Tras una larga estadía en la capital chiapaneca llegaba la hora de cambiar de estado. Oaxaca nos estaba esperando.
Nuestra primera parada la hicimos de la mano del Colectivo Ayuuk con quienes meses antes habíamos hecho nuestra primera colaboración transoceánica. Este colectivo está asentado en la sierra Mixe de Oaxaca en el municipio de Tamazulapam, un lugar donde los políticos no tienen cabida, donde se organizan en comunidad y por medio de asambleas debaten todo lo que concierne a sus tierras. Nos agradecieron nuestra colaboración regalándonos un gran día en la montaña, recogiendo hongos frescos y tomando el mejor pulque casero en lo alto de la cima.
Y llegó la hora del calor y la playita!!El mono de hacer surf lo veníamos arrastrando desde la costa caribeña. Con Kata Noi siempre presente, tabla en mano nos introducímos en las paradisíaca playa de la isla de Chacahua, donde el surf es protagonista las 24 horas del día gracias a su interminable ola.
Aunque abandonamos la isla a regañadientes Mazunte nos regaló las mejores y más completas vacaciones. Una semanita en la costa, haciendo un tour diario a las profundidades del pacifico, conociendo de cerca el comportamiento de animales tan increíbles como las tortugas y los delfines. Además tuvimos la suerte de ver orcas y la arribada de las tortugas para desova. Tras varios días recorriendo la costa, persiguiendo y grabando las mejores olas de Oaxaca, nos lanzamos de nuevo a la carretera. Sería nuestra última ronda de autostop en territorio mexicano. Pero, todo esto se podrá mucho mejor en el próximo video que actualmente estamos editando, ya que va a ser la crónica de nuestro roadtrip surfer.
La entrada en Guatemala no nos dejó indiferentes. Tras dos días de viaje de locura, en el cual llegamos a quedarnos colgadas en mitad de un peaje a las 10 de la noche de un domingo, llegamos al Talismán, pueblo fronterizo. Ajenas a cualquier imprevisto, pasaporte en mano regalamos nuestra mejor sonrisa a la agente aduanera. Quien con una sonrisa no tan simpática nos pidió que pagáramos 295 pesos por cabeza por haber estado más de siete días en el pais. Fue una gran y no grata sorpresa ya que en toda nuestra estancia mexicana nadie nos había avisado de que había que pagar un impuesto.
La escena aduanera se volvió algo turbia cuando las dos empezamos a contar nuestros pesos y no llegaban a 50 entre las dos.Nuestra simpática sonrisa se convirtió en miradas de,-qué hacemos?
Sólo nos quedaba una opción para poder llegar ese mismo día a Guatemala. Nuestra única opción consistía en cruzar la frontera sin sello de salida y hacernos las tontas. Llegamos a Guatemala y la agente aduanera nos dijo,-vayan a Mexico, no les han puesto el sello. Otr no desistió, se quedó impasible en esa ventanilla mirando a todos lados, sin decir nada, mudas. Y llegó el milagro. La señora de la aduana era muy fan del Real Madrid y del Barsa y los españoles le parecían muy simpáticos. Y cómo meras observadoras, una vez más alucinando con los momentos surrealistas que la vida nos regala cada día obtuvimos un sello que ponía fin a la frontera y nos dejaba continuar. Desde ese día nos planteamos aprendernos alguna alineación, por si las moscas.
-Ya estamos en Guatemala, solo nos ha costado cuatro meses y un sinfin de experiencias para llegar al país vecino. Las dos padecíamos mexiquitis termino inventado por otr referido a, sentimiento de pena que sientes al dejar un pais en el que has vivido grandes momentos y al que tienes mucho cariño.
Sin embargo, como buenas exploradoras encontramos lugares donde seguir navegando y colaborando. El Lago Atitlán, paraíso natural, que nos regalaba una vista nueva, un paisaje muy distinto. Un lago formado en el cráter de un volcán, rodeado de más volcanes y un hotelito entre las monstruosas montañas donde trabajamos y aprendimos el arte y la ciencia del bambú.
Nos convertimos en verdaderas chapuzas, arreglando las habitaciones del hotel, decorando y por supuesto tomando fotografías y videos para uso promocional del hotel. Y para financiar nuestra comida a base de arroz y frijol, truequeamos con la DOÑA, dueña de un restaurante a quien le diseñamos el menú versión inglés.
El hecho de estar en un pueblo pequeñito a orillas del lago y sin apenas turistas nos brindó la oportunidad de conocer más de cerca la cultura indígena de Guatemala que se palpa a cada paso, con los colores de las telas, las largas melenas y un idioma muy particular.
Pero una vez más México toca la puerta de OTR y aprovechando cada oportunidad nos lanzamos de nuevo a la travesía. Andele!!!