Un año y un mes tarde.
Tal vez debí escribir esto el día que me enteré que ya no estabas. No tenía sentido sentirme así de mal, así de triste por lo que te pasó. No éramos las personas mas cercanas, ni mucho menos hablamos mas de una vez en persona. Pero enserio dolió. De verdad.
Fuiste tan inesperado, tan poco probable. De la forma más estúpida y corriente te fuiste. ¿No pudiste evitarlo? ¿No pudiste evitar una sola noche esa impulsividad de salir de tu casa?
Ni siquiera sé muy bien como pasó. Pero si recuerdo haberte llorado, por horas, por noches, pensando que si yo hubiera hecho algo, tan mínimo como lo es mandarte un mensaje, lo hubiera cambiado todo. Claro que no fui la única que tenía ese poder en tus manos, y obviamente ninguno se esperaba que esa madrugada, saliendo de tu casa, sería la última vez que te verían. Por eso nadie sintió esa necesidad de intervenir con el destino.
Un año y un mes tarde. Y aún te recuerdo como si hubiéramos sido amigos de toda la vida, como si esas dos palabras que cruzamos hubieran sido suficiente para guardarte un lugar en mis pensamientos. Pero de hecho, esas dos palabras, y aquella mirada junto con tu sonrisa, son lo que en algún momento sostuvieron mi autoestima cuando no sabía que se estaba viniendo abajo. Y creo que siempre te estaré agradecida por eso.
La ciudad es pequeña y todos los rostros son conocidos. Siempre le toca a alguien, siempre a un chico joven. Te tocó a ti. Ojalá alguien lo hubiera podido prevenir. Todos te lloran aún, algunas personas en especial. Marcaste a muchas y esa es su forma de demostrártelo.
Fantaseé con poder salvarte ¿sabes? Lo que terminó por matarme un poco, porque jamás tendré el poder que se necesita para haber podido evitar aquello.
No serás olvidado. No creo que sea posible. Gracias por una pequeña ayuda que ni siquiera te diste cuenta que me diste ni yo tampoco me di cuenta que la necesitaba. Adiós.

















