Reflejo de un deseo. (cuento)
La imagen borrosa del atardecer campestre apareció lentamente ante mis ojos, al parecer me había dormido debajo de un árbol escuálido cerca de la cabaña; me estiré y bostecé. Decidí levantarme del suelo, sacudí mi ropa y me encaminé hacia la casa que se encontraba a unos pocos metros de mí.
Mientras avanzaba por la tierra seca, sentí una vibración parecida a la de un galope detrás de mí, y como un rayo, una sombra pasó por mi lado derecho, causando una ráfaga de viento que movió mi camisa. Di un paso en reversa y puse mis brazos en mi cara para protegerme. Luego del suceso, forcé un poco la vista para ver mejor al misterioso ente, el cual resultó ser un caballo corriendo a toda velocidad hacia quien sabe donde. Aunque naturalmente me asusté, no me extrañó en lo absoluto, ya que por ahí había un establo lleno de esos animales. Seguí caminando, indiferente.
Cuando logré llegar a la madera de la entrada y atravesar la puerta, aún somnoliento, fui a la cocina para alimentarme. Me senté al lado de la ventana a engullir la cena, solitario. Bueno, esa era una de las consecuencias de no haberse casado nunca.
El sol todavía no se dignaba a esconderse, eran casi las 9 pm y debía descansar, ya que me esperaba otro día agotador. Me mentalicé y recogí el único plato sucio, después, me marché a mi habitación, igualmente vacía. Al entrar a ella, me dirigí a cerrar las cortinas de inmediato, pero algo me detuvo.
Del establo que mencioné antes, salía una luz multicolor, no como un arco iris, pero era hermosa. Me quedé embobado un rato mirándola, cada vez se hacía un poco más grande, pero llegó a un límite, fue entonces cuando decidí salir a husmear. Con temor en la mirada caminé lentamente hacia la estructura; levanté mi mano y la metí unos segundos dentro de ella, lo siguiente que ocurrió, sigue siendo un sueño.
La luz se volvió más brillante y a la vez, el doble de cegadora. Era una especie de proyector, ya que ahora la imagen multicolor se veía reflejada en toda la cabaña. De pronto, sentí nuevamente la vibración en el suelo, asumí que era otro caballo, y aunque no estaba tan equivocado, no era exactamente lo que se avecinaba. No tuve tiempo para reaccionar y detrás de mí, el establo entero salió libre por la puerta hacia la casa, milagrosamente, los animales me atravesaron como fantasmas. Cada uno de ellos saltaba hacia la supuesta proyección realizada, y cuando pareciera que chocarían con la madera y el metal, desaparecían sin explicación.
Yo, estupefacto, no me moví de mi lugar. Miraba con atención la escena sin saber como reaccionar, hasta que la vaga idea de ir con los caballos hacia un universo paralelo no me pareció tan descabellada, fue entonces cuando lo decidí: ¿Te quedas aquí, cumpliendo la misma rutina todos los días, en soledad ó mueres intentando algo inédito y único?. Caminé hacia la extraña imagen con ansiedad, y cuando toqué los mágicos colores, ya no era yo, no me sentía como yo. Por primera vez me sentí libre y acompañado, igual que aquellos caballos.
Cuento escrito por mi hija Natalia de 13 años :D
Imagen de Paco Navarro













