runninbarefoot:
Iba a negarlo, mentir descaradamente, pero parecía que el contrario ya se había alarmado y ni le dio tiempo a contestar, poniéndole un termómetro bajo la axila y cegándola con una linterna. Pestañeó varias veces, molesta ante la luz, y después le siguió con la mirada. Extrañamente, la preocupación del enfermero la hizo sentir mejor. Era su trabajo, obviamente, pero nadie nunca se había preocupado tanto por ella cuando estaba enferma, ni siquiera sus padres. Todavía se acordaba de cuando había contraído un catarro terrible y su madre se había limitado a dejarla con su niñera, la cual le había tenido que llevar a urgencias. Se rió un poco ante la insistencia del hombre, cogiendo el paquete de pañuelos que le ofrecía y sacando uno para sonarse los mocos, “Es Gracie”, le corrigió, mirándole con una pequeña sonrisa, “Y ni siquiera se tu nombre”. Después hizo una pequeña pausa, volviendo a mirar las cortinas que separaban su cubículo del resto de la sala mientras la sonrisa abandonaba sus labios, “¿Se han ido, verdad?”, preguntó con voz suave, un murmullo algo triste, la resignación notándose en su voz.
Anotando la temperatura corporal de la marcada, decidió hacer que el antibiótico se dispensase de forma un poco más lenta; al fin y al cabo parecía que tenían la fiebre controlada. “Grace, disculpa. Soy un poco malo para los nombres. “ se rascó con suavidad la barba y le dedicó una amable sonrisa al tiempo que acariciaba su tobillo de forma inofensiva por encima de la sábana, siendo este un gesto para intentar subirle el ánimo. “Aquí todos me llaman Medem, pero tú puedes llamarme Dario. “ quizá teniendo un trato más cercano conseguía que su estancia ahí fuese mucho más agradable. Ahora se sentía mal por haberla juzgado tan rápido y en cuanto escuchó su pregunta, no pudo evitar tragaba saliva. Por fin entendía el motivo de sus lágrimas. Le gustaría entender el motivo por el qué sus padres se habían ido, pero no podía empatizar con la situación ya que sus propios progenitores siempre fueron muy atentos con él. Intentando salvar la situación, rascó la garganta y se hizo el despistado. “Oh, sí. Iban a hablar con el jefe, ya sabes, para ver si te podemos subir antes a una habitación y esas cosas...” en realidad no tenía ni idea de donde habían ido, pero sabía que en el hospital ya no estaban.








