—Oh —alcanzó a decir, sabiendo de mas que aquel que la molestaba en un principio seguramente se había ido al oír los pasos de su hermano, los mismos que ella confundió con los del otro chico—. Sí, uhm, tienes razón. Ver tantas películas de miedo me dejan algo mal, ya sabes —esbozó una desganada sonrisa, algo cansada de mentir día y noche sobre toda la verdad, y se dedicó a servir un vaso de agua para así poder evitar la mirada del mayor.
Arqueó las cejas, observándole con cierto recelo. Conocía perfectamente a su hermana y podía presentir cuando algo no iba bien, tal como en ese momento, pero tampoco podía darlo por sentado. Por un segundo le pasó por la mente que había alguien más dentro de la casa, pero no escuchó ruido alguno para corroborarlo—. Si tú dices... —murmuró, haciendo una pequeña mueca. Acercándose hasta ella, besó su cien al mismo tiempo que le daba un corto abrazo—. No más películas para ti de terror, entonces.











