Los dedos de su mano derecha se movían intranquilos, como si de auténticos calambres se tratasen, buscando con incesante impaciencia la visión de su mayor anhelo: su hijo. Verlo por primera vez significaría que había dejado de ser una simple idea para convertirse en algo real, un proyecto de ser humano que lo acompañaría hasta el final de sus días. ¿No era increíble? Joder, por supuesto que lo era. Así fue cómo no separó los ojos del monitor que al fin mostró la imagen de la que sería la futura criatura. Siguió las instrucciones del doctor, observando con toda la atención del mundo las partes que éste le señalaba. Le resultaba fascinante que aquél tipo de manchas y sombras albergara una vida que era mitad suya. En medio de aquella fascinación se encontró con la mano de su pareja, la cual sostuvo de inmediato, dejando mostrar con su agarre el encanto que aquel pequeño ser le había ofrecido. Fue el detonante idóneo para deslizar una de las más genuinas sonrisas de su historia, terriblemente ansioso por la vida que los esperaba. Estaba feliz, feliz de sentir que al fin las cosas irían bien para ambos. Tendrían que enfrentarse a muchos problemas, lo sabía, pero merecería la pena. La repentina marcha del doctor los dejó a solas en la habitación de la clínica, lo que le permitió perderse en la alegría materna que sus orbes celestes proyectaban. ❛ Es como de este tamaño. ❜ Trató de averiguar el tamaño exacto con la ampliación de su dedo pulgar e índice, sin borrar en ningún momento la facción de felicidad que ahora proyectaba. Era su bebé, componente de una pequeña familia que se acababa de formar y tan perfecta que se había convertido en la mejor decisión de su vida. Donde muchos hubieran visto un error, el mayor problema posible para unos adolescentes, él había encontrado equilibrio y una cálida necesidad por criarlo que le hizo creer que aquél nacimiento sería la única misión por la que se encontraba en la tierra. No por el arte, no por el éxito que éste pudiera brindarle, sino la posibilidad de formar parte de una familia y tener la habilidad de crear una de la nada. Joder, lo iba a amar durante toda su vida.
Y sin embargo, la vida pareció demostrarle otra vez que no era más que un títere a merced de un destino que en absoluto merecía. O eso creía. Las palabras que salieron de boca del profesional calaron hondo en su interior, provocando que no escuchara más de la mitad. No podían tenerlo. Parte de sus términos médicos se le escapaban en las dudas que atacaban su masa gris sin piedad. ¿Cómo habían llegado a eso? Se había asegurado de contactar con la mejor clínica de todo el maldito Londres para tener una opinión objetiva y buena. ¿Eso era lo que había conseguido? Por supuesto que la situación provocó que se viera sumido en una situación que lo llevó de lleno a sentir un tremendo nudo en su garganta. Tenía una horrible sensación de ahogo, como si el oxígeno que necesitaba su corazón para despertar no fuera suficiente. De nuevo, el agarre de la mano de Noelia le provocó una vuelta inmediata al mundo real, provocando que le dedicara una mirada. Parecía muda, impactada ante la noticia. Joder, ¿cómo no iba a estarlo? Otra vez, centró su atención en el médico, pidiéndole que los dejara a solas durante unos minutos. Y así hizo, sabía que se trataba de una situación peliaguda, pues no tardó en abandonar la sala. Conocía esa mirada de Noelia, como también sabía que la única opción que les quedaba es ser fuertes. La noticia le había sentado como un jodido puñal directo a sus ilusiones, pero si uno de los dos no era suficientemente fuerte, ambos mundos se desmoronarían. Así, pasó una mano por la larga cabellera dorada, enredando sus dedos en ésta mientras buscaba sacar el coraje de cualquier parte. ❛ Estuvimos a punto, ¿verdad? ❜ Le habló, apretando sus labios en el mejor intento posible de sonrisa. Buscaba relajarla, o por lo menos ayudarla a pensar con la tranquilidad que el momento exigía. ❛ Supongo que no era nuestro momento. ❜ Continuó, dirigiendo el camino de caricias hacia la porcelana de sus mejillas, queriendo reconfortarla. En cuanto a su interior, el corazón había terminado de hacérsele añicos, estallando en piezas que dañaban y destruían todo a su paso. Las lágrimas amenazaron con hacer acto de presencia, pero luchó para no liberarlas. Fuerza, sólo necesitaba trasmitirle eso. ❛ Todo mejorará. ❜
Cuando el médico se marchó, Noe se volvió lentamente hacia Kaleem, aún resistiéndose a dejar ir su mano ¿Era esta lo único que la anclaba a la realidad? Probablemente. Iba a necesitarle como nunca después de eso, e incluso llegó a preguntarse si alguna vez podría volver a alejarse un poco de él sin problemas. Pero encontraba refugio en el hecho de que ya no le quedaría nada más que su persona. Todo lo bueno en ella se habría esfumado al salir por las puertas del hospital. Aunque le tenía de frente, Noe no le miraba, sino que estaba concentrada en el vacío tras de él. Veía un punto en específico y a la vez, no miraba nada. Era mucho para procesar en el momento y su verdadero derrumbe llegó poco a poco, a medida en que Kaleem habló para consolarla. Su postura se debilitó tanto como su corazón lo hizo y prontamente tuvo que aferrar ambos brazos a los hombros de su pareja, rompiendo en el más silencioso y desgarrador llanto de su vida. Su corazón había sido mutilado muchas veces a lo largo de esta, pero jamás algo le había dolido tanto como aquello lo hacía ¿por qué les habían dado siquiera la oportunidad? ¿por qué el destino les había permitido probar un poco de la verdadera felicidad y después se las había arrancado del pecho de una manera tan vil? "Eso no lo sabes..." Sabía que debía ser positiva, que era igual de doloroso para él como para ella, pero nada le parecía así en el momento. No existía ningún otro panorama más que la oscuridad que rodeaba sus cuerpos. "¿Cómo puedes decir eso si no lo sabes?" Aunque estaba siendo pesimista, tenía un punto. Podían manejar el asunto de la mejor manera posible, pero también podían mirar sus vidas hundiste poco a poco tras tal acontecimiento. "No quiero hacerlo. Vámonos, vámonos ahora mismo." Se negó de inmediato, arrastrada por el miedo de perderlo de verdad. Pero, sin embargo, recordaba lo que había dicho el médico: que aunque no lo hiciesen allí, de todas maneras pasaría muy pronto, en cualquier momento. Noe logró volver a incorporarse correctamente y esta vez si que lo miró a los ojos, con los rostros muy juntos el uno del otro. Su dolor era exactamente igual al suyo, podía notarlo en su mirada y la peor parte era que Kaleem jamás había tenido siquiera la oportunidad de sentir a su hijo. Entendió el mensaje sin la necesidad de escucharlo, o más bien, entendió el mensaje de su propia cordura, asintiendo con lentitud, más para ésta que para su novio. Debía hacerlo. Era lo más correcto y lo más seguro. Dar ese paso era lo primero en la lista para poder pasar página y quizás algún día superarlo. Así que, con todo el dolor en su corazón, Noelia se incorporó cuando el doctor volvió a la sala para llamarlos, pidiéndole a la fémina que lo acompañara, pues tenían todo listo para iniciar el procedimiento. La rubia se acercó sigilosa a la puerta y, dedicándole una dolorosa y final mirada, siguió al médico a la sala cercana, dejando ir finalmente la mano de Kal.