Aquí
Estoy aquí, al borde del espacio, de la incumbencia del desamor, frágil y sin sensatez. He derramado mis esperanzas, creyendo que la desdicha es un pequeño karma.
Ni la santa muerte aceptaría mi letargo. Es tal la decadencia que me encuentro en este sitio, a las siete con trece minutos definiendo qué quiero “renovar” de mi vida. El ascetismo me toma de sorpresa, la doctrina del sin sabor puede parecer humillante.
Soy yo y un disco de Pink Floyd. Soy yo y una mirada perdida hacia el vacío de la pared. Todo me parece entero, completo y sin ninguna cualidad para rescatar.
Este guerrero que al anochecer lanza una plegaría al aire, que recoge la ropa sucia con tal facilidad que encuentra divertido pasar una noche con cualquier amante que disfrute el deseo y la carnalidad.
¿Qué espero de mí? Yo espero todo y nada.
Al menos sé que salvé mi alma de aquella enfermiza situación, mi cerebro pide a gritos escapar de esta situación incierta y escabrosa.














