Aristóteles afirmaba que toda persona posee ciertas potencialidades, es decir, capacidades latentes que aún no se han manifestado. Ponía como ejemplo el ser músico: aunque alguien no sepa tocar un instrumento, tiene en potencia la capacidad de hacerlo. Esa potencialidad se convierte en acto o realidad a través del aprendizaje, la práctica y la experiencia. Así, el talento no es únicamente un don innato, sino el resultado de cultivar y actualizar lo que ya existe en nosotros.












