“No, no, nada de eso. Me refería al carrusel.”
“Ajá... Sabes, estoy comenzado a dudar de tu sanidad mental, Dom”.
Cosimo Galluzzi

Origami Around
wallacepolsom

Andulka
RMH

titsay

JBB: An Artblog!
Xuebing Du
noise dept.
No title available
taylor price

tannertan36
One Nice Bug Per Day
No title available
YOU ARE THE REASON
Stranger Things
KIROKAZE
Jules of Nature

blake kathryn

⁂

seen from Switzerland

seen from Azerbaijan

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia
seen from United States

seen from United Kingdom

seen from Mexico
seen from T1

seen from Poland
seen from Finland

seen from Armenia
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Germany
seen from United States

seen from Russia
@princesacailin
“No, no, nada de eso. Me refería al carrusel.”
“Ajá... Sabes, estoy comenzado a dudar de tu sanidad mental, Dom”.
Príncipe Markhus.
❝ creo que te verías simplemente tierna en ese disfraz o si eres más atrevida, te puedes ir por vampiresa sexy, ese igual te quedaría. ❞
“¿Sexy dices? Uhm, creo que no. Eso de ser sexy no es lo mío. Creo que me quedaré con la faceta tierna. De todas formas, gracias por tus eh… asesoramientos de moda”.
Príncipe Santiago.
‘ Que profunda eres, Cailin. No tenía idea que fueses así. ‘ Rió. ‘ No tengo ganas, además, ¿por qué debería estar asustado de una cosita tan tierna como ese toro?’
“Cuidado y te ahogas en las profundidades de mi mente” bromeó. “Porque esa cosita pega que duele. Es… aterradora. Puede matarte si se lo propone”.
Príncipe Santiago.
‘ Te irás al infierno, acuerdate de mi. ‘ Apuntó a la chica con diversión, soltando una carcajada. ‘ Nah. No tengo ganas. ‘
“Santiago, ese es mi secreto. Ya estoy en el infierno” replicó, medio sonriendo. “¿No tienes ganas o estás asustado?”
Príncipe Santiago.
¿Y si te dijera que el dinero que te devuelva yo pondré el doble para la fundación? ¿Te haría cambiar de opinión?’
“Eh... no. Lo siento, pero no soy aficionada a recibir golpes solo por caridad. Aunque ¿por qué no lo intentas tú? Anda”.
Príncipe Markhus.
❝ ¿ diferente ?, perfecto. es perfecto, quizás podrías ponerte unas orejitas & pasar de murciélago, te verías realmente linda. ❞
“Bueno, sí. Nunca he visto a alguien con un disfraz así. ¿Tú crees? Creo que puedo conseguir una de esas orejitas. ¡Gracias!”
‘ Si duras más de cinco segundos sobre el toro mecánico te devuelvo absolutamente todo el dinero que has gastado en intentar conseguirlo. Lo prometo. ‘
“¿Sabes? Tampoco era como si estuviera desesperada por recuperar mi dinero. Puedes quedártelo” replicó, mirando con desconfianza el toro mecánico.
“Esto me recuerda a Mary Poppins.”
“¿El qué? ¿La feria? ¿Esa señora de allá? ¿La comida? ¿Qué?”
Príncipe Vladimir.
Se pasó los dedos por la frente un par de veces, su rostro frunciéndose. Quizás era mejor quedarse bajo un toldo y morir. —¿Segura?— Continuó. —Sería… sí, gracias—. Un analgésico sería bueno, claro que sí. Pero ¿quería que el dolor se fuera y pensar claramente? Nah.
“Ajá” asintió sin añadir nada más. “Bueno, ven” dijo, tomando su mano para tirar de él. “Mira, no te ofendas, pero tiene un aspecto horrible y solo estás llamando la atención de la gente” comentó, guiándolo al área de empleados donde se suponía que estaba las taquillas donde guardaban sus pertenencias.
Príncipe Vladimir.
Miró a todos lados, de alguna forma distinguió su nombre pero pensó que era debido al dolor de cabeza, finalmente le prestó atención a la menor, arrugando un poco el rostro.—No, la resaca me tiene sordo, supongo. Lo siento—. Se disculpo. —¿Qué sucede?—
Rodó sus ojos ante la respuesta del mayor, encontrándola tan detestable que quiso darle la espalda y marcharse. Pero Cailin no era así, no podía. Tomando una honda respiración, se limitó a negar. “Descuida” dijo. “Te preguntaba si querías un analgésico” repitió.
Seguía con resaca, el calor, el sol y el ruido no eran buena combinación. —Gracias, sí. Adelante. Disfrute y conduzca con cuidado, use el equipo necesario y por favor, si necesita ayuda venga conmigo, yo le ayudaré—. Sonrió, apenas prestando atención a lo que hacía. O a quién se lo decía.
“Eh, eh. Vlad” llamó, pero al parecer no la escuchaba. Y es que el ruido era tremendo en el lugar, lo que solo servía para hacer latir su cabeza. “¡Vladimir!” terminó por gritar, buscando llamar la atención del pelinegro. “Joder, ¿la edad no te deja escuchar o qué?”
❝ intentaré un estilo tipo dr. frank-n-furter para mi vestuario & maquillaje en la casa del terror, ¿ que opinas ? ❞
“Oye, ¡eso está increíble! Te verás... uhm... diferente. Yo opté por algo más sencillo; aunque puede que cambie de look”.
Príncipe Mateo.
Soltó una carcajada ante el comentario, mientras asentía. “Lo tendré en cuenta.” aportó, con tono divertido. “Por mí sería un honor cuidar de tus caballos. Debo admitir que no sé mucho de ellos, pero te ves lo suficientemente sana como para vivir un par de años más, seguramente tendré suficiente tiempo para aprender de ellos durante estos años.”informó con decisión, intentando mantener la misma seriedad que anteriormente, después de todo, probablemente para Cailin sus caballos eran como hijos. “¿Qué puedo decir? Soy una mala influencia.” se encogió de hombros, sin ninguna pizca de arrepentimiento en su voz. Además, le estarían haciendo un favor a la persona que había cocinado las galletas; se enfermaría si las comía a solas. “Creo que mi conducta se debe a mis malas juntas. Especialmente con cierta princesa… Se llama Cailin, ¿la conoces? Sí, ella fue quien me llevó por el mal camino…”
“Oh sí, tengo una plena y larga vida por delante. Yuju” masculló con sarcasmo, usando un tono de voz especialmente bajo. “Bueno, está bien. En los años que me quedan de vida me aseguraré que recibas la educación adecuada para que sepas tratar a mis bebés cuando yo ya no esté” asintió, hablando con bastante seriedad. “Oh sí, amigo mío; me he dado cuenta. Desde que mis ojos se cruzaron con los tuyos supe que estaba perdida” se lamentó con bastante dramatismo. “¿Malas influencias?” repitió, soltando una carcajada. “Me parece que te equivocas. Solo he escuchado cosas buenas de esa princesa. Dicen que es un Angel enviado del Cielo para iluminar el Mundo” replicó, aguantándose las ganas de volver a reír. “Yo que tú tendría cuidado con mis palabras”.
Dom asintió. “Descuida, estaremos aquí un tiempo, así que esos planes pueden hacerse después.” sonrió. Tras lo dicho por ella, el príncipe colocó una de sus manos sobre la frente de la chica, analizando la situación. “¿Quieres que llame a un médico?” inquirió, de inmediato adoptando la posición de hermano mayor que solía tener con Siobhan. “O puedo quedarme contigo, y así no te aburres.”
“Menos mal” suspiró más relajada, dejándose caer nuevamente contra sus almohadas solamente para volver a erguirse como un resorte y tomar la muñeca del hombre. “No, no. Por favor no, nada de médicos” suplicó asustada, mirándolo con sus ojos abiertos de par en par. “Sí, quédate, pero no le digas a nadie. No le digas a nadie” siguió suplicando. Lo que le pasaba seguramente no era nada, pues Cailin era propensa a que sus defensas flaquearan bajo su enfermedad haciendo que los refriados fueran más propensos para ella.
Príncipe Mateo.
“Ten cuidado, Cailin, porque un día tus zapatos van a desaparecer.” exclamó con toda confianza. No le importaba demasiado ganar, de todas maneras, veía aquello más como una broma que otra cosa. “Seguramente, quiero decir, somos hilarantes.” respondió con gracia. “Y hablando de eso, deberías hacerme el padrino de tus hijos. No sé si tienen de esos en tu país, pero básicamente, si mueres, yo me quedaría a cargo.” agregó. “Ah, qué bien.” fingió sentirse aliviado, mientras soltaba un suspiro. “Eso sería una barbaridad. ¿Quién cuidaría de tus hijos, entonces?” dramatizó, una gran sonrisa en su rostro. “Vamos a la cocina, entonces. Creo que vi a alguien hornear un par de galletas en la mañana. Seguramente no le harán mucha falta.”
“Bueno mira, ahora que lo dices, hay unos tacones naranja que no soporto en lo absoluto. Si van a desaparecer algunos de mis zapatos realmente espero que sean esos” se burló, sacándole la lengua mientras reía con una negación de su castaña cabeza. “Pues claro que sí. Si no hubiese sido princesa creo que me hubiese dedicado a la comedia” comentó como si nada. “Primero, creo que no tengo planes de tener hijos, la verdad. Aunque puedes ser el padrino de mis caballos. Si muero, quiero que alguien cuide de la descendencia de Azael y Roman” apuntó. “Te dejaría todo lo que poseo para que los mantengas cómodos, ya sabes. Y para que nunca les falte nada” añadió. “Sí, definitivamente no habría en el mundo mejor persona que tú para eso” le dio la razón con el mismo dramatismo. “Príncipe Mateo de Chile, cada minuto que pasa me sorprende más. Me está incitando a hurtar la comida de otro” fingió horrorizarse.
Príncipe Santiago.
‘ ¡Sonabas muy seria, Cailin! Definitivamente te hubiera ido bien si hubieras decidido irte por la actuación… ‘ Claro que se había creído las palabras dela contraria, ¿cómo no? si su expresiones contribuían a la seriedad de sus palabras incluso. Esperó a que la chica volviera, terminando de poner un par de almohadas para terminar el fuerte que entre ambos habían armado. ‘ ¡Pero has olvidado las zapatillas!’
“Ya, pero es que solo tengo dos brazos” replicó, levantando los mismos para señalar. “No podía con todo. Además, he cambiado de idea. ¿Qué si uno de los zapatos tiene... uhm... mal olor? Dañaría nuestro fuerte” comentó, haciendo una mueca de desagrado con sus labios. “Está mejor así. Ahora solo falta que vayas por la droga y comencemos el negocio” bromeó un poco, sonriendo levemente.