“Maybe, it’s not for me. I’m done with societies. I’ll be fine on my own.”
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“Maybe, it’s not for me. I’m done with societies. I’ll be fine on my own.”
nicsergeant:
Su cuello volvía a estar cubierto por la gruesa lana perdida el primer día, mientras tanto, sus dígitos se dejaban ver bajo el material tejido; un abrigo parcial que le ayudaba a perderse entre redes sociales y sentir el calor del vaso con cafeína que mantenía cerca de su pecho. Relajado podía sentir el frío chocando contra sus mejillas y luchando por filtrarse entre los posibles agujeros que lo mantenían consciente de la temperatura exterior; sin embargo, no le desagradaba. Su mirada descendió hasta el balón que chocaba contra la punta de su zapato, tomándolo con el empeine como solía hacerlo entre prácticas universitarias, un deporte adoptado desde la infancia y que con el tiempo se encargó de cultivar. Una distracción más entre el mar de posibilidades existentes. “Claro.” pronunció, golpeando suavemente la circunferencia hasta agarrarla con su extremidad libre, enterrando sus dígitos en la parte baja del artículo deportivo. “¿Jugando fútbol con este frío? ¿Fanatismo o aburrimiento?” cuestionó deteniéndose frente al docente, estirando su brazo para entregar el objeto perdido.
Los movimientos que realizó el morocho llamaron especialmente la atención de Irvine. Nadie que no tuviera suficiente práctica en el deporte, podía manejar una pelota así. La sola idea hizo que una sonrisa se cruce a lo largo de su rostro, le gustaba compartir su gusto con otras personas que lo sintieran igual que él. Tomó la pelota que le era extendida, sin borrar la expresión de su rostro “Ambas.” respondió rápidamente y sin dudarlo un segundo. “Juegas, ¿verdad?” la curiosidad no abandonaba su cabeza, aunque, por lo que había visto, era más seguridad que otra cosa. Fue esa seguridad la que hizo que el escocés se apresurara a preguntar sin esperar antes una respuesta, “¿Quieres jugar un rato?”
norvinds:
Asiente con un movimiento de cabeza ante la corrección. —Sí. La verdad es que sí —contesta a su interrogativa, asiendo sus cabellos en un intento de peinarlos y girando un poco su cuerpo para ver el lugar que dejó. —Me distrajo el ruido y lo hice casi sin darme cuenta —explica luego, encogiéndose de hombros y sonriendo apenas. —Oh, ya entiendo—responde, suponiendo que aquello se puede aplicar también a él mismo y a sus ganas constantes de tocar, si acaso no es la guitarra, el bajo. —Supongo que a mi también me ocurre aquello. Pero, quiero saber, ¿juegas de manera profesional o algo así? —. Y fija entonces en él sus cristalinos orbes, demostrándole que aunque calle, le está prestando atención a cada palabra que tenga que decir. Cuando es su turno de abrir la boca y decir algo, sin embargo, una risotada algo extensa y animada es todo lo que se oye. —Soy terriblemente malo para eso —confiesa luego de un tiempo, con el amago de una sonrisa chueca. Pero, pese a toda expectativa, se hace del balón y lo lanza en el aire, haciéndolo rebotar primero contra su muslo, luego contra su pecho, un pie y después el otro, casi yéndolo a buscar, antes de caer a la nieve e incrustarse allí. Andreas mira a su compañía con decepción en el brillo de sus ojos y la sonrisa perdedora sobre sus labios, su pecho subiendo y bajando. —Te lo advertí. Soy un desastre rotundo cuando se trata de deportes. Y el fútbol sólo por la televisión.
Su cabeza se movió de un lado al otro, pensando un poco la respuesta que le daría al contrario “Ahora juego sólo por hobbie. Cuando era más chico jugué en las ligas menores del Celtic, pero tuve que dejar por cuestiones personales.” la tristeza que eso le causaba, aún unos seis años después, se podía ver en sus ojos. Se encogió de hombros, intentando sacarle importancia al asunto y olvidar ese sentimiento “Así que desde entonces sólo me dedico a jugar por pasión y entretenimiento.” El arrebatamiento de la pelota lo tomó por sorpresa, pero le robó una sonrisa. Se limitó a observar la demostración que le hacían, siguiendo la pelota con los ojos, y a veces desviando la mirada al rostro que la hacía rebotar. Cuando la pelota cayó al piso, unos pocos segundos después., una risotada salió de sus labios “Vamos, no eres tan malo. Lo haz hecho bien” soltó a la vez que caminaba hacia el balón para volver a tomarlo entre sus brazos “Sólo te hace falta un poco de práctica, quizás” aún le causaba gracia el hecho de que se hubiera agitado con tan poco “Por televisión, eh ...” el interés se vio completamente plasmado en su rostro y en su voz “¿Qué equipo?” oh, si. Ahí era dónde las cosas se ponían intensas con el escocés.
bluhlihser:
El cansancio de espíritu no puede despojarse de ella, la mantiene acorralada el aburrimiento y la sensación de ausencia, todavía no lograba conciliar con Morfeo en aquella habitación, rodeada de desconocidos, una cama que todavía no tenía sus aromas, una almohada que no era su almohada, bah, argumentos algo vacíos para darle sentido a las dos ojeras que enmarcan sus ojos claros. Al escuchar la petición, se giró con suavidad, abandonando la introspección de mirar hacia nada. Respuesta silenciosa, un simple asentimiento como sí, recordaba las horas jugando en el gran patio de la casa familiar, sus hermanos mayores emocionados y papá siendo arquero, una postal falsa. Pateó, y no midió la energía en el movimiento, tan así que observó cómo la pelota elevaba los copos de nieve y se levantaba del suelo casi violentamente, tomando altura y dirección que esperaba obtener reflejos por parte del contrario— Mierda.
Si le preguntabas, el escocés consideraba que sus habilidades, en general, dentro del fútbol, estaban algo oxidadas. Pero claro que no lo estaban. Había jugado durante años, y los reflejos son algo importante en cada momento del partido. Fue por eso que sus manos se posicionaron justo cerca de su estómago, a donde la pelota se dirigía. Sus palmas se encontraron con la pelota y, recién ahí, su mirada subió hacia la muchacha que la había pateado “Si intentabas matarme deberías haber intentado otra cosa.” le dijo, con algo de humor. No había sido para tanto y él había logrado salvarse a si mismo de lo que podría haber sido una divertida escena de un pelotazo.
irvine
“Muchas gracias.” una formalidad claramente exagerada acompañaron sus palabras. La sonrisa ajena, salida de la nada, extrañó un poco al escocés, pero también se la contagió. Su cabeza, se movió levemente, expresando esta confusión, pero decidió no materializarla en palabras. Había sido una situación divertida. Tomó la pelota con sus manos, pensó que gracias al cielo previno ponerse un par de guantes. “Oh, sí. Está helado.” el vaho que proseguía de una carcajada inundó el espacio entre los dos “Pero estoy acostumbrado a jugar en el frío, además de que necesitaba salir un rato del encierro y mover un poco las patas” Irvine sabía que, si no se entretenía, la energía que acumulaba en su cuerpo se iba a terminar manifestando de alguna otra manera probablemente molesta para terceros. “¿Y tú? ¿Qué hacías aquí en el medio del frío?.”
Todo estaba congelado a su alrededor, pareciendo que allí no pudiera existir ninguna forma de vida. Si ella ya estaba congelada estando de pie en el sitio no podía imaginarse cómo tendría que ser vivir allí cada día, rodeada de paisajes nevados y pinos extremadamente altos que conformaban los grandes bosques de los alrededores. No se había aventurado a entrar allí, y es que le parecía una locura. En la inmensidad de aquellos paisajes repletos de ramas podías perderte con la rapidez en que desaparece la nieve en verano. “Yo no podría acostumbrarme a este frío del demonio. Y pensaba que nadie podría hacerlo.” confesó. Maldijo por lo bajo notando como sus mejillas y nariz se enfriaban cada vez más por la temperatura. Una estufa no le habría ido nada mal. “He salido a dar un paseo. Para despejarme un poco y eso. Aunque empeizo a pensar que no ha sido muy buena idea.” sus dientes casi rechinaban por el frío que la invadía.
rwnizumi:
¿Quizás ella era la errónea al querer un poco de paz y privacidad en el hotel? Después del fiasco de la noche anterior donde su abrigo salió como victima, todo lo que quería era un poco de tranquilidad, recuperar la soledad que le cobijaba dentro de las paredes de la universidad. Era probable que aquello no fuese posible hasta que no estuvieran fuera de Ulrikken. Aun enviándole una mirada mordaz al contrario, avanzó dentro del sauna y se instaló en uno de los asientos, ni cerca pero tampoco lejos del castaño—. Lástima. Beber parece ser la mayor entretención de muchos aquí —su tono derramaba sacarmo, pero al ser interpelada de igual manera solo sacudió la cabeza en negación—. Beber hasta golpear el piso no es mi estilo. Prefiero mantener el buen juicio siempre —el aire caliente ya comenzaba a provocar la producción de pequeñas perlas de sudor alrededor de su cuerpo, por lo que decidió cerrar los ojos e ignorar la presencia ajena por el momento.
La muchacha dejó bien claro que no lo quería ahí, o al menos eso fue lo que sintió y al darse cuenta soltó un suspiro. No quería quedarse si no lo querían ahí, pero a la vez le daba pereza irse “Ey, tranquila, tampoco es para tanto” se atajó, puesto a que se sintió levemente atacado por el comentario, aunque no haya ido directamente hacia él “Además, que lo sea tampoco es tan malo, cada uno hace con su juicio lo que quiere, ¿no?” preguntó, quizás al aire, sin esperar mucha respuesta. Se quedó unos segundos en silencio, mirando a su alrdedor, a la muchacha que acababa de cerrar los ojos, ignorando su presencia “¿Quieres que me vaya?” se atrevió a preguntar. Él no quería irse, pero tampoco le apetecía comenzar un debate sobre la ingesta de alcohol o comenzar a sentirse incómodo en un lugar donde no lo querían y podía, quizás, volver más tarde.
kingsleyrayne:
El tono detrás de la línea era el único que había estado ansiando oír. Desde que emigró de las tierras inglesas para residir en el centro educativo se había prometido a sí mantenerse en contacto con las únicas dos personas que amaba fervientemente, y a pesar de encontrarse en un lapso libre de obligaciones académicas y todo tipo de molestias similares, no podía dejar de comunicarse con sus padres. Era la tercera vez en la semana que abandonaba los pasillos colmados para mantener una conversación en quietud plena, lejana a los oídos curiosos y miradas innecesarias. Así lo creía hasta que una voz a varios metros de distancia interrumpió el diálogo, arrancándole casi por instinto una observación breve. “Te llamo después.” Como si nada, la voz parental pareció desaparecer en cuestión de segundos, devolviendo a la castaña a un plano realista, más que nada inoportuno. En un instante pateó el balón, lineal movimiento en dirección a su dueño antes de guardar el teléfono en su bolsillo. “¿Lo has traído tú?” Era extrañeza, por supuesto.
La pelota rodó directo hacia su pie, que la esperaba con el talón apoyado sobre la nieve y toda la planta dispuesta a detenerla. Así, paró la pelota y la dejó asentada frente a él. “Sí, es mío” afirmó “Lo sé, es un poco raro” Sus amigos en la universidad se lo habían hecho notar, repetidas veces “Pero, ¿cuánto tiempo estaremos aquí?” la pregunta era algo retórica, así como la que perseguía “¿un mes?” y siguiendo a eso, su boca escupió los mismos argumentos que le había dicho a sus amigos en su momento “No podía arriesgarme a que no hubiera una aquí. Hubiera tenido que armarme una con alguna almohada rota y gomas elásticas de la cocina” al muchacho realmente le parecía impensable el día a día sin una pelota de fútbol encima, aunque sea durante algunos minutos.
magskman:
La pelota rodó hasta acabar delante de sus pies, como si aquel objeto le perteneciera o algo por el estilo. Desconcertada, miró a su alrededor, tratando de deducir de quién era. No le costó mucho trabajo, ya que la pregunta del moreno se hizo audible para la inglesa en cuanto sus orbes lo localizaron. Se le hizo raro que alguien tuviera la valentía de jugar con aquel frío invernal. Todo estaba cubierto por un manto blanco y eso era lo único que se podía apreciar con claridad. Cogió la pelota y, en vez de lanzársela cómo habría hecho en cualquier ocasión, sus pies la llevaron hasta donde él se encontraba, guiada por la curiosa situación. “Toma.” le tendió la pelota. Una pequeña sonrisa curvó sus comisuras, una divertida la cual fue provocada por imaginarse al masculino jugando con la pelota. “¿No tienes frío aquí fuera?” una forma de romper el hielo y poner en marcha los músculos de su boca antes de que estos fueran incapaces de moverse por el frío.
“Muchas gracias.” una formalidad claramente exagerada acompañaron sus palabras. La sonrisa ajena, salida de la nada, extrañó un poco al escocés, pero también se la contagió. Su cabeza, se movió levemente, expresando esta confusión, pero decidió no materializarla en palabras. Había sido una situación divertida. Tomó la pelota con sus manos, pensó que gracias al cielo previno ponerse un par de guantes. “Oh, sí. Está helado.” el vaho que proseguía de una carcajada inundó el espacio entre los dos “Pero estoy acostumbrado a jugar en el frío, además de que necesitaba salir un rato del encierro y mover un poco las patas” Irvine sabía que, si no se entretenía, la energía que acumulaba en su cuerpo se iba a terminar manifestando de alguna otra manera probablemente molesta para terceros. “¿Y tú? ¿Qué hacías aquí en el medio del frío?.”
maeliab:
“De nada.” Soltó mientras encogía sus hombros, no había sido un gran esfuerzo a fin de cuentas. Era una persona sociable de vez en cuando, aunque los últimos días se había sentido bastante invadida y suponía que con el pasar del tiempo se acostumbraría pero no fue así, estar rodeada de muchas personas la tenía bastante arisca y quisquillosa pero socializar sólo con alguien no era algo que la ponía de malas. Hizo caso a las palabras del joven, levantándose de aquél cómodo banco para despedirse del calor que proporcionaba el sol en aquella dirección. “Uhm, por el piso esta bien.”Dijo para luego echar un suspiro, los rastros de vaho sólo mostraban la baja temperatura en la que estaban expuestos. “¿Deberíamos apostar por algo o será por diversión?” Interpeló con su nariz levemente arrugada, no le molestaba para nada ya que era una persona competitiva y orgullosa.
Una sonrisa se extendió por el rostro del escocés. Le gustaba la actitud de la chica “Bueno, supongo que si propones la opción de apostar es porque te interesa hacerlo, así que vamos por la apuesta.” su pie se seguía moviendo de un lado al otro con la pelota, temiendo que si se quedaba quieto, el frío le ganaría “¿Qué quieres apostar?” no se le ocurría qué podría ser. La primera idea que tuvo era que, quien ganaba la apuesta, pagaba el cafe del after juego, sin embargo en el hotel te ofrecían todo. Ahí la mente del castaño se quedó blanca de ideas. “Como sea, no puedes deberme nada, y yo no puedo deberte nada, si no sabemos nuestros nombres” extendió su mano hacia la muchacha, esperando extenderla “Irvine Murray, Haugen” esperaba que la última palabra utilizada no fuera causante de caos o acabara con el pasatiempo que acababa de encontrar.
norvinds:
Decide, sin saber muy bien el porqué ( pues es consciente de todas las comodidades que se ofrecen en el interior ), pasar la tarde a las afueras del hotel, donde confortables sillones le esperan listos para recibirle sobre ellos y hacerle contemplar frente a sus ojos la caída lenta del sol dentro el horizonte y la paulatina llegada del otoño hacia la montaña. Envuelto en su mejor abrigo de lana negra opta por leer, sin embargo, a Agatha Christie. No dura mucho en ello, de todos modos, pues se ve distraído por el peculiar sonido que produce el rebote de una pelota. Cierra entonces el libro y lo deja descansar sobre su vientre, concentrando su atención en la silueta que domina el balón, contando internamente cuantas veces sube en el aire hasta que sale disparado en su dirección. — ¡De acuerdo! —le grita de vuelta. Entonces se pone en pies, deja el libro en su lugar, recorre el camino hacia la pelota, recoge la misma y hace el trayecto hasta llegar al sujeto en cuestión, sin mucha aprisa en sus pasos. — ¿Fueron treinta y uno? —inquiere, exteriorizando su propio conteo. —Eso estuvo bien. Sin embargo, no creo que la nieve sea el lugar más adecuado para demostrar tus aptitudes —y le hace entrega del balón, con una pequeña sonrisa amigable.
“Treinta” corrigió al mismo tiempo que el morocho se acercó y le recibe la pelota “¿Estabas contando?” preguntó, algo extrañado, porque no se imaginó la posibilidad de que esa escena pudiera llamar la atención de alguien. Para él era demasiado natural. “Oh, no estaba demostrando nada ...” respondió, soltado una risa y llevando la pelota por debajo de su brazo derecho “Era para matar el tiempo. Suelo tener demasiada energía adentro y necesitaba sacarla de alguna forma” sus hombros subieron y bajaron en un movimiento sin mucha razón de ser “De cualquier forma, tienes razón, la nieve no es el mejor terreno. He jugado alguna vez con temperaturas bajas, pero no recuerdo haberlo hecho en la nieve” miró el terreno con varios centímetros de ésta sobre el suelo, y una idea iluminó sus ojos, volteando con rapidez la vista hacia su acompañante “¿Quieres intentarlo?” el brillo que había en sus ojos dejaban ver que la idea lo había entusiasmado, buscando provocar lo mismo en el chico.
electra-dahl:
Se encontraba dibujando en su pequeño cuaderno, el cual no había sido utilizado desde su llegada al hotel. Por algún motivo, aquel día había observado las páginas en blanco y simplemente había sentido la necesidad de crear algo. Ahora, sentada en el césped del jardín, intentaba recrear uno de los árboles que tenía en frente, queriendo captar cada detalle, como también la esencia del mismo. Antes de poder continuar, sintió un suave golpe en su muslo, el cual le obligó a desviar la mirada. Una pelota. Vaya, podría decirse hacía años que no veía una así, nadie en su círculo era deportista. “Claro, ¿es tuya?” Preguntó por inercia puesto que la respuesta era bastante obvia. “Es bonita, me gusta, aunque para ser sincera no sabría cómo utilizarla propiamente.” Información que probablemente al chico no le importaba, pero que su cerebro tenía la necesidad de exteriorizar. Acto seguido, deslizó la pelota para que rodara hasta los pies de su dueño.
Con la cabeza indicó la respuesta afirmativa a la pregunta de la chica que se encontraba a algunos pasos de él. Sus palabras le causaron gracia, robandole un par de carcajadas suaves. Jamás había escuchado una definición así de una pelota viniendo de alguien que no sabía jugar al fútbol, cosa que él supo por la información que ella le dio. De hecho, si él no fuera tan fanático del fútbol, las pelotas probablemente no serían nada llamativo para él. Siguió la pelota con la mirada hasta que llegó a sus pies, donde la detuvo con un pequeño movimiento. “¿Quieres aprender? No es tan difícil, y estoy estudiando para ser profesor, así que supongo debería ser bueno con eso” esbozó una sonrisa grande y, que esperaba, trasmita la confianza suficiente para que ella acceda, pues, si bien no le molestaba pelotear solo un rato, hacerlo con alguien lo entretenía más.
maeliab:
El exterior no era el mejor lugar para encontrar calor, sin embargo estar rodeada de tantos alumnos y ser inmune a la privacidad aquél banco era la solución a sus problemas. El sol apuntaba sobre su complexión, haciendo que las gélidas brisas pasen desapercibidas gracias al gran sacon que llevaba encima. La música la acompañaba, distrayendo sus pensamientos para sumergirse en una paz que ya le parecía desconocida y de alguna forma se volvió efímera al sentir que algo chocaba contra sus zapatos. Sus orbes se abrieron, divisando torpemente la silueta ajena para luego asentir, pese a que no lo había escuchado era fácil saber a lo que se refería; “Claro.” Asintió, guardando sus auriculares y móvil en el bolsillo. Rápidamente le dio una leve empujón a la pelota con su pie, llegando a la dirección contraria; “¿Te apetece seguir jugando sólo o algo de compañía esta bien?” No era experta sin embargo siempre hacía ejercicio y algo de movimiento no venía mal, después de todo los últimos días se la había pasado quieta y no quería que la flojera se apoderase de ella.
Recibió la pelota con una sonrisa y la detuvo con su pie derecho, para así jugar con esta moviendola de un lado a otro mientras charlaba con la castaña. “Gracias.” acompañó su agradecimiento sonriente con uno real, en palabras, sino no estaba del todo seguro si contaba. La pregunta de la muchacha le iluminó el rostro, además de que le pareció demasiado simpática. “Algo de compañía nunca viene mal.” admitió, pues era verdad. En general no le gustaba estar solo. Si fuera por él, armaría un equipo para jugar todas las tardes, pero como a penas conocía algunas caras, se había conformado con darle algunas patadas en solitario. “Ven, acercate un poco. Pero no tanto” le hizo un gesto con la cabeza para que se acercara. “¿Prefieres que la pateemos por el piso o levantándola?”
¡vamos a jugar!
el juego consiste en un clásico de fiestas que hoy lo llevaremos a cabo sólo para cortar un poco con el frío de la montaña, ¿a que somos geniales? durante el día encontraran en sus habitaciones unos pequeños papelitos que tendrán escrito “FMK” seguido por tres nombres, pueden ser de sus servidores o incluso de estudiantes y/o profesores, ¿qué deberán hacer con los papeles? responder nada más que con la honestidad. si no conocen quién es una de la opciones que se ha escrito en los papelitos, descuida, siempre habrá una fotografía de cada uno con nombre y todo, así ya tienes una idea de a quién te tirarías, con quién te casarías y quién besarías.
— 【 igor ❖ kirby ❖ drew】
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Realmente no sabía si podía pedir una pelota de fútbol en algún lugar del hotel. Quizás sí, ese lugar tenía de todo. Sin embargo, era algo que el escocés no podía arriesgarse a no tener, por lo cuál había cargado la suya propia. Decidió que aquél frío día de marzo era un buen momento para sacarla. La cargó bajo su brazo, y casi parecía que se escondía entre su enorme abrigo. No se adentró demasiado en el patio. Cuando se encontraba lo suficiente lejos como para no romper inesperadamente una ventana, lanzó la pelota sobre su pie y comenzó a hacerla rebotar sobre este,o sobre su rodilla, a veces también sobre su pecho, todo sin quitar las manos de sus bolsillos, las cuales había guardado ni bien dejó caer la bola. “veintisiete, veintiocho, venitinueve …” contaba dentro de su cabeza, hasta que los números se vieron interrumpidos por una mala posición de su pie, produciendo que la pelota rodara lejos de él. “Hey, ¿puedes alcanzarme eso?” le preguntó a la primer persona que divisó cerca de la pelota, señalándole esta con un leve movimiento de cabeza.
olgahagebak:
Sus dedos, más inquietos que nunca, se aferraron con firmeza a los ganchos azul metálico que había empacado especialmente para situaciones de aquel tipo. Los orbes claros, buscando enfocarse en algo estable y relajante, siguieron los movimientos expertos que crearon los primeros nudos de lo que sería una próxima bufanda. Ridículo y patético, mas era un pasatiempo, un placer culpable del cual no podía deshacerse. Aspiró, concentrada e hipnotizada por el sonido, por la danza silenciosa en la que se envolvió hasta que un sonido lejano rompió el encanto. ¿Risas, llantos, música o algo similar rozando los extremos opuestos del recinto? Resultó desconocido para la noruega. Finalmente pestañeó y observó en ambas direcciones, reparando en que el lugar ya había sido invadido por varias figuras en las que no había caído en cuenta hasta ese instante. “¿Te interesa aprender?” esa actividad era capaz de ponerla de un excelente humor; bien pudo notarse cuando habló en dirección a la figura más cercana, la sonrisa fugaz apoderándose de las dos líneas acostumbradas a una postura más bien recta. No pensó en que era posible recibir una respuesta negativa que tal vez robaría aquel gesto suave.
Aquél día se había propuesto pasarlo buscando qué cosas había en ese hotel para entretenerse. Sí, tenía una lista de cosas que había y podía hacer, sin embargo le emocionaba más la idea de salir, caminar y ver con qué se topaba. De repente, sentado en uno de los sillones de la sala de estar que daban hacia el ventanal, notó una presencia al lado de él, que se encontraba ¿tejiendo? Creía que sí, no estaba seguro. Le ofreció aprender y él se quedó mirándola unos segundos, pensando una respuesta “Mmmm ... bueno, sí” ¿por qué no? Tanto que al él le gustaban las bufandas, quizás podía hacerse una él mismo “¿Tienes, ehhh ... ¿materiales?” preguntó dudoso, sin saber cómo se le decían a las cosas que se utilizaban para realizar tal actividad “para enseñarme?
bryhclt:
finalmente lo había encontrado. en el momento en que escuchó la suave voz de marissa indicándole dónde se encontraba el piano, no tardó en dirigirse al ático. cuaderno de partituras en mano y una taza de té. se sentó frente al instrumento. jugueteaba con su lápiz, su mente divagando entre corcheas y blancas. creyó escuchar pasos de un tercero, por lo cual se volteó en su búsqueda y llamó su atención. “¡hey! ¿puedes hacerme un favor? necesito que escuches esta melodía y me digas que está fallando…” pidió, no necesitaba una opinión profesional, una simple corazonada era suficiente.
Una voz copó totalmente su atención, y la idea de que se tratara de algo musical pintó un leve brillo en los ojos del escocés “Pues claro, sin problema” se acercó al piano y a la muchacha, ubicandose al lado del enorme instrumento “¿Quieres tocarla de nuevo a ver si descubrimos tu falla?” sugirió con una sonrisa y preparó sus manos para seguir el piano con los típicos golpecitos con los que Irvine simulaba tocar una batería.
rwnizumi:
Las primeras horas del nuevo día la encontraron despierta y caminando suavemente por los pasillos del hotel. No había incurrido en ningún tipo de ingesta exagerada de alcohol, y estaba acostumbrada a despertar temprano, por lo que el lugar parecía ser un palacio exclusivamente de su propiedad. Decidió que, antes de que los demás despertaran e irrumpieran la armoniosa serenidad del lugar, disfrutaría un poco de las ventajas a ofrecer. Sus pasos la encaminaron con agilidad hacia el sauna, desértico, callado, y bendecidamente caliente. La noche anterior había sido victima consciente de la escasez de su ropa de abrigo, pero por hoy se negaba a pisar de nuevo la condenada nieve. Pretendía buscar asilo en los lugares más cálidos del hotel, y su proyecto comenzaba allí mismo. Se despojó de su ropa, y estaba en pleno acto de envolverse en una de las níveas toallas, cuando escuchó pasos acercarse. Cerró los ojos por un segundo y solo se molestó en girar la cabeza hacia la entrada, gesto fruncido—. ¿No deberían estar todos ustedes incapacitados por la resaca?
Si bien el escocés era de aquellos que bebían hasta el cansancio y luego no podían salir de la cama por un día entero, la noche anterior no había sucedido eso. Quizás porque aún no había entrado en confianza o no se sentía cómodo como para embriagarse sólo. No aún. Y aquella mañana fría, libre de estudios, y sin una pizca de resaca, parecía vacía. Había sopesado la idea de quedarse en la cama unos minutos, pero su sobredosis permanente de energía no lo dejó. Se detuvo a pensar en qué podría ser interesante de hacer ese día. Repasó en su cabeza las cosas que había para hacer en el hotel. Cuando recordó el sauna, su cabeza se iluminó. No recordaba haber entrado a uno desde que estaba en el equipo de fútbol.
Con la toalla ya envolviendo lo que seguía de su cintura, hasta mas o menos sus rodillas, entró al sauna. El calor lo golpeó y lo relajó en un instante. Pero así de rápido fue como se encontró con una pequeña muchacha que le hacía un reclamo. Levantó las manos en gesto de inocencia “No llegué a beber lo suficiente” se excusó, y como si esas palabras fueran todo lo que ella se abrió paso para poder tomar asiento en el sauna. Se recostó levemente en el respaldo del asiento “¿No deberías tú estar incapacitada por la resaca?” preguntó de vuelta. La chica se veía demasiado pequeña cómo para poder procesar demasiado la ingesta de alcohol.