( Nicole. )
Por supuesto que era ella. Jamás había cruzado una palabra con aquella mujer, pero ahora tenía sentido que estuviese presente en todos los eventos a los que iban. Seguramente se habían encontrado en muchas ocasiones frente a sus narices y Nicole jamás se había dado cuenta de nada. Ahora comprendía que había depositado demasiada confianza en Sebastian, confianza que por historial, nunca debió darle. Solo ella tenía la culpa de amarlo como lo hacía.
“Trabaja para Ivankov…” repitió, escupiendo una seca risa. “Encima volviste a meterte con su propiedad. Esa prostituta va a estar muerta en el minuto en que Ahmar llegue a enterarse, Sebastian.” sentía tanta rabia, que quizás se lo diría ella misma, con tal de deshacerse de la mujer. Aquel ni siquiera debería haber sido un trabajo más para ella. Sabía a lo que se arriesgaba con un jefe como el ruso.
“¡¿Una salida fácil?! ¡Pía casi se muere y ahora no podrá tener hijos por tu culpa! ¿no lo entiendes? las prostitutas no son mujeres normales, son mercancía. De nada le servirá el dinero a Valeria y al niño si están muertos.” todo era muy sencillo en la cabeza de su esposo. Creía que podía tenerlo todo con el poder que tenía y para él no existían consecuencias inconvenientes para su persona. No pensaba en cómo sus acciones afectarían a las personas que quería.
Sebastian podría tenerlo todo, pero ya no la tendría a ella.
Escucharlo hablar así de Avery fue la confirmación de su gran cinismo. La cabeza de Nicole se movió de un lado a otro, incrédula de la situación y de que fuese su marido el que hablara así de su propio hijo. Uno que Nicole amaba tanto como si fuera suyo. “¡No quieras hacerme parte de esto!––Era un bebé…”el simple recuerdo de la llegada de su hijo le rompía el corazón, en especial al divisar su mirada perdida y triste. No había podido dejarlo ir así, porque sabía que en el fondo, su esposo quería tenerlo y Nicole amaba a su esposo más de lo que amaba a Avery en ese momento.”¡Yo no resuelvo las cosas como tú, Sebastian. A mi sí me importa mi familia y jamás, jamás haría algo que pudiera dañarlos!” No quería ni imaginar como reaccionaría Alexa si llegara a saberlo todo, en especial cuando amaba tanto a sus padres.
Empujó a su esposo para moverse al otro extremo de la habitación y buscar en el armario una pequeña maleta en donde pudiese meter un par de cosas. Alcanzó a escuchar el comentario de Sebastian y aquello verdaderamente provocó que su sangre hirviera, tanto que simplemente arrojó prendas de ropa a la maleta, obligándolas a entrar en ella casi a golpes. “No tienes vergüenza, imbécil.”
Por supuesto que pensaba en sus hijos, más en el momento no podía darles la cara o alguna explicación de por qué iba a marcharse. Necesitaba estar sola un tiempo para procesarlo todo y decidir qué hacer consigo misma.
“Ah ¿ahora sí te preocupa lo que pase conmigo? Que sea o no tu hijo tampoco resuelve nada. Sólo te acostaste con ella muchas veces, pero no es tu hijo ¿no? entonces creo que no debería preocuparme.” Una vez que la maleta estuvo llena de la ropa revuelta, metió tan solo su cartera y tomó las llaves de su auto de la mesa de noche, aferrándose a la maleta por fin cerrada y sosteniéndole una ultima mirada a su esposo.
“¿Cuál es la diferencia? tampoco me siento segura aquí contigo.”
Para Sebastian, Nicole estaba haciendo una tormenta en un vaso con agua. No veía la devoción de su esposa en ese momento, no quería verla porque él mismo se sabía un monstruo, sabía que esperar cosas de él, de cualquiera envuelto en ese mundillo de podredumbre no era más que una pérdida de tiempo y una decepción segura. Pero Nicole no pertenecía a ese mundo, no podía saberlo. Y se sintió mal por ella, pero no lo suficiente como para sentirse miserable por todas las veces que había recorrido con sus labios el cuerpo de Valeria, o para haber renunciado a tiempo a desnudarla y cometerla a su voluntad.
Gruñó por lo bajo ante su reproche, ella no parecía entender, no era sólo meterse con la propiedad de Ivankov, era una muestra de superioridad. Incluso los peones del tablero ruso se cambiaban de color para estar con él. — No me metí con su propiedad. Su propiedad vino y se metió conmigo. - respondió, así habían sido las cosas. Valeria fue quién se escabulló en su oficina y en sus pantalones. Él simplemente había omitido la parte donde no se opuso. — ¡¿Y eso es mi culpa?! Ella sabía donde se metía. Esa es la diferencia entre ella y Pía. A Pía le pagaba por que hiciera lo que pedía, Valeria lo hacía por gusto. - y rió, parco. Esas eran palabras que disfrutaría decirle a Ahmar, casi tanto como decirle que él había estado con su amada Eleanor, y que el único hijo que había podido engendrar había sido suyo. — Sí, bueno. Una salida fácil con un médico calificado... todos aprendimos valiosas lecciones de esa vez. - se excusó torpemente. Como si se tratara de una experimento de biología que había salido mal y no como si por sus soluciones fáciles una mujer casi hubiera perdido la vida. Y es que justamente, como bien había señalado Nicole, las mujeres en cuestión eran mercancía, no tenían importancia y eran perfectamente sustituíbles en el mercado.
Cuando se dio cuenta de lo que había dicho respecto a Avery se mordió la lengua, a pesar de su propio historial sus hijos eran algo sagrado, probablemente la única cosa que amaba más que a Nicole — No fue eso lo que quise decir... - se retractó de inmediato, con un gruñido y sobándose el tabique de la nariz. — Amo a mis hijos. Alexa y Avery son lo que más me importa y lo sabes. Tú también me importas. - le recordó. — Aún si ahora no sientes que sea así sabes que es cierto.
Caminó detrás de ella de mala gana y le reprochó con la mirada, ella había comenzado todo eso, él sólo había contestado de forma honesta ¿No se supone que en eso se basan las relaciones? ¿No le daba eso puntos extras? Resopló, sin intender nada. —¡Vamos, Nicole! Sabes de lo que hablo... - bufó, amaba lo aguerrida que era su mujer, su fiereza y valentía, pero eran un arma de doble filo cuando discutían, como ahora.
—¡Claro que me preocupa lo que te pase! Eres la madre de mis hijos, mi esposa, la mujer de mi vida, claro que me importas Nicole ¡No pretendas juzgarme por una sola cosa cuando han sido años de ser el mejor esposo y padre! - reprochó, le parecía injusto ser juzgado por una sola cosa engativa en su balanza cuando había cientos de cosas buenas a su favor. — ¡Exacto! No deberías preocuparte ¿Por qué estamos discutiendo entonces? - alcanzó a tomarle la muñeca, sin ejercer más fuerza de la necesaria para hacer que se detenga. — Una cosa es que estés segura y otra que te sientas de ese modo. Y sabes que afuera nadie va a dudar en buscar un momento de distracción, sólo estás segura aquí, con los chicos y conmigo. - suavizó la mirada al enfocarla en los de ella, podía reconocer su dolor y decepción en los ajenos. — Por favor, Nicole. Puedo dormir en la habitación de huéspedes hasta que podamos resolver esto pero no te vayas. Sino lo haces por mi hazlo por Alexa y Avery. - pidió.










