La noche que las conocí debí suponer que lo haría, porque 《ellas》 siempre llegan en ese momento en el que yo estaba, en el que una abandona las expectativas sobre el otro.
Ellas no han necesitado un manual de instrucciones para saber con qué intensidad, dónde ni cómo tratarme. Mi relación con ellas es ascendente puesto que conforme sumamos recuerdos estos son cada vez mejores.
Son viento de seda que aviva mi fuego.
Son hamaca que se amolda a mi ser, donde puedo hacerme pequeñita.
Son hogar por la calidez y sensibilidad que me impregnan.
Son el sol matutino ése que calienta pero no quema, el que recarga las energías y dirige al agradecimiento de estar aquí y ahora.
Son cuna, la noche que nos conocimos me sujetaron y yo confié porque ¿Qué es lo mejor que podría pasar?
Lo que más me gusta de ellas es no saber qué otras aventuras tendremos juntas, qué otras locuras llevaremos a cabo, lo que pueden enseñar y mostrarme, en otras palabras lo que más me gusta es lo que no conozco de ellas y que las hacen ser lo que hoy valoro.
Esta cápsula de tiempo invertida.