Había sido magnífico… Las luces, los trajes, la técnica… ¡ Todo ! Realmente le había encantado. No solo por ser el Cascanueces ( que a pesar de ser un cliché, era el ballet favorito de Brittany ), sino por tener a Rhea a su lado. Sabía que ella no habría disfrutado tanto como la castaña lo había hecho, pero estar viendo una de sus actividades favoritas junto a su persona favorito, era simplemente mágico. Había tomado la mano de su novia y ahora paseaban por las preciosas calles de París, observando cada bonito detalle, cada casa que probablemente no volverían a ver, cada persona, cada baldosa… Y la americana solo podía sonreír. Era lo único que salía de su boca, una dulce sonrisa. Y es que pensar que alguien le quería tanto como para llevarla a un lugar tan bello como aquel… Pero al fin y al cabo; aquella era la ciudad de las luces, y del amor al igual.
A su suerte, ambas tuvieron que pasar por la majestuosa Torre Eiffel, la cual en la noche lucía sus mejores galas, deslumbrando París con aquellas preciosas luces. Allí fue cuando decidió decirle a la rubia lo mucho que la quería, agradecerle todo, admitir que sin ella no era nada y que llevarla a aquella ciudad era lo más significativo que alguien había hecho por ella. En realidad, era completamente cierto. Ya fuera por parte de su madre, sus abuelos, su hermano, su hermana, sus amigos… Ni siquiera sabía quien demonios era su padres. Ninguno de ellos habían o habrían hecho semejante locura por ella. Pues aparte de estar saltándose días lectivos, era consciente de que el viaje, el hotel y la obra eran realmente caros. Y puede que el amor no se mida en dinero, pero al fin y al cabo el segundo interrumpe en absolutamente todo.
Ya a su llegada al hotel, caía la mitad de la noche y ambas subieron en el ascensor hasta la habitación, donde un juego de besos había comenzado. La bailarina se había ocupado de mantener a la contraria pegada a la pared del ascensor, sin ningún tipo de miedo a que alguien las pillara, pues además de no poderles decir nada; dudaba que a aquellas horas llegara nadie al hotel. La fémina había pasado de sus labios al cuello, posando dulces besos en este para finalmente subir a su oreja, donde mordió el lóbulo ajeno para añadirle el punto que deseaba que el resto de la noche siguiera teniendo. De allí volvió a su frente, rozando sus narices, cerrando los ojos e inhalando el aroma que la mujer a quien amaba desprendía. Se quedó quieta, cerrando sus ojos fuertemente y abriéndolos al segundo. Observó a la griega, deseando que el elevador llegara ya a su debida planta. Bajó su vista hasta los labios de esta, volviendo a sus preciosos ojos verdosos de nuevo — Te quiero… —. Susurró, dando las palabras mas sinceras que en aquel momento supo pronunciar. Así, posó su tacto en el cuello ajeno, acercándose de nuevo para besarla. ( @rheaxprd )
La repentina llegada a París, junto a Britt había traído consigo toda la paz que había necesitado en los últimos tiempos. Era la creencia de que un mundo mejor podría existir para la griega, que todo lo que había vivido no eran más que etapas destinadas a extinguirse y que un nuevo mundo acompañada se abría paso ante sí. ¿Estaba preparada? Por supuesto que no. Cada vez que un nuevo camino favorable se abría a su paso, se encargaba de hacer lo posible por que éste tomase la peor dirección existente. Era una especie de máquina de autodestrucción a la que nunca le era suficiente, nunca le valía con lo que tenia, debía encargarse de que absolutamente todo se jodiera y marchitara. Tal y como estaba haciendo con Britt. Todo era culpa de aquella maldita burbuja efímera que se había formado en aquél viaje, la misma que se rompería con un simple toque, era tan bella que podría embaucar a cualquiera. O eso le parecía. Las horas en el ballet se habían pasado largas, lamentándose una y otra vez de no saber apreciar la belleza de semejante arte, pero embobándose el noventa por ciento del tiempo en observar el rostro de emoción de su novia. Sus ojos tenían más brillo que el propio escenario, para la rubia, conseguían eclipsar a cualquier protagonista. Y es que, la genuina belleza que la americana emanaba era suficiente razón para que no deseara apartar la mirada de ella. O por lo menos así ocurrió hasta que las luces se apagaron, indicando el final de la actuación.
No era la primera vez que viajaba a la capital francesa, pero sí era la primera que salía del país con Britt, dejando a un lado el negativo mundo que Bedford traía consigo. Por lo tanto, incluso se podía notar cierto rostro de felicidad sobre las facciones griegas y, joder, realmente hacía mucho tiempo que no se veía de aquella forma. De vuelta al hotel, es ascensor se convirtió en el sitio idóneo para convertirse en su particular lugar de impaciencia, donde los besos se abrieron paso mientras las plantas subían. Rhea dejó caer sus párpados, estremeciéndose por el contacto de los ajenos sobre su lóbulo y cuello, ambos puntos débiles universales. Claro que estaba deseando abandonar de una vez por todas aquél maldito elevador, maldiciéndose a sí misma por elegir uno de los pisos mas altos pensando en las vistas. A pesar de todo, la separación llegó justo a tiempo para perderse en sus iris pardos. ❛ Yo también te quiero. ❜ No dudó en decírselo, chocando inmediatamente con sus labios para cuando éstos volvieron a invadirla. El ascensor marcó su planta de destino, obligándolas a separarse poco después. Rhea, por su parte, se encargó de tomarla de la muñeca para poder avanzar con mayor rapidez hacia la puerta, entreteniéndose con sus labios al tiempo que buscaba la tarjeta de acceso en el bolso. Intencional o no, tardó más de lo que debería, pero al fin se encontraban allí. No se separó de ella en ningún momento, ni si quiera esperó a acercarse a la cama para comenzar a desabrochar la cremallera del vestido ajeno. Mientras sus yemas batallaban con la tela de la prenda para desprenderse de ella, sus labios se centraron en el cuello ajeno. Y joder, le hubiera encantado seguir. Durante un primer momento, decidió ignorar el peso que sentía en los hombros y el nudo que se formaba en su garganta, señales inequívocas de la culpa con la que cargaba. Era una imbécil. Dio un paso hacia atrás con algo de brusquedad al tiempo que sus palpitaciones aumentaron. ❛ Tengo que contarte algo, no puedo guardármelo durante más tiempo. ❜