“El poema vacío”
Amodorrado, con la visión levemente enturbiada, leve dolor de cuello y algo malhumorado, Alex despertó consciente de que no fue un mal sueño. El contacto con el Avatar fue real, ocurrió.
Sacudiendo la cabeza, se levanta de la mesa y se mete al baño para darse un regaderazo que termine de despertarlo. Mientras se enjabona, piensa en su socio y compadre, Carlos Lucio, que no ha reportado resultados de sus pesquisas en Monterrey.
—Ojalá el compadre no este perdiendo el tiempo en una de sus aventuras “viajeras”—pensó, mientras cortaba el agua y salía de la regadera.

















