Se refregó los ojos, limpiándolos, al mismo tiempo que dejaba salir un falso bostezo de sus labios–. Nada importante –carraspeó, aclarando su garganta mientras seguía tecleando en su laptop. Sintió un momento de deja vú para luego recordar cuando había sido técnico de video en el tour. Dejó la computadora a un lado y miró al castaño–. ¿Qué se te ocurrió?
Claro que después de conocerla por tanto tiempo sabía aquellas manías y acertijos escondidos en sus palabras, por muy sublimes que fueren; por lo que sí, sabía capturar el brillo de sus ojos y la ausencia del mismo—. Nada importante —le imitó—. ¿Estás bien?















