3.3 El otro. ¿Cómo me relaciono con el otro? Tolerancia vs Hospitalidad
Tolerancia, se asocia con la idea de "soportar", hace referencia al grado de admisión, frente a todo lo que es contrario a nuestras costumbres, es que, a un que el otro sea muy diferente a mí, al otro "hay que tolerarlo" porque el otro es un prójimo, hay un principio de proximidad que hace del prójimo alguien cercano, un prójimo es alguien próximo, que por ello se vuelve uno de los propios, pero en ese acto, pierde su otredad. La tolerancia, nunca termina de alcanzar completamente al otro, ya que el problema no es el prójimo, sino el distante, el ajeno, el extraño, el extranjero, aquel que queda completamente fuera de lo propio, aquel cuya presencia nos amenaza, nos pone en peligro. Su diferencia nos desestabiliza; por ejemplo, si invito a alguien a mi casa, y se porta en consonancia con mis costumbres, no hay ningún problema, pero si el invitado viene con sus propias costumbres, se me abren dos opciones, o lo tolero, o lo echo, y en ambos casos, lo niego como otro.
Problemas de la tolerancia:
1. El que tolera siempre ejerce el poder, tolerar es expandir los límites de lo posible, pero los límites los sigo poniendo siempre yo. ¿No debería la tolerancia tolerar lo intolerable?
2. El que tolera se vuelve portador de la racionalidad, y el intolerante alguien primitivo. La tolerancia se presenta como un acto de civilización y paz, mientras que la intolerancia como salvajismo, barbarie, guerra. En nombre de la tolerancia se han generado los peores dispositivos de exclusión, ser intolerante con el que se cree que es intolerante ¿no es traicionar la tolerancia?
3. Es una relación por la negativa que nunca se abre al otro. ¿Si tolerar es soportar? ¿No es siempre negativa siempre mi relación con el otro, en el sentido de tener que aguantar su diferencia en lugar de involucrarme en ella? Tolerar en lugar de abrirme a la diferencia no me transforma, pero sobre todo, no transforma al otro, se lo sigue subordinando.
Así la tolerancia no resuelve la cuestión del otro, pero entonces ¿Cómo me relaciono con el otro sin suprimirlo? ¿Cómo no caer en una paradoja?... el verdadero otro, no es aquel del que me apropio, si no un radicalmente otro, como diría Derrida, ya que escapa a cualquier parámetro, en lo incomprendido, en lo que me excede, lo insoportable, el otro es siempre un monstruo ya que lo monstruoso expresa mejor que nadie la idea de lo que no encaja, al monstruo le temo, me siento en peligro, temo verme invadido, desapropiado, salido de lo propio.
La otra manera de relacionarme con el extraño es desde la hospitalidad.
En el recibimiento hospitalario se abre la puerta al extranjero, pero ya no condicionándolo como en la tolerancia, la hospitalidad implica la existencia de una diferencia radical, el otro ya no es un igual, si no un diferente. Es necesario, como plantea Lévinas que el otro sea una exterioridad irreductible al sujeto, abrirnos a él, es ir en contra de nosotros mismos.
La hospitalidad no resuelve la cuestión del otro, pero nos enseña a des apegarnos a nuestro yo, de nuestro ego, asume que nuestro vínculo con el otro es imposible, pero re significa esa imposibilidad en la posibilidad de transformarnos a nosotros mismos, de entender que en definitiva todos somos extranjeros, todos somos otros.