sebangbang:
Para Sebastian, Nicole estaba haciendo una tormenta en un vaso con agua. No veía la devoción de su esposa en ese momento, no quería verla porque él mismo se sabía un monstruo, sabía que esperar cosas de él, de cualquiera envuelto en ese mundillo de podredumbre no era más que una pérdida de tiempo y una decepción segura. Pero Nicole no pertenecía a ese mundo, no podía saberlo. Y se sintió mal por ella, pero no lo suficiente como para sentirse miserable por todas las veces que había recorrido con sus labios el cuerpo de Valeria, o para haber renunciado a tiempo a desnudarla y cometerla a su voluntad.
Gruñó por lo bajo ante su reproche, ella no parecía entender, no era sólo meterse con la propiedad de Ivankov, era una muestra de superioridad. Incluso los peones del tablero ruso se cambiaban de color para estar con él. — No me metí con su propiedad. Su propiedad vino y se metió conmigo. - respondió, así habían sido las cosas. Valeria fue quién se escabulló en su oficina y en sus pantalones. Él simplemente había omitido la parte donde no se opuso. — ¡¿Y eso es mi culpa?! Ella sabía donde se metía. Esa es la diferencia entre ella y Pía. A Pía le pagaba por que hiciera lo que pedía, Valeria lo hacía por gusto. - y rió, parco. Esas eran palabras que disfrutaría decirle a Ahmar, casi tanto como decirle que él había estado con su amada Eleanor, y que el único hijo que había podido engendrar había sido suyo. — Sí, bueno. Una salida fácil con un médico calificado… todos aprendimos valiosas lecciones de esa vez. - se excusó torpemente. Como si se tratara de una experimento de biología que había salido mal y no como si por sus soluciones fáciles una mujer casi hubiera perdido la vida. Y es que justamente, como bien había señalado Nicole, las mujeres en cuestión eran mercancía, no tenían importancia y eran perfectamente sustituíbles en el mercado.
Cuando se dio cuenta de lo que había dicho respecto a Avery se mordió la lengua, a pesar de su propio historial sus hijos eran algo sagrado, probablemente la única cosa que amaba más que a Nicole — No fue eso lo que quise decir… - se retractó de inmediato, con un gruñido y sobándose el tabique de la nariz. — Amo a mis hijos. Alexa y Avery son lo que más me importa y lo sabes. Tú también me importas. - le recordó. — Aún si ahora no sientes que sea así sabes que es cierto.
Caminó detrás de ella de mala gana y le reprochó con la mirada, ella había comenzado todo eso, él sólo había contestado de forma honesta ¿No se supone que en eso se basan las relaciones? ¿No le daba eso puntos extras? Resopló, sin intender nada. —¡Vamos, Nicole! Sabes de lo que hablo… - bufó, amaba lo aguerrida que era su mujer, su fiereza y valentía, pero eran un arma de doble filo cuando discutían, como ahora.
—¡Claro que me preocupa lo que te pase! Eres la madre de mis hijos, mi esposa, la mujer de mi vida, claro que me importas Nicole ¡No pretendas juzgarme por una sola cosa cuando han sido años de ser el mejor esposo y padre! - reprochó, le parecía injusto ser juzgado por una sola cosa engativa en su balanza cuando había cientos de cosas buenas a su favor. — ¡Exacto! No deberías preocuparte ¿Por qué estamos discutiendo entonces? - alcanzó a tomarle la muñeca, sin ejercer más fuerza de la necesaria para hacer que se detenga. — Una cosa es que estés segura y otra que te sientas de ese modo. Y sabes que afuera nadie va a dudar en buscar un momento de distracción, sólo estás segura aquí, con los chicos y conmigo. - suavizó la mirada al enfocarla en los de ella, podía reconocer su dolor y decepción en los ajenos. — Por favor, Nicole. Puedo dormir en la habitación de huéspedes hasta que podamos resolver esto pero no te vayas. Sino lo haces por mi hazlo por Alexa y Avery. - pidió.
Desde que se conocieron, Nicole había evadido por completo prestar atención a la otra cara de Sebastian. Siempre la había tomado como nada más que una actuación que ponía cuando tenía que encargarse de sus negocios, aunque de vez en cuanto la arrastrara consigo a casa y se suavizara inmediatamente al momento de estar con ella y con sus hijos. Jamás había juzgado lo que hacía para ganarse la vida, pues su ingenua persona estaba convencida de que era un buen hombre y además, tanto ella como su familia estaban completamente satisfechas con la vida que podía darle. Lastimosamente, habían hecho falta tres decepciones para que, finalmente, el otro lado de su rostro llamase la atención de Nicole. No era posible que su eterna guerra con Ahmar Ivankov le fuera más importante que su respeto a quien llamaba la mujer de su vida, pero su tono victorioso al hablar de como estaba a un paso más que él le indicaba precisamente lo contrario. “Cielos, debe haber sido toda una tortura para ti.” En aquel momento, Nicole estaba por completo ofendida. Los reproches viajaban fuera de sus labios por sí solos y se habían convertido en su única arma de defensa. “¡Claro! ¡Nadie puede resistirse a Sebastian Rothstein, el rey de América! ¡Deberían nombrarte el maldito mafioso del año!” Quizás dentro de su mundo, todos verían a su esposo como una gran figura, pero su propia mujer, cada vez que lo escuchaba hablar, solo podía verlo más y más pequeño.
Una de las diferencias más grandes entre ambos, era su claro desacuerdo en la importancia de la vida. Por dios, Nicole incluso temía por la zorra que se había acostado con su esposo y él ni siquiera había tardado en sacar las manos del fuego respecto a lo que pudiera pasar con ella o no. Solo pudo mirarlo con una expresión incrédula en cuanto al tema de Pía ¿dónde estaba la faceta de Sebastian que conocía?
Como respuesta a sus palabras, su Sebastian pareció resurgir, retractándose en cuanto a lo de Avery ¿no eran sus sentimientos lo suficientemente importantes para poder retractarse por todo lo demás también? ¿Para admitir que había hecho mal? Era todo lo que tenía que hacer, todo lo que Nicole esperaba y, sin embargo, nunca recibió; como tampoco creyó en el resto de sus palabras. “No. Por primera vez en mi vida no sé de lo que hablas.” nada en ese momento podía hacer a la americana quedarse. No después de todo lo que había escuchado y el cinismo de su marido. No detuvo sus pasos aunque el hombre estuviese pisándole los talones.
Sin embargo, algunos segundos después, sí que tuvo que plantarse en el suelo, apretando los puños antes de volverse y dirigirse a él, en espera de quedar muy clara con su postura. “¡¿Dónde estaba MI importancia entonces cuando no detuviste a Valeria?! ¡No estoy juzgándote por una sola cosa, Sebastian! Ya habías hecho esto antes y yo había creído en tu palabra de que no volvería a suceder. ¡Yo debería estar hablando de ser la mejor esposa y madre, no tú! ¡Siempre pendiente de ti, complaciéndote, cuidándote, apoyándote!” Esta vez, sí que recalcó sus palabras con sus mejores intentos por derribar a Sebastian. “¡Y eso no te fue suficiente para dejar de meterte con otras, maldito imbécil!” Quería hacerle tanto daño como él le había hecho y, sin embargo, Nicole sentía muy en el fondo que toda la culpa recaía en ella. “¡¿Por qué no te soy suficiente?! ¡¿Por qué no puedes aceptar que estuvo mal?!” La frustración volvió a instaurarse en su rostro como pequeñas lágrimas y la reacción provocó que su voz volviese a flanquear. Tenía que marcharse para dejarle en claro que se respetaba a sí misma mucho más de lo que él la “respetaba.” La cordura en sus acciones regresó a la rubia y dio un par de pasos atrás, sintiendo que se desvanecería con cada movimiento. “Alexa y Avery estarán bien.” Mientras no se enteraran, por supuesto. “Pero yo no puedo hacer esto, Sebastian. Necesito un tiempo...lejos.”











