Una noche con Las Ligas Menores ― Toluca, Metepec 2017
Por: Mariana Villarreal
Ya comenzaba a hacer frío. Por esta época el viento sopla fuerte y la gente comienza a usar sus abrigos más gruesos. Justo antes de llegar a nuestro destino mi amigo Fred se mostraba a la expectativa de cómo se vive una noche de música en la ciudad que habito; en el cerro de los magueyes.
El jueves 12 de octubre del año presente muchos tuvimos la oportunidad de asistir al evento organizado por Todo Muere, Violencia River y Traffic, en el cual 3 Calaveras Mezcla Fino prestó su espacio para recibir a grandes invitados que hicieron latir el corazón de Metepec.
Sentada, con cerveza en mano, las guitarras comenzaron a lanzar notas. Volteé y vi en el escenario a Oswald, banda local, que ha tenido gran respuesta del público. Las luces hacían juego perfecto con sus letras tan nostálgicas y armónicas. Me acerqué frente a ellos y capté el momento que buscaba: el de los músicos liberándose en cada acorde y en cada palabra; sus gestos son el complemento perfecto para que nosotros lleguemos a sentir todo aquello que buscan transmitirnos. Regresé a mi lugar de inicio y Fred dijo: “me gusta; suena bello”, con su inevitable acento francés.
No sé si habrán pasado cinco, diez o quince minutos, pero de un instante a otro la gente estaba en el lugar, dispuestos a gozar de la música. Se formó una masa interesante, una donde todos bailaban con sus cabezas, pero una destacó entre todas: era la de Yak, con su cabellera rosa y su voz que a todos nos endulza el oído. Sí, se trataba de Useless Youth rifandose con sus tonalidades del dream. Un poquito de baile, otro poquito de sonrisas y un poquito más de amor por los sonidos resume lo que, supongo, el público experimentó, incluso Fred, que aunque no le guste bailar por ahí lo pude notar contemplativo, tranquilo, disfrutando y sintiendo placer por la música, pero en silencio.
Sí, estaban Las Ligas Menores en el escenario, mientras las luces rebotaban en sus caras, las personas estallaban de la emoción, incluyéndome por supuesto. Para explicar mejor en palabras lo que se siente estar ahí, frente a una banda que te gusta, imaginemos el momento previo para subir a algún juego mecánico: llámese montaña rusa, rueda de la fortuna y, por qué no, hasta un carrusel; entonces es ahí, con las sensaciones cargadas en el estómago; ahí cuando ya estás arriba del juego mecánico esperando a que comience la diversión y cuando se pone en marcha esa sensación del estómago se sube hasta la cabeza y el corazón se pone contento y bien sonriente. Pues así probablemente nos sentíamos muchos de los presentes cuando comenzaron a tocar Las Ligas Menores. La voz de Anabella nos movió. Recuerdo que hubo un momento giré a ver el público y mi mirada se encontró con la de un amigo; su mirada expresaba lo mismo que la mía: la nostalgia del recuerdo, de lo ya vivido que jamás volverá a ser: sí, se trataba de de rolas como “A 1200 km” o “Ni una canción”.
“Lo bailado ya nadie me lo quita”, dirían por ahí. ¡Vaya noche! Llena de emociones y de la mejor vibra por parte de las bandas y del público que presenciaron una noche de magia musical. No queda más que agradecer a todos los músicos que nos hicieron sentir, recordar, sonreír y bailar con la belleza de su música y sus de sus letras.







