Después de todo, sé que habría sido delante de tí de quién me habría desnudado, casi sin el miedo que siempre tuve de enseñar a alguien más mi cuerpo. Porque me habrías mirado a los ojos, como solías hacer, y tus manos hubieran ido a los lugares seguros.
Sé que tú te habrías desnudado delante de mí. Porque al fin y al cabo, ya nos habíamos desnudado de mil maneras distintas antes de quitarnos la ropa. Y te habría acariciado la espalada hasta cansarme, mientras tú seguías mirándome a los ojos, haciendo que por millonésima vez perdiera la razón. Te habrías reído de mis penosos intentos de buscarla en la sonrisa que siempre tenías cuando me mirabas y quizás, en un momento de valentía, te habría besado. Y habrías sonreído en mí, para luego separarnos y dejarme que te comiera la cara con los besitos pequeños que tanto nos gustaban.
Te habría puesto las manos en la cara, intentando formar con tus cejas y tu nariz expresiones feas que nos hicieran reír. Te habrías quejado por las cosquillas que sin querer te estaba haciendo y me habrías apartado las manos con las tuyas, entrelazando todos nuestros dedos y volviéndote a reír, porque mis manos, como siempre, volvían a estar frías. Las habrías intentado calentar con las tuyas y habríamos terminado agarrándonos casi sin el miedo que siempre tuvimos a soltarnos.
Pero sé que así no habríamos dormido. Sé que habría metido mi cabeza en el hueco de tu cuello y te habría abrazado por la cintura, con la intención de que no te marcharas si por la mañana te despertabas antes que yo. Y tú habrías puesto tus brazos a mí alrededor, me habrías apretado contra tí, casi queriendo que fuéramos un solo cuerpo, casi deseando que no nos despertáramos nunca.
Sé que habría habido noches en las que hubieras sido tú quien, queriendo huir del mundo, habría escondido su cabeza en mi cuello. Y yo te habría construido el lugar seguro que siempre quise que buscaras en mí. Te habría abrazado hasta que te durmieras y rato después te habría colocado la cabeza para que te levantaras sin el dolor de cuello que tanto odiabas.
Sé que con los primeros rayos de luz que entraran por la ventana te habrías despertado antes que yo. Habrías intentado salir de la cama sin hacer mucho ruido, pero lo habrías dado por misión imposible cuando hubieras visto que, de nuevo, éramos el nudo de brazos y piernas que no podíamos separar. Me habrías acabado despertando tocándome el pelo, porque era el tipo de manía que no podías evitar. Esa mañana, tus ojos habrían sido lo primero que vieran los míos. Y me habría preguntado unas diez veces que había hecho tan bien en mis vidas pasadas para tener tanta suerte en esta. Porque tus ojos, como jamás me habría cansado de decirte, eran los ojos más bonitos que había visto nunca, pero esa mañana, con la luz del Sol entrando por la ventana mientras intentabas no sonreír demasiado, habrían sido los ojos que ni en las cien vidas siguientes habría sido capaz de olvidar.
Y aunque sé que me habría encantado que desayunáramos en la cama intentando que el café no se nos cayera, primero nos habríamos duchado. Y habríamos tardado más de 15 minutos en decidir qué música poner. Porque te habría apetecido que cantáramos a voces las canciones de tu grupo favorito, pero también, porque te conozco, te habría apetecido la intimidad que siempre acabábamos encontrando en Lewis Capaldi. Te habría convencido para que al final fuera Bruises la canción que sonara en el baño, porque siempre fue tu favorita. Pero esta vez no le íbamos a dar la razón, el agua ahora estaba ardiendo y nos abrazábamos, intentando no hundirnos.
Créeme, te habría contado los lunares. Y me habría querido perder en el cliché de las constelaciones que formaban. Pero me habrías encontrado en la peca de tu labio inferior, apenas recordando el orden de los números que nos enseñan con 5 años.
Habría querido que me enjabonaras tú a mí, habría hecho el esfuerzo de no cerrar los ojos, pero creo que no me habría dado tiempo a decidir si lo que quería era sentir tus manos en mi espalda o que tus ojos no dejaran de mirar los míos.
Después, te habría enjabonado yo a tí, me habría agachado para dejar jabón en tus piernas y te habría dado la vuelta, te habría abrazado por detrás y te habría dejado besos en la nuca, en los hombros, en el cuello, en todos lados.
Sé que debajo del agua nos habríamos dejado querer, nos habríamos curado las heridas y habríamos acariciado las cicatrices que ya apenas recordábamos. Lewis habría estado terminando de cantar uno de los últimos versos, y habríamos sonreído en "your love I'm lost in". Porque habría tenido razón.
Habríamos cerrado el grifo y nos habríamos secado a la vez. Sé que habría querido secarte las gotas de agua que bajaban por tu espalda casi con miedo a desaparecer. Pero el espejo habría estado empañado y habrías corrido hacia él, habrías querido dibujar una nube en la esquina, habrías limpiado el resto con una toalla y me habrías pedido que nos mirara, que nos viera en el reflejo del espejo. Y te habría visto a tí con tus brazos alrededor de mi cuello, sonriéndome, haciendo que tus ojos color cielo fueran cada vez más pequeños.
Nos habría visto y habría querido parar el tiempo. Porque habría sabido que contigo se me iba a acabar antes la vida que el amor.