El suicidio como protesta
Para inmiscuirse en el mundo de las Ciencias Sociales, lo primero que hay que saber es lo siguiente: 1) que la objetividad que (dicen) existe en las ciencias duras, acá es impracticable; 2) que no existen verdades universales, sino teorías que pueden bajarse a tierra en determinados contextos.
Pero, me tomaré el atrevimiento de decir que si hay algo medianamente cercano a una teoría universal dentro de las Ciencias Sociales, es el estudio de Émile Durkheim sobre el suicidio.
Sin profundizar demasiado, para Durkheim, el suicidio no es producto de un mero desajuste emocional particular, sino que existen determinados factores externos al sujeto que lo empujan a que tome esa decisión. Es decir, alguien se suicida porque su vínculo con el medio lo indujo a ello.
Dice Durkheim: “El suicidio varía en proporción inversa al grado de integración de los grupos sociales a los que pertenece el individuo.” Dicho crudamente, cuánto menos incluido, más ganas de matarse.
¿A qué viene esto? A lo sucedido hoy en una sede de ANSES en Mar del Plata, en la que un jubilado de 91 años se pegó un tiro en la cabeza, luego de decir -según los que presenciaron el hecho- que “uno no puede vivir así”.
El titular de ANSES, Emilio Basavilbaso, tuiteó que “no hay que darle uso político a una situación tan personal y dolorosa”. Y, naturalmente, incurre en dos errores.
El primero es que el suicidio de ese jubilado es un hecho político en sí mismo. El hombre eligió matarse en una sede de la entidad que le pagaba la jubilación, y la razón fue, precisamente, que esa jubilación no le alcanzaba para solventar sus gastos. Entonces sí, es un hecho puramente político.
El segundo error es que dijera que es una situación “personal”. No, Emilio. No es una situación personal. Se mató delante de un montón de gente para que no sea una situación personal, sino para dejar un claro mensaje.
El suicidio de Favaloro también fue un hecho político e impersonal. No lo digo yo. Lo dijo él mismo en su última carta: “En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.” Y se mató.
Entonces, que quede claro: usar el suicidio del jubilado como un hecho político es lo que el muerto quería que ocurriera. El tipo no se mató porque se separó de una pareja. Se mató por lo mismo que Favaloro: por culpa de un gobierno hostil y de un Estado criminalmente ausente.














