Ese día había tenido cantidad de reuniones que habían interferido con sus deseos de escribir, por lo que, al terminar el día y encontrarse con que llevaba poco y nada terminado, decidió quedarse varias horas más en la disquera para avanzar con su trabajo – tenía todo lo que necesitaba y no podría distraerse ni con el murmullo de la gente que habría estado presente durante el día ni con el casi incontrolable deseo de irse a dormir que tenía. Pero cuando iba terminando la primer canción del día, el sonido distante de un piano y una voz conocida le quitaron la concentración de encima, y había ido a la sala en la que Kat se encontraba, para, al menos, entretenerse con lo que la pelirroja tocaba. Le tomó casi una hora a la escocesa notar la presencia del rubio, y cuando lo hizo, él sólo sonrió y se dirigió hacia ella, sentándose a su lado y mirándola de reojo, mientras jugueteaba con el piano, tocando teclas al azar con suavidad. “–¿Día complicado, Moore?”
Se pasó una mano por el cabello y luego el rostro, sintiéndose cansada, pero sobretodo sintiéndose frustrada; necesitaba terminar con aquello antes de la tocada que daría en menos de una semana--. Podría decirse --respondió, aún tapándose el rostro con las manos. Bajó la vista a las teclas y suspiró; intentó tocar un par de notas nuevamente, sin mucho éxito--. Voy a enloquecer --soltó una carcajada desganada, aunque por dentro sabía que era verdad y eso le causaba una tristeza más que su corazón no podría soportar.









