#NowPlaying: "SEASON 2 EP. 92" by teeoh

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#NowPlaying: "SEASON 2 EP. 92" by teeoh
Ever have that random moment where you remember something thought as a kid? I swore the 'fl' for 'fluid' like 'fl oz' for 'fluid ounces' was 'flow' because both gasses and liquids flow. It wasn't until I was about 15 before someone finally told me it's for 'fluid' and I was actually floored. People, teach your kids or even other people what the hell the acronyms actually are because they will either come up with some dumb shit like that or just assume the acronym doesn't stand for anything and is just the name of it.
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DCN Video Pick: STYX by FLOZ // The film is a sensual and minimalist representation of the Styx, the mythological hell’s river. A metaphor about how we embrace our demons and how ideas, social contexts or states of mind can stick us into immobility. Being trapped in a condition infiltrate our subconscious, which constrain us to step forward. The river still flows in each of us and the battle to free ourself from this struggling, will never end. Model : Elie Kouka Make-up : Vanessa Bellini Image : Amine Berrada/Etienne Larragueta Directed by FLOZ Music : Darkside - Metatron
Madrí, ser y padecer.
Hay quien dice que no existe eso de ser de Madrí. Madrí es un fantasma. Un cuerpo inerte que es poseído en función de quién lo necesite. Lo necesitó la resistencia y fue exorcizada. Después el franquismo, y lo transmutó, lo volvió casi irreconocible, un monstruo de cuadrigas en las azoteas y plazas con nombres de militares. Después fue poseído para que alguien escribiera sobre libertad, sobre cultura de la libertad. Libertad de niños ricos y Underground con código de barras. Madrí es lo que sea que haga falta. Ser de Madrí es ser parte del cuerpo de un gigante sin espíritu, que da tumbos y miedo. Ser de Madrí es como ser del Madrí. Del Madrí y además de Madrí, ni siquiera en territorio hostil. Es como si todo tu sistema de valores, lo mucho o poco que hayas pensado sobre tu agencia política, tus acciones y creencias pudieran ser puestas en tela de juicio porque cantas goles de Cristiano Ronaldo de tanto en tanto. Suena absurdo pero no lo es. Yo mismo, que me ajusto a la descripción, sospecho profundamente de la gente que se dice de izquierdas pero es merengue. Algo tiene que ocultar, pues el Madrí va en contra de la idea misma de izquierda: no tanto por la repugnante pléyade de representantes que puebla el palco, mal del que están aquejados casi todos los clubes de fútbol, sino por aquello que viene a la cabeza cuando se habla del Madrí. Ganar siempre es el opuesto natural a ser de izquierdas. Y madrí hoy, gana.
Hoy más que nunca, el Madrí es como Madrí mismo, un gigante sin alma que asusta y que representa todo lo malo. Madrí es el 155. Son las banderas de España en los balcones, son 50 salas de conciertos para tres millones de habitantes, son teatros convertidos en H&M, es Airbnb. Madrí es como el Madrí mismo, grande, informe, implacable, antipático.
Madrí muy a mi, y nuestro pesar, ha desalojado a los espíritus disidentes que con más o menos fortuna habían habitado pequeñas partes de su anatomía durante los últimos tiempos. Ha expulsado de la idea misma de Madrí a los colectivos y personas que habían trabajado por lavar la cara del monstruo franquista que habían heredado, desde espacios alternativos, desde los barrios… Madrí se ha configurado de nuevo, como el epicentro de todo el mal, como el depositario del odio demente y fanático que estaba oculto en los espíritus de todo el mundo. Madrí vuelve a surgir como un titán implacable, vuelve a ser el monstruo de las cuadrigas y las plazas a militares. Hablar de Madrí hoy es hablar del Madrí de ayer, porque no se es de Madrí, Madrí es, y se habita.
Antes de ayer, Madrí, como el Madrí, fue lo contrario de lo que es hoy. Madrí gritó no pasarán, y peleó años. Peleaban por lo suyo, y suyo era también el Madrí. En el 36 el Madrí era del Frente Popular y Madrí era un frente popular. Y mientras peleaban, el Madrí era el equipo de la resistencia, y las buenas gentes del Madrí que resistía, querían creer que ganando el Madrí, Madrí ganaría. Y los valores de Madrí y del Madrí eran los mismos, como lo son hoy, pero eran al revés. Porque no ganaron. Y arrancaron de cuajo del corazón de las personas que resistieron los motivos por los que sentir su ciudad, y Madrí se convirtió en una jaula, y ya no se pudo ser de Madrí y ser del Madrí y resistir al mismo tiempo.
Madrí es lo que es porque dejó de ser lo que fue. Madrí fue, como fue el Madrí el equipo de la resistencia y hoy es el equipo que gana y gana y no sufre y no pierde, y no tiene alma. El 3 de Junio de 2016 el Madrí juntó 12 copas de Europa. El 3 de Junio a la misma hora y en Madrí, Ruiseñora debutaba, recuperando el amor oculto en las ciudades monstruosas y en los pueblos y en las voces de aquellas que cantaban cuando el espíritu que aún gobierna Madrí mostraba su cara y ganaba y ganaba y no sufria y no perdía, como hace ahora. El 22 de Octubre de 2017, Madrí ultimaba las medidas para aplicar la ley de su fantasma en Catalunya. El 22 de Octubre a la misma hora se juntaban en Madrí los cuerpos de quienes no querían creerse qué es Madrí.
Y al final ser del Madrí, es como ser de Madrí. Porque Madrí, hasta cuando llena las calles para poseerse a sí misma, sigue siendo un cuerpo inerte. Una potencia infinita que a veces rozamos y que nunca poseemos. Un equipo que gana, y solo gana. Una escena que no se convence a sí misma. Y así, aunque me duela, soy del Madrí. Y aunque me duela más, soy de Madrí. Soy porque fueron y no nos dejan ser, soy porque padecemos. Soy porque no quieren que sea. Soy porque ser de Madrí, como ser del Madrí, es mi manera de no resignarme.
El Millenial-ismo va a llegar.
“¡Hablamos del mileniarismo, cojones ya!”, gritaba Fernando Arrabal; alcohol, medicamentos y cocaína mediante. “¡Estamos hablando del apocalipsis y hablamos del mileniarismo!”, espetaba sin tregua a una mesa de dinosaurios con barba y pipas y monóculos. “El mileniarismo va a llegar”, añadía suavemente, para volver a gritar de nuevo “¡Déjame hablar: deja hablar a la minoría silenciosa!”. Sánchez Dragó, con ahínco, trataba de tenderle la mano a Fernando, que díscolo, iniciaba una danza etílica y grotesca por todo el plató, sentándose en la mesa, cayéndose por el fondo del decorado, haciendo ruidos fuera de plano. Desde pequeño me interesaron este tipo de situaciones, violentas, incómodas, posthumorísticas tal vez. Esta famosa escena, historia de la televisión española, disparó en mi atormentada mente un sinfín de pensamientos entrecruzados y sensaciones que se repetirían a lo largo del tiempo, casi siempre gracias a la tele: cuando Jesús Gil -nuesto Madiba- presentó en sociedad a Furia el cocodrilo, o cuando entró en el vestuario del Atlético de Madrid al grito de “¡Al negro hay que cortarle el cuello!”, o cuando Patricia habló con el chico que fumaba un paquete al día para hacerse el chulo. La conclusión solía ser la misma: o todo aquello era una especie de broma cósmica y por tanto, asistíamos a un milagro tras otro, momentos diseñados por una inteligencia infinita y bondadosa que solo quería que disfrutáramos, o realmente estábamos observando sin justificación ni remedio procesos azarosos, inconexos y por tanto no éramos más que unos espectadores idiotas, ávidos de narrativas mediocres de las que hablar a la mañana siguiente en la vida real.
Partimos del acuerdo de que internet ha transmutado por completo los procesos de visibilización. Lo que antes era underground ahora tiene canales suficientes para alcanzar a un número de personas inabarcable. Los espacios que antes generaban discursos de alteridad, ahora están insertos en redes comunicativas masivas, y cuando hablamos de cultura -y especialmente de música- cada vez nos cuesta más delimitar los marcos, etiquetas, parámetros taxonómicos y de observación sobre los que se fundaron nuestros criterios.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, realmente creo que algunos procesos fascinantes que se están desarrollando ante nuestros ojos, son fruto de la relación que internet ha propiciado entre las nuevas heurísticas y el hambre insaciable de nuevos contenidos y nuevas narrativas de las que hablar a la mañana siguiente en la vida real. Todo lo que huela a nuevo, a auténtico, todo lo que nos recuerde vagamente a las escenas mitológicas, a los bares con olor a humedad, a Nosolomúsica y a los mitos fundacionales de nuestra condición humana, se convierte en objeto de deseo, de reflexión. Y a veces, me cuesta distinguir el interés genuino por una manifestación cultural concreta, con el simulacro de narración work in progress que se genera a través de las visitas, las suscripciones y los links pegados en los muros de facebook de personas y personajes relacionados con lo underground. ¿Dónde acaba el interés y empieza el espectáculo? Cuando vi el vídeo de Arrabal por primera vez, no me quedó claro si aquello era una broma o iba en serio. Después pensé que Arrabal era un personaje que él mismo había creado y que esa escena era una de las tantas que había escrito a lo largo de su historia. Hoy pienso que llevaba un ciego de aquí te espero, ni más ni menos. Y aunque me escuece, aunque este tipo de pensamientos que aparecen como el demonio de los dibujos animados sobre mi hombro derecho son el paso inexorable a una vejez aburrida, solitaria, vinagrera y polvorienta, no puedo parar de pensar que simplemente, fuimos, somos y seremos unos espectadores idiotas, ávidos de narrativas mediocres de las que hablar al día siguiente en la vida real.
Como diría la Romántica Banda Local: No me gusta el Trap. Y no me gusta, no porque no lo entienda -aunque tal vez también hay un poco de eso-. No me gusta, porque en el fondo, aunque me duela, no termino de fiarme de los criterios colectivos, de las narrativas que han colocado al trap en el foco de todos los intelectuales digitales. No me creo que la gente del trap tenga idea, intención, carisma o talento. ¿Es innovador? Tal vez sí, pero en otras músicas, se están llegando a lugares parecidos a los alcanzados desde el trap, trabajando en casa, autoproduciéndose, haciendo investigaciones sonoras de todo tipo, y no están en boca de todo el mundo. ¿Fresco tal vez? Estamos en las mismas, si la juventud per se es un valor, hay chicas de 15 años que cacharrean con editores de audio en el móvil, que escriben cosas interesantes en Facebook, son retwiteadas por 450.000 usuarios y no aparecen en las conversaciones de El País, como portavoces generacionales o como depositarias de la juventud líquida y eterna a la que estamos condenados la mayoría. ¿Es auténtico? No hay nada más auténtico que Gil sujetando un cocodrilo de 25 centímetros delante de una manada de fotógrafos atado con una cadenita de oro, por ahí no me pillan. En cualquier caso, me confieso: nunca me gustó el Hip-Hop. Lo que sí que me gusta del Trap, es la sensación de rabia que me da el hecho de que al Trap le de completamente igual que a mí, con mis estudios y mis chorradas me guste o me deje de gustar el Trap. Me gusta porque me hace pensar. Pensar cosas tan perversas como que yo estoy por encima de esos usuarios que postean, y postean, y aman y comparten y no odian nada, y todo les parece genial e innovador y fresco y auténtico y son espectadores idiotas, ávidos de narrativas mediocres de las que hablar al día siguiente en la vida real. El millenial-ismo ha llegado, Fernando Arrabal, ya lo creo que ha llegado. Échate a un lado y deja hueco para otro personaje viejo, ridículo y atropellado por la realidad que voy de camino.
Wow #floz https://flozflozfloz.bandcamp.com/releases