Por primera vez no nos dividían fronteras nos unía una pandemia. Si, algo tan horroroso nos unió, nos transformó. Y volvimos a ser humanos y nos volvimos a preocupar. Un acto egoísta se convirtió en un acto de amor. El que se escondía en su hogar para no contagiarse, protegía a su comunidad. Y aquel que pensaba en salir se convertía en egoísta ya que no pensaba en que al volver a su hogar a su familia podría contagiar. De esta manera el mundo cambió. Ya los héroes no llevaban pistolas para conquistar. Ya la guerra no era los campos abiertos ni en ciudades que en las ruinas solían quedar. Ya no teníamos terroristas de diferentes nacionalidades que se dedicaran uno a los otros atacar. Teníamos un enemigo común el cual con misiles no se podía detener, no podía para. Y en ese entonces nuestros doctores, enfermeras, tecnólogos médicos, radiólogos, terapistas respiratorios, farmacéuticos y personal de salud atendió el llamado del desespero, atendió el llamado del dolor y sin importar su miedo, sin importar su bienestar al hospital asistió. Mientras el personal de salud atendía la emergencia desde los laboratorios y hospitales. Los paramédicos la atendía desde la calle. Siendo los primeros en tener contacto directo al recibir el llamado desesperado del no poder respirar. Dándole dentro de la situación un poco de luz, esperanza y seguridad de que la ayuda había llegado de que harían todo lo posible por poderlos estabilizar. Mientras los paramédicos tenían ese primer contacto. Los policías se encargaban de protegernos desde otra perspectiva. Tratando que no saliéramos de nuestro hogar, tratando de tener un control ya que la mejor medicina contra la enfermedad era el distanciamiento social. Estos se exponían sin las medidas de protección necesarias y aun sabiendo que sin esas medidas podían tener mayor exposición jamás dudaron en cumplir su labor. Prepararon a sus familiares se apartaron de sus hijos despidiéndose como el soldado que va para la guerra, pero sin arma y sin protección. Con su sonrisa en la cara, pero con un lloro e incertidumbre en el corazón. Aun con el sentimiento a flor de piel se exponían para nuestra vida salvaguardar. Mientras los policías se ocupaban de la seguridad en general. Se encontraban una población que eran soldados de la noche poco reconocidos y mencionados, muchas veces despreciados y olvidados, pero parte de importante en la salud de un pueblo maltratante y malagradecido. Los cuales nos ayudaba limpiando las calles, desinfectando todo lo que las personas fueran a tocar, recogiendo la basura ya que el problema de sanidad se podía empeorar. Mientras los de ingenie se ocupan de desinfecta y limpiar. Se encontraba otro sector rellenando góndolas, llevando mercancía en camiones, cobrando a la gente siempre con una sonrisa en la cara, pero con un corazón tembloroso de lo que pudiera pasar. Teniendo sólo en cuenta tus necesidades de poder suplir sin importar que el virus a través de sus ropas a sus casas pudiese transportar. Nos encontramos los que en las fábricas se encuentran sin descansar tratando de hacer todo lo que se necesite para poder aportar. Muchos haciendo respiradores, materiales de limpieza y medicamentos. Los agricultores estando pendiente a su siembra para estar listo para cosecha levantándose todos los días sin esconderse, sin descansar. Mientras que los ganaderos a sus animales se dedicaban a tender, la leche sacar, la carne preparar, los huevos recoger y a los pollos alimentar. Todos ponen de su parte cada uno entendió su rol y sin ser llamados cada uno se presentó a la línea de batalla como un ejército bien liderado. Cada uno aceptando su vulnerabilidad, responsabilidad y compromiso se puso a trabajar se unieron en un mismo sentir y se trazaron una meta la cual deberían alcanzar la cual era el virus acabar. El gobierno y las personas de poder se vieron vulnerables. La codicia y los bienes materiales no le podrían salvar. Solo les quedó arrodillarse a orar. Los pastores y llamados a predicar se convirtieron en personas claves para llevar palabras de paz. En ese momento el poderoso se dio cuenta de su fragilidad y no le quedó nada más que humillarse recuperar fuerzas y comenzar a liderar de otra manera más sutil, más humanizada, más sensible a la necesidad y comenzaron a entender lo que es el valor de enfrentar y como en la unión; dejando a un lado las diferencias se puede llegar a más. Las personas entendieron que viven en el mismo mundo, que lo que nos divide no son los continentes ni el mar. Lo que nos dividía era la sed de codicia y la maldad. Comenzamos a unirnos y al virus derrotar. Luego desperté y choqué con la realidad el mundo no se unió. Los políticos no dejaron sus diferencias. Los avariciosos no quisieron darse cuenta de su vulnerabilidad y todos pagaron con dolor y sufrimiento. Estamos a tiempo de cambiar esta realidad. Solo tienes que comenzar pensando en los demás. Si nos quedamos en nuestra casa contribuiríamos a todos los que están en el frente de batalla que no se pueden quedar, que se están arriesgando por ti y por mí. Que sacrifican por voluntad propia por su bienestar, por respeto a ellos quédate en tu casa y no salgas más.