siendo en aquella época residencia de algunos militares inválidos, se había levantado una pequeña plataforma y una amplia lona que la cubría, donde tomaron asiento los invitados.
Los asientos de honor estuvieron ocupados por el presidente de la ceremonia, Sr. Hilario Rojas, que tuvo a sus lados al Capitán Fernando Zayas y al Teniente Luis Camerón, que en unión de diez alumnos del Colegio Militar de Chapultepec, asistieron en representación del plantel a la ceremonia.
El primer número fué un brillante y fogoso discurso pronunciado por el Sr. Felipe J. Flores, en representación del Gran Partido Popular Obrero, el principal tema fué la batalla y los héroes cuya memoria se conmemoraba, al terminar fueron grandes lo aplausos tributados al orador por sus palabras de aliento. En seguida el Sr. Conrado Mena ocupo la tribuna para declamar una poesía que le fué bastante aplaudida, también la Srita. Loreto Icaza dijo una bonita poesía, que fue aplauda con gran entusiasmo y que para terminar, el secretario de la agrupación, Sr. Antonio de P. Escárcega, pronuncia un elocuente discurso, citando al Gral. Anaya al presentarse uno de los generales americanos en el Convento de Churubusco, y que la historia ha recogido textualmente para darla a conocer a todos los mexicanos, el discurso fue muy ovacionado.
Describo un poco de esta historia fantástica.
Churubusco queda solo, aislado, el Presidente Santa Anna ordena que allí se haga la mayor resistencia posible: el enemigo avanza por Tlalpam y parte de Coyoacán, la primera tomó el puente después de terrible lucha a bayoneta calada; la segunda se dirigió al Convento defendido por el General Don Manuel Rincón, teniendo a sus ordenes los Batallones de Guardia Nacional “Independencia” y “Bravos”, las Compañías de San Patricio y Los Piquetes de Chilpancingo y Galeana, fuerza muy inferior en número con escasas municiones y mal armamento, más de seis mil americanos rompen fuego, el General Anaya y Rincón resistían con admirable valor, ya que el enemigo redoblaba sus esfuerzos, tres horas de fuego… cuyo armamento padeció, inutilizándose la mayor parte, especialmente el del Batallón “Independencia”, 136 muertos, 99 heridos y con falta absoluta de municiones, hubo que cesar en la heroica defensa del Convento, y aunque se rechazó una carga del enemigo, la situación era insostenible, tuvieron que replegarse al interior del edificio, con orden y serenidad aquellos mártires de Churubusco, y tras esperar la suerte que la fortuna adversa del depare, pues los americanos al apoderarse de Churubusco trataron con dignidad y respeto a los mexicanos el Gral. Tiwggs saludó cortes y marcialmente a todos, lleno de admiración escuchó la respuesta espartana del General Anaya al preguntarle donde tenía el parque: “Si hubiera parque no estuviera usted aquí”……
Durante dicha ceremonia en la pequeña escalinata de la plataforma, se presentó un viejito de rosto simpático, pugnando por subir al lugar donde se efectuaba ésta; desde luego acudió en su ayuda el Sr. Escárcega, preguntándole que era lo que deseaba al mismo tiempo que lo hacía sentar en una de las sillas. El viejecito, irguiendo su encorvado y nervioso cuerpo, contestó:
“Yo fui cabo de la Primera Compañía del Batallón de Granaderos Independencia, y me batí aquí con los americanos; mi hermano quedó muerto aquí mismo, y vengo ahora a ver la ceremonia para acordarme de la batalla y de todos mis compañeros y jefes de ese entonces.”
Al terminar de hablar el anciano, una lagrima se escapó de sus ojos, rodando hasta el suelo, el mismo Sr. Escárcega dio á conocer a todos los presentes y el pueblo que se encontraba allí reunido, tributó una gran ovación al superviviente del glorioso hecho de armas, que conmovió más al viejo soldado, cuyo nombre era “José Reynoso”.
Posteriormente el Presidente Rojas, viendo que el anciano se encontraba en situación verdaderamente precaria, inició una recolecta a favor del anciano, colectándose la suma de veintiséis pesos sesenta y cinco centavos, que le fueron entregados por el joven Cadete Felipe Mier, y la Srita. Loreto Icaza, que le dió al mismo tiempo un ramillete de hermosas flores, mientras el Sr. Escárcega le decía al Sr. Reynoso que contaba con ochenta y ocho años.
“Reciba usted el auxilio que le entrega un futuro soldado de la patria y las flores de una mujer mexicana.”
Los concurrentes aplaudieron frenéticamente en ese momento, resultando aquel acto muy conmovedor.
Así mismo a la ceremonia asistieron dos viejitos supervivientes de la batalla, leyendo el secretario la excusa de otro de ellos, que no asistió por encontrarse enfermo, la vieja bandera que fuese testigo de la Batalla de Churubusco, toda desgarrada y descolorida, estuvo presente también en el acto, llevada por un Sargento de Caballería, que se encargó de volverla a llevar al Museo de Artillería donde se exhibía como una sagrada reliquia.
Cerca de las doce del día termino la ceremonia, pasando la comitiva a depositar sus ofrendas florales al monumento de los héroes, que fue adornado, entre estas ofrendas se contaban las del Colegio Militar, Gran Partido Popular Obrero, Gran Liga Obrera, Fabrica de Pasamanería Francesa, Sociedad “Patria y Progreso”, Sociedad Mixta de Empleados, Sociedad Infantil “Jesús Porchini” y otras más.
Y muchos veteranos de los Estados Unidos al recordar los episodios de Churubusco habían tenido calurosas alabanzas para los gigantes defensores del convento que escribieron con sus arrestos de héroes una página grande en los anales del México Contemporáneo.
Fotografía.
Cadete Felipe Mier, y la Srita. Loreto Icaza, que le dió al mismo tiempo un ramillete de hermosas flores. ca. 1913.