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@oliver-thelonelywolf
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Su hermana lo iba a matar. Lo. Iba. a. Matar. Estaba seguro. Y sino lo hacía, él mismo se tiraría por un barranco. ¿Cómo había podido despistarse tanto? ¡Jamás le había pasado! Tenía demasiada energía -y él se estaba haciendo viejo(?). Tenía suerte de que podía seguir su rastro y eso lo había llevado hasta el parque... Pero su sobrina sabía esconderse bien. -¡Hope! ¡Hope! ¡Hope, no estamos jugando al escondite! Nervioso empezó a pasarse una mano por su sedosa y deslumbrante melena, despeinándose aunque quedando estupendo igual.
-¡Si sales ahora mismo, prometo quitarme la camiseta! Unos segundos de silencio... Pero nada. Al menos tenía que intentarlo. Gruñó para sus adentros sin dejar de mirar a su alrededor, empezaba a llenarse de gente y eso dificultaba más el encontrarla usando el olfato.
Oliver Baker
Garrett Hedlund by Austin Hargrave.
Garrett Hedlund, Actor
¡Había sido un mal día! ¡Un terrible y casi irónico mal día! El director de orquesta le negó su participación en su último trabajo dándoselo al segundo cello de la sinfonía. Un golpe al orgullo del cazador. Como el último compás de una serie de eventos que lo mantienen inestable; las ausencias de Gaspard, la presencia constante de Ruth y su propio aislamiento de la ciudad por largas y largas semanas. Negándose a si mismo a consumir su propio medicamento, no quería sentirse tan en control (al punto de vivir en un falso placebo). Cuando se siente inestable al menos se siente vivo. (Ni cazar lo satisface, ni siquiera la música).
Pero todo llega a un punto culmine, uno en donde perdió los estribos en medio de una cafetería por el error de un barista a su bebida. Un enfrentamiento que empezó a subir de tono hasta el punto que en su corta paciencia (y su abuso de poder) le propinó un derechazo al rostro del civil.
El lugar quedó en sepulcral silencio.
El alemán que respiraba pesado y miraba a todos como si fueran jueces, señalándole como culpable, era producto de la paranoia. “¿¡Qué están mirando?!” A voz raposa, sin aire, fuera de sí. Efectivamente un mal día para Frank no es lo mismo a un mal día para los demás.
Oliver estaba la mar de tranquilo en una cafetería, cerca de la librería de su hermana, tomándose un café bien cargado y pensando en pedirle a la pelirroja que dejara que se quedara con su sobrina parte del fin de semana -aunque se imaginaba la respuesta, porque no podría darle una excusa a su pareja ya que aún no le había contado su parentesco. Suspiró, tenía que pensar una buena excusa razonable... Él, como único familiar directo de Hope con sentido común, también tenía derecho a pasar tiempo con la pequeña.
Pero esos pensamientos se vieron interrumpidos cuando de repente se inició una pelea en la cafetería dónde Oliver se encontraba. No era normal que tales hechos sucedieran en un lugar como eso... En los bares, con el alcohol que circulaba, sí... ¿Pero en una cafetería...? Era raro. El Omega se levantó, pensando que con su fuerza podría ayudar a separar a aquellos dos antes de que destrozaran el establecimiento...
Pero se quedó parado al reconocer a uno de ellos.
Era su... Buen... Amigo cazador... Hizo una mueca, aún sosteniendo el vaso de su café. Se lo bebería de un sorbo y se marcharía corriendo -algo le decía que no sería bien recibido por el alemán. Pero antes de efectuar su maniobra de escapismo, ahí estaba... Dirigiéndose a él, con una pregunta que antes de poder razonar ya había soltado con su habitual tono bromista y despreocupado. -Te miramos a ti y a lo sexy que te pones cuando te enfadas. Le guiñó un ojo. Bah, de perdidos al río. No se atrevería a matarlo ahí. ¿Cierto? Rodeado de tanta gente... -Aunque serías un mejor espectáculo sino llevaras la camiseta puesta.
Definitivamente se había levantado con el pie izquierdo. No había otra explicación lógica para aquel día en que todo le estaba saliendo absolutamente mal… Y además estaba agotada, ya que la noche anterior se había vuelto a quedar despierta hasta tarde para terminar de redactar un artículo para el periódico con tal de que quedara lo mejor posible. Al menos últimamente empezaba a tener un poco más de suerte en ese aspecto… aunque solo fuera por el hecho de que finalmente habían empezado a publicar algunos de sus escritos en papel y no se habían limitado a publicarlos solamente en la web. Pero las noticias continuaban siendo la mayoría ridículas.
Esperando que aquello pudiera alegrarle un poco el día, MJ hizo una pequeña parada en un puesto de periódicos para comprar Chronicles of Detroit y retomó sus pasos mientras empezaba a ojear el periódico. En esa página no estaba su noticia… en aquella tampoco… en la siguiente no… y cuando menos se dio cuenta ya estaba en la última. Se paró en seco.
Donde. Estaba. Su. Artículo.
Volvió a echarle una ojeada rápida, empezando a sentir como le invadía la rabia al ver como su trabajo había sido en vano… pero aquella no fue la gota que colmó el vaso. Mary Jane agrandó los ojos al ver una noticia sobre un nuevo ataque animal… que había sido redactada por un becario que había entrado unas semanas más tarde que ella.
- ¡¿Pero qué…?! -¡Tenía que ser una broma! ¿Cuánto tiempo llevaba ella pidiendo que le dejaran investigar sobre eso? Cabreada y sin dudarlo ni un segundo, MJ rompió en dos el periódico.
Si por ella fuera lo hubiera destrozado aún más, pero se detuvo al notar que alguien la estaba mirando. Ya había olvidado que estaba en plena calle… y rezó para que no fuera alguien del periódico.- Créeme, ese papel merecía una mejor vida. –Comentó mosqueada y sin fijarse en la otra persona.- Le estoy haciendo un favor reciclando en cuanto ates…
Ollie se había parado aquella mañana, de camino al trabajo, en un puesto de periódicos. No porque fuera demasiado fan de la prensa escrita, ni tampoco porque tuviera especial interés en lo que sucedía en la ciudad de Detroit... Pero sí le gustaba pararse en esos puestos y ver si habían traído la nueva entrega de la colección de cuentos Disney que últimamente le estaba comprando a Hope -aunque encontraba más fascinante babear y golpear a su tío con el libro que a leerlo realmente.
Tomó el dinero de su bolsillo, lo extendió para pagar el producto... Y entonces volteó el rostro en dirección a una chica castaña que estaba haciendo un destrozo a uno de los periódico. Vio al hombrecillo poner mala cara, seguramente no le gustaba demasiado ver como trataban a los diarios. Suspiró y cogió el cuento tras pagarlo, se acercó a ella y le dio un toque en el hombro para llamar su atención.
Antes de poder decir algo, ella ya se estaba excusando con un razonamiento no demasiado válido. Alzó una ceja y ladeó la cabeza hacia un lado. -Seguro que el... Se fijó en el nombre. -El jefe de Crónicas de Detroit no pensaría lo mismo que tú. Hizo un movimiento de cabeza para indicarla que se moviera del sitio y se inclinó para susurrarle y que lo escuchara mejor. -Oye, no vayas a provocarle un infarto a ese pobre hombre... Dijo señalando el pobre viejecito que se encargaba de la parada de los periódicos. -Seguro que no le gusta nada ver como destrozas su mercancía.
Endless List Of Favourite Characters — Jack Mercer (Four Brothers)
“Oh, that’s Jack. He’s the youngest. First class fuck-up, third class rock star.”
I should just tell you to leave 'cause I know exactly where it leads but I watch us go 'round and 'round each time II Oliver + Freya
Escucha su respuesta y aprieta suavemente los labios, sabe que tiene razón, sabe que hay muchas criaturas que no desearon serlo, muchas criaturas que luchan contra sus instintos y a veces pierden la batalla hasta que los consumen. —Lo se… pero no puedo protegerlos a ustedes si protejo a todos.— Murmuró, tragando saliva. Su posición de heredera de una antigüa familia de cazadores tenía muchos beneficios a la hora de cumplir su tarea de proteger a Oliver y a su pequeña familia. Si se declarara abiertamente defensora de las criaturas, una traidora a los ojos de muchos cazadores, perdería aquel lugar que ha conseguido gracias al apellido y a sus viejos habitos de cacería. —Arriesgo mucho mi posición al no cazar hace meses… he perdido aliados por eso. Si todos supieran que los protejo… ya no tendría poder alguno.— Solo se valía de su reputación, de lo que la gente sabía de los Hyland. Llegaría el punto que tendría que volver a cazar, algo bueno, realmente bueno que apaciguara las dudas de los aliados que aún tiene. Pero aquello no va a decirselo a Oliver, no lo entendería. Los recuerdos le vienen a la mente rápidamente y sonríe casi sin poder evitarlo, hacía rato que no lo veía fumar como aquella tarde. —Diría que haz madurado desde entonces, pero sigues siendo el mismo calentón de siempre, solo que con una correa.— Le dice de forma mordaz, picandole suavemente las costillas y sonriendo. Pero entonces, el tunel del recuerdo sigue su rumbo y Oliver menciona el encuentro en el bosque. Sonríe, con cierta tristeza. Había empezado bien… pero recordaba aquella mirada de odio cuando se dió cuenta de que ella había acabado la vida de su madre. —¿Crees que fue un error aquella noche?— Inquirió suavemente, refiriendose a la noche en su casa. —¿Te arrepientes de haber ido?— Su mirada se posaba en él, esperaba una respuesta sincera.
El deseo de besarlo era casi palpable y al parecer él lo nota, aleja un poco el rostro de ella, pero no es muy efectivo. ¿Cómo podía llegar a pensar que aquello estaba enterrado y olvidado? Estaba claro que no. Se concentra en las palabras sobre Jill, tiene que mantener la cabeza fría y el tema de la coyote siempre la ha hecho pararse bien sobre la tierra. —Ollie… ¿qué pasaría si… qué pasaría si es como tu dices? Si hay una buena razón para que no recuerde… ¿qué pasa si la realidad es mas dura de lo que pensamos?— Aquello jamás se lo había planteado, pero Oliver tenía razón. El cerebro suprimía hechos por trauma a veces, y si Jill se convirtió en coyote… si le hizo daño a sus padres y al no poder creerlo… recordaba como se había puesto en la playa de la isla, desesperada por borrar la sangre de sus manos y brazos como si quisiera eliminar todo rastro de su culpa. Asiente suavemente al murmuro, sabe que ella está bien, o lo estará, hasta que llegue el día que tal vez quiera saber mas. —Lo haré.— Aseguró. Si el día que Jill recordara o quisiera averigüar que pasó… Freya y él debían estar preparados para decirle la verdad. Aunque tal vez escondersela hasta que ella mostrara interés tampoco era bueno, ni honesto. Suspiró, aquello de tener a alguien dependiendo de ellos de cierta forma no era tan facíl. Sus labios se curvan en una sonrisa y ríe entre dientes, tragandose sus comentarios respecto a la chispa que hay entre ambos. Una chispa que al parecer intenta prender un fuego nuevamente y ellos intentaban soplar para extinguir nuevamente.
—Oh, claro… la típica excusa de que te engañaron.— Ríe divertida, negando con la cabeza. Hacía tiempo que no se divertía tanto a decir verdad. —Si me dieran un maldito dolar por todas las veces que he escuchado eso…— Se cortó, intentando pensar realmente aquello, considerando que los dolares no eran justamente lo que le faltaba. —Uhm, bueno… tendría un yate nuevo.— Bromeo entre risitas. Alza las cejas con expresión misteriosa en su rostro al escuchar la pregunta que se le ha dado vuelta hacía ella. Suelta un suave jadeo cuando él la agarra firmemente de la cintura, pegandola mas a él. Sus manos se van a los brazos ajenos en un instinto. —Oliver Baker… ¿intentas ponerme nerviosa para que te confiese mis pervertidos gustos sexuales?— Inquiere con tono jueguetón. —En realidad venía a otro departamento, tengo un informante aquí que debía darme datos sobre un ataque. Pero me he perdido en el camino.— Murmura mordiendose el labio inferior.
Su mirada se posa fijamente en los ojos claros del omega. Si, se arrepiente, tal vez igual que ella. —Me gusta que al menos lo hagas ahora… nunca es demasiado tarde. O eso dicen.— Murmura al igual que él, como si de aquella forma todos los extraños que los rodeaban no se enteraran de lo que ocurría, como si a alguno le importara. Sintió una oleada de calor cuando una mano subió hasta su mejilla, acariciandola y avanzando hasta hacerla entreabrir los labios de los cuales se escapó un suspiro. Su corazón latía a mil por hora, sentía calor, como si hubiera estado días caminando bajo un desierto y su boca, sus labios, fueran agua en el medio de la arena. Sus ojos se entrecerraron mientras lo escuchaba. Un secreto entre ambos, la oferta era muy tentadora, sin lugar a dudas. Y mentía si decía que no quería, porque venía queriendo sentir sus labios oprimidos por los ajenos desde hacía rato, quería sentir de nuevo lo que solo él había sabido transmitirle. El rostro de Oliver avanza y acaricia apenas sus labios, rozandolos con los propios. Siente sus piernas temblar y su corazón va a estallarle. —No juegues conmigo, Ollie… sabes que pierdo, siempre perderé.— Le implora mirándolo a los ojos en gesto suplicante. —Bésame… bésame si realmente lo sientes.— Murmura y lleva la mano de Oliver que esta sobre su rostro al centro de su pecho, sabe que no haría falta que lo sintiera bombear, que con solo escuchar lo notaría. —Bésame si también sientes que se te saldrá el corazón en cualquier momento… si no… no lo hagas, no me obligues a caer sabiendo que no estarás para atraparme.— Sus palabras ruegan como si se estuviera arrodillando por su vida, no quiere sufrir mas aunque se lo merece, no quiere volver a caer por él sabiendo que la mañana siguiente le pertenecera a otra y volverá a sus brazos mientras ella vuelve a su soledad.
Presiona los labios con fuerza en una mueca. Sabe bien lo que siente en ese momento... La sensación de no poder proteger a todos. Freya era una cazadora... Una que venía de familia importante, Oliver se imaginaba que esa vida era muy difícil de dejar atrás aunque sus padres ya no estuvieran allí para influenciarla. De dónde se proviene es importante, él lo sabía mejor que nadie. Aún conservaba las lecciones de Rose, su actitud despreocupada, y el aspecto sobreprotector de Pat con su familia. -No necesitas aliados. Se vio con animo de intervenir aunque lo hacía a ciegas, no tenía ni idea de lo que era el mundo de los cazadores y lo importante que eran las alianzas entre ellos... Al igual que pasaba con las manadas de lobos. -Me tienes a mí. Sacudió la cabeza. -A nosotros, a todos, eso debería de ser suficiente... Nos protegeremos los unos a los otros, como una familia. Susurró y la tomó por el rostro, acercándola a él... Pero se detuvo al escuchar su comentario. Medio sonrió y la soltó, negando con la cabeza rotundamente. -No existe correa en este mundo lo resistente para atar a Oliver Baker. Bromeó aunque acto seguido se arrepintió de ello. Esa correa debían de ser sus sentimientos por Margo, se había prometido serle fiel, tener una pareja como dios manda... Pero resultaba complicado con la cazadora tan cerca, Freya siempre despertaba algo dentro suyo que no podía acabar de reprimir.
Volvió su mirada a la rubia. ¿De verdad le estaba preguntando aquello? Le dio un golpecito suave en la nariz. -No me arrepiento de esa y de ninguna otra noche. Automáticamente sabía que eso no era del todo cierto... Bajó la mirada, apenada. -Bueno... Sí de una en concreto... De lo que te dije... Cerró los dientes con fuerza. En la isla, en la luna de sangre... Pasó la mano por la zona dónde había clavado sus garras con toda la intención de hacerle daño. -Lo siento... No importa cuantas veces lo diga, no serían suficientes... Pero lo siento mucho, Freya.
Le había dado muchas vueltas al tema de Jill, tantas que no tenía una idea fija o una clara posición a ello. -Hay una razón para que bloquee esa parte de su vida, seguro que la hay. Asintió despacio y con dolor. ¿Qué le podría haber pasado para salir tan herida...? ¿Para querer olvidar hasta a su familia, a sus verdaderos padres? -La decisión tendría que ser de Jill... En eso no deberíamos meternos, por mucho que queramos protegerla. Por suerte la coyote nunca había manifestado el hecho de querer averiguar acerca de su pasado.
Las razones de que se encontraran allí, en aquella fiesta, habían dejado de importar... Oliver solo podía pensar en aquella cercanía, en aquel momento que se estaba dando entre ambos. Escuchó perfectamente el corazón acelerado de la cazadora, iba al mismo ritmo que al suyo propio, cuando sus labios se rozaron ligeramente sin llegar a tocarse del todo. -Esto no es un juego. Susurró buscando su mirada con los ojos. Había dejado de serlo. No era un coqueteo... Sino que había una intención clara, sin juegos, sin competiciones para ver quién decía antes.
Alza las manos que Freya ha colocado sobre su pecho. No le es necesario para escuchar el bombeo de su corazón, su oído es fino y reconoce lo rápido que palpita... Como antes, como antes de que las cosas se torcieran entre ambos. Las manos del Omega se cierran sobre el rostro de la cazadora y vuelve a rozar sus labios contra los suyos, aún está indeciso... Aún no sabe dónde se está metiendo... Y sabe, muy bien, que lo que va a hacer no es del todo correcto. Pero se siente bien, se siente bien volver a esas sensaciones... A ese aspecto de su vida... Además puede ser un secreto. Entre ambos. Que quede como anécdota...
Pasó una de sus manos a la nuca de Freya y acabó por acercarla, acortando la distancia que quedaba entre ambos. Presionó los labios contra los suyos, saboreándolos como antaño. Primero fue un beso que supo a nostalgia, recordando lo mucho que había añorado aquel contacto... Pero rápidamente todas las emociones y deseos estallaron dentro de él. Entreabrió los labios buscando profundizar en el beso mientras la mano libre vagó hasta la cintura de la cazadora y acercó su cuerpo al suyo buscando más cercanía.
Garrett Hedlund || 2012 vs 2005
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Garrett Hedlund: Filmography
{Peabody Essex}
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-Por supuesto. Sonrió esta vez de un modo más travieso mientras arqueaba una ceja y le acariciaba en uno de los brazos. Dio un respingo al notar como deslizaba la mano tras la nuca y aunque esperó paciente, el beso aún no estaba por producirse. -Te he estado siguiendo… Hasta aquí incluso a Salem. Tienes a la mejor acosadora, ¿qué más puedes pedir? Bromeó, siguiendo el juego que él había iniciado.
-Pero sí, desilusiónate… No eres tan especial como para tener a una groupie. Le dio un toque en la nariz como él había hecho y alejó su rostro del suyo cuando intentó acercarse. -He ganado el concurso y no tenía ni idea de qué tú también venías hasta que te he visto en el aeropuerto. Pero por razones obvias Ellie no había acudido a saludarle, no con Rose pisándole los talones. No tenía ni idea de si la Omega se olía o no que la había estado engañando durante este último año, pero no tenía intención de averiguarlo… Sobretodo porque ella tenía más experiencia descuartizando gente que Ellie, quién no había matado jamás a nadie.
Finalmente ese beso que había esperado tanto se produjo. Pat se acercó más a ella y esta vez no rehusó, unió sus labios con los de él en un beso de bienvenida que resultó ser tierno y cálido. No era lo que había esperado, pero no estaba mal para empezar.
La pelirroja se separó de él y lo miró a los ojos. Mantenía una expresión traviesa en el rostro y Ellie arqueó una ceja, retrocedió unos pasos mientras lo arrastraba cogido de la mano en dirección a la entrada del museo. -No lo sé… A lo mejor después puedes darme un premio mucho mejor. Le incitó mientras lo arrastraba dentro del edificio, un lugar no muy concurrido y que ofrecía un perfecto momento para ambos.
-¿Has dejado a Oliver con tu madre? Le preguntó con curiosidad y se detuvo para escuchar con atención la respuesta. Solo había visto al pequeño Baker un par de veces, seguramente él ni la recordaba a ella. La memoria de los niños era tan volátil… -¿Cómo lo está llevando?
Ellie le correspondió el beso que no fue más allá de una caricia tierna y dulce, cálida que le recordaba lo que era estar con alguien por el simple hecho de querer... No porque tuviera una responsabilidad sobre esa persona. Se separó de ella y la contempló con ensoñación. Su rostro era más redondeado que el de Rose, Ellie tenía unos ojos enormes y preciosos de un color azul intenso. Ambas eran pelirrojas, pero el de la coyote caía más largo de sus hombros en cascadas de rizos y ondulaciones. -Me hubiera gustado hacer este viaje contigo, solos. Le reconoció, olvidándose de aquel juego que ambos habían iniciado.
Si pudiera cambiar cosas de su vida... Pero ya no estaba en su mano. Estaba entre la espada y la pared, sin salida, sin solución. Ellie era una brisa fresca para su vida... Pero no un remedio para todo, no podía darle aquella responsabilidad a ella.
Entrelazó sus dedos con los de Ellie y la siguió dentro del edificio sin cuestionarse. El museo ya le había dejado de importar... Así que sus ojos únicamente se posaban en la pelirroja que enérgicamente lo arrastraban haciéndole de guía. -A lo mejor después me pienso un premio mucho mejor. Bromeó con otro guiño de ojo...
...y aunque le hubiera gustado, ambos sabían que no iba a ser posible. Era arriesgarse mucho a que Rose pudiera notar algo diferente.
Ellie se detuvo de repente y Pat se quedó quieto, rodeándola con los brazos. -Sí, Ollie está con mi madre... No le ha hecho especial ilusión, pero era nuestra única baza. Ni a Rose ni a su hijo parecían caerle bien la banshee anciana... Era verdad que era muy estricta y con las ideas muy firmas y cerradas, pero no era una mala mujer. Patrick la apreciaba y quería mucho, como madre suya que era. Suspiró ante su última pregunta... -No lo lleva. Resopló y movió la cabeza. -Oliver no sabe como es su madre... Él la idolatra, solo sabe ver el exterior... La Rose que todos adoran, la Rose de la que me enamoré. Podía ser franco con Ellie, ella lo conocía bien... A él y a la situación en la que se veía metido. -Quizás es mejor así... Que no la vea como un monstruo, después de todo es su madre.