Madrí, ser y padecer.
Hay quien dice que no existe eso de ser de Madrí. Madrí es un fantasma. Un cuerpo inerte que es poseído en función de quién lo necesite. Lo necesitó la resistencia y fue exorcizada. Después el franquismo, y lo transmutó, lo volvió casi irreconocible, un monstruo de cuadrigas en las azoteas y plazas con nombres de militares. Después fue poseído para que alguien escribiera sobre libertad, sobre cultura de la libertad. Libertad de niños ricos y Underground con código de barras. Madrí es lo que sea que haga falta. Ser de Madrí es ser parte del cuerpo de un gigante sin espíritu, que da tumbos y miedo. Ser de Madrí es como ser del Madrí. Del Madrí y además de Madrí, ni siquiera en territorio hostil. Es como si todo tu sistema de valores, lo mucho o poco que hayas pensado sobre tu agencia política, tus acciones y creencias pudieran ser puestas en tela de juicio porque cantas goles de Cristiano Ronaldo de tanto en tanto. Suena absurdo pero no lo es. Yo mismo, que me ajusto a la descripción, sospecho profundamente de la gente que se dice de izquierdas pero es merengue. Algo tiene que ocultar, pues el Madrí va en contra de la idea misma de izquierda: no tanto por la repugnante pléyade de representantes que puebla el palco, mal del que están aquejados casi todos los clubes de fútbol, sino por aquello que viene a la cabeza cuando se habla del Madrí. Ganar siempre es el opuesto natural a ser de izquierdas. Y madrí hoy, gana.
Hoy más que nunca, el Madrí es como Madrí mismo, un gigante sin alma que asusta y que representa todo lo malo. Madrí es el 155. Son las banderas de España en los balcones, son 50 salas de conciertos para tres millones de habitantes, son teatros convertidos en H&M, es Airbnb. Madrí es como el Madrí mismo, grande, informe, implacable, antipático.
Madrí muy a mi, y nuestro pesar, ha desalojado a los espíritus disidentes que con más o menos fortuna habían habitado pequeñas partes de su anatomía durante los últimos tiempos. Ha expulsado de la idea misma de Madrí a los colectivos y personas que habían trabajado por lavar la cara del monstruo franquista que habían heredado, desde espacios alternativos, desde los barrios… Madrí se ha configurado de nuevo, como el epicentro de todo el mal, como el depositario del odio demente y fanático que estaba oculto en los espíritus de todo el mundo. Madrí vuelve a surgir como un titán implacable, vuelve a ser el monstruo de las cuadrigas y las plazas a militares. Hablar de Madrí hoy es hablar del Madrí de ayer, porque no se es de Madrí, Madrí es, y se habita.
Antes de ayer, Madrí, como el Madrí, fue lo contrario de lo que es hoy. Madrí gritó no pasarán, y peleó años. Peleaban por lo suyo, y suyo era también el Madrí. En el 36 el Madrí era del Frente Popular y Madrí era un frente popular. Y mientras peleaban, el Madrí era el equipo de la resistencia, y las buenas gentes del Madrí que resistía, querían creer que ganando el Madrí, Madrí ganaría. Y los valores de Madrí y del Madrí eran los mismos, como lo son hoy, pero eran al revés. Porque no ganaron. Y arrancaron de cuajo del corazón de las personas que resistieron los motivos por los que sentir su ciudad, y Madrí se convirtió en una jaula, y ya no se pudo ser de Madrí y ser del Madrí y resistir al mismo tiempo.
Madrí es lo que es porque dejó de ser lo que fue. Madrí fue, como fue el Madrí el equipo de la resistencia y hoy es el equipo que gana y gana y no sufre y no pierde, y no tiene alma. El 3 de Junio de 2016 el Madrí juntó 12 copas de Europa. El 3 de Junio a la misma hora y en Madrí, Ruiseñora debutaba, recuperando el amor oculto en las ciudades monstruosas y en los pueblos y en las voces de aquellas que cantaban cuando el espíritu que aún gobierna Madrí mostraba su cara y ganaba y ganaba y no sufria y no perdía, como hace ahora. El 22 de Octubre de 2017, Madrí ultimaba las medidas para aplicar la ley de su fantasma en Catalunya. El 22 de Octubre a la misma hora se juntaban en Madrí los cuerpos de quienes no querían creerse qué es Madrí.
Y al final ser del Madrí, es como ser de Madrí. Porque Madrí, hasta cuando llena las calles para poseerse a sí misma, sigue siendo un cuerpo inerte. Una potencia infinita que a veces rozamos y que nunca poseemos. Un equipo que gana, y solo gana. Una escena que no se convence a sí misma. Y así, aunque me duela, soy del Madrí. Y aunque me duela más, soy de Madrí. Soy porque fueron y no nos dejan ser, soy porque padecemos. Soy porque no quieren que sea. Soy porque ser de Madrí, como ser del Madrí, es mi manera de no resignarme.












