Tomás:
Esta carta no inicia con un “querido papá” porque nunca has sido una parte activa en mi vida. Sé que tienes tus razones y lo más probable es que nunca las voy a saber, aunque francamente no estoy interesado en conocerlas.
A lo largo de mi vida hemos interactuado muy poco y eso es prueba del poco interés que hay de tu parte hacia mí. Te puedo asegurar que ni siquiera sabes mi color favorito o qué me gusta hacer en mi tiempo libre, pero eso dejó de afectarme hace muchos años.
Aunque no lo creas no te guardo ningún rencor, ni siquiera te odio, de hecho estoy agradecido. Gracias a ti soy la persona que soy, si no hubieras engañado a mi mamá y hubieras sido la figura paternal que por tantos años ansié tener, pude haber tenido un destino diferente al que tengo actualmente.
Mi mamá fue una madre soltera y esto la transformó en una mujer con una valentía y fuerza enorme. Todos los días tenía que ir a trabajar y es por eso por lo que desde que yo era muy pequeño ella me inculcó la importancia y el valor del trabajo honesto.
En estos momentos en los que ya soy un hombre adulto puedo decirte que estoy completamente orgulloso de mi persona y de mi mamá. No sé cómo hubieran sido las cosas si hubieras estado presente; prefiero no pensar en eso, como dice la frase: “lo pasado, pisado”.
No sé si estas interesado en oír estas palabras pero perdono, Tomás, espero en un futuro podamos encontrarnos para que pueda conocer a mi propio padre, aunque sea meramente biológico.
Atentamente,
Tu hijo, Simón.













