Guiones desconocidos
Me trae la rueda del ratón, en sumatoria de ideas asimilo un ratón en su jaula de experimentos, -estoy asimilando términos tecnológicos en este viejo nuevo tiempo-, sube-baja este escrito por Word, a la izquierda y a la derecha para subir el volumen del reproductor, otra vez, volviendo a ser desconocido, pero aceptando la amabilidad de desconocerse, a través de guiones usted podrá resolver la ecuación de las temáticas que busqué en aquella sala de tiempo experimental, a su vez percibieron mis tantos e inequívocos… ¡peros!
Signos de admiración, entre la palabra y el arte de admirar. Volviendo a re-buscar; sí, alto rebuscado para escribir, para dejar por fuera ese objeto que vuelve al inicio (incorporo tecnicismos tecnológicos), muy bien, te «cancelé».
Esas ideas que voy recopilando de los textos con los que bailé estando quieto, desafíos que están en el oficio del lector. Creo que es necesario tomarlo como un trabajo para poner en marcha el engranaje de la mente, comentarle a las hormigas que están detrás de las apariencias de la conciencia para poner en marcha todo su ejército, aunque las mismas, -según algunos- no posean este universo de la regla con la que trabaja la percepción, a usted, o… a la entidad omnipresente que le enseño a ser invisible para poder identificarse detrás de la pauta de la comunicación, por eso soy un des (guión) conocido. Esa posibilidad que limita a la representación creo que queda exhausta para escribir lo que no sentimos y la necesidad de nombrar la máxima del concepto, esto es, abrirlo…
Personalmente creo que Nietzsche le dio martillazos a un sistema de pensamiento al mejor estilo The Wall en Pink Floyd, obras que quiero poder pensar e involucrar-(te). Esas experiencias que llevan al autor a auto-superarse; el guion está en el medio para que haga una relación entre la autonomía de la meditación.
Para mí, él tenía una inclinación espiritual, por fuera del logoi de la religión y la época, en suma de ideas metafísicas; más tarde comencé a preguntar-(me) por mi malestar en esta causalidad epocal que me atraviesa como “ser” humano.
Hablé con mi maestro sobre la posible vuelta hacia el retorno más primitivo del ser humano, devorando imágenes que se aproximan y trastornan la comunicación en este plano temporal; ¿Cómo puede excitarse esa luz a través de un mensaje que no comunica? lo que más me enferma es esa experiencia que quiere tocar la puerta de lo real para nombrar aquello que vuelve a una representación, quizás al seno, pero no, aquí percibo más resistencias.
Hace unos días charlé con mis predecesores, creo ver la mesa como un símbolo, no sé dónde leí que forman una especie de sistema astrológico, figúrese que usted está almorzando o cenando y ve desde arriba la mesa, con primeras personas sin saludarse o, a través de pantallas… simulando un sistema de funcionamiento, aunque rebusqué demasiado la idea.
Extraño esa experiencia táctil de rozar a las emociones y leer lo que me dice a través del velo, la voz de la mujer del más allá, la voz que se esconde detrás de una experiencia particular de poder conocerse.
Por eso veo al amor como una idea magna que no puedo capturar en su mínima, -esta sería estar con vos-, con términos…
Quiero pensarme con términos de libertad y dejen de esclavizar a las personas con sus proyecciones. Si pudiéramos ver su fluidez como un río que busca su canal a través del agua y así figurar más poesías a la humanidad en la que pueda surgir un movimiento literario (lo dije más arriba) a través de su existencia y cuando sean omnipotentes, recordarán « l a i n e x i s t e n c i a » . En la súbita idea de pensar un escrito describiré las señales con números en mi mano, números maestros -gran causalidad-.
Estuve leyendo sobre la necesidad que tienen las culturas de pensar un sistema espiritual por encima de ellos -abstracción que hago- sobre lo divino; siento que puede ser más responsable poner en marcha los mecanismos psíquicos para que el azar este a su favor, que lo invisible se haga visible a través de la responsabilidad de que pueda tomar una imagen y representarla, ser consciente de nuestros rasgos invisibles y de nuestra posibilidad de locura, aunque sea para integrar ese costado omnipotente, para experienciar la divinidad de cada cual.
Hace un tiempo soñé con alguien que me decía que “debo formar mi propia moral”, conformar tu propio lado ético, tu propio sistema de normas dentro de tu presente «aquí-ahora». Este fue mi abuelo paterno, en el sueño figuraba una voz que salía a través de un cuadro y abarcaba la posición donde yo me sentía presente en esa experiencia.
Diálogos a través de imágenes que se dicen cuanto se estiman entre sí… y a la vez dudo de ser real por el componente virtual; creo que nos estamos enfermando y sería bueno poder ser autónomo en las vísperas de la locura colectiva, quizás cuando vuelva a verme tenga ojos de pantalla táctil.
Por eso digo que rozo tu mirada subiendo, bajando y caminando entre el sentido temporal perdido a través de la experiencia corporal de la piel, tengo la experiencia física de percibir, sin hacerlo.
Si somos atemporales quiero estar en cada uno de los granos de arena que fueron pasando en esos rostros que se esfuman, los pozos detrás de la lupa del mirar, las patas de gallo que sonríen a través de lo que hablo… quisiera ser niño, ellos tienen una experiencia más fabulosa de existir a través del juego, pero también compadezco su desarrollo, no tienen la culpa del devenir del mundo tecnológico, quiero que puedan explotar su máximo desarrollo y ser conscientes de la moralidad que adviene este nuevo mundo oceánico, mundo líquido, donde la estructura del ayer se liquida disolviéndose en su síntesis.
Pienso y no, que los medios tecnológicos ya no existen para transmitir una representación amable de la realidad y que cada uno pueda hacer provecho de la conciencia que se tenga en este plano, aunque en este escrito no existo más allá del expediente de mi futuro. Mientras piensa en el pasado, -se ha levantado a tomar un café- y en segundos han pasado siglos, como edades en minutos.
Volví a experienciar la soledad que experimenta el desdichado antes de dormir, con la cama más fría que un rechazo cálido.
Se desdibuja y se enferma, sintiendo una serena enfermedad que le invita a procrear a través de conceptos, para estar por debajo del lenguaje. Tan arriba como tan abajo, y más abajo del costado íntimo abrazando las pérdidas que nunca fueron pérdidas según la concepción que se tenga de la muerte.
¿Quién no se habrá preguntado por la muerte? Y hago empatía con aquel que esta por morir pero a su vez existe en la representación de haber existido, nada más que ahora no pertenece a este plano, aunque pertenezca a estas hojas, a los pañuelos que han ocupado las lágrimas ajenas de un color de luto… no sé porque se le tiene miedo a la muerte, podrían presenciar un ascenso álmico y ser conscientes de la función que tienen en este plano físico en función de responsabilizar cada una de las causas y acciones que tiene cada ser humano. Se podría ayudar la humanidad, aunque se resquebraje el ser.
Es la noción que tengo del tiempo que disuelve y pasa, todo pasa, aunque logro conquistar ideas sin territorializar pensamientos para invitar a pensar, a salvarnos y zafarnos de este sistema. Lo publicitario nos ha quitado el lado salvaje para ser más dócil, ¿Qué hay de malo en esto? Sentir la primavera por las zonas erógenas, florecen pieles, florecen arbustos del lado más selvático de la raza humana… donde vuelven a quererse sin perfumes en la presencia del sabor más agónico, cual primer relación sexual. Sabor a muerte y dolor, dolor y amor, de estar más allá de nombrar a una persona en su representación, sabiendo que cuando se muere despide sus órganos, pero existe en mi cabeza, ¿Qué contradictorio no? Si ya no existe es atemporal a la representación.
Escribiré sin las manos, besaré sin mis labios… te amaré sin mi cuerpo a través de la imagen mía en ti, sin ser alguien palpable, intangible, pero teniendo el recuerdo de haber existido en la voz del pensamiento.
¿Qué pasaría si los diablos juzgaran a los ángeles?...












