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No podía creer que estaba en Santo Domingo. Habían pasadomuchos años desde que los pies de los joven tocaron tierra Dominicana. Podía sentir como poco a poco todas sus preocupaciones desaparecían, sabía que aquellos días le servirían para hacer a un lado los problemas que había dejado en el internado. El sol brillaba, el aroma de bebidas preparadas con la brisa del mar era una excelente combinación. A diferencia de Inglaterra, en aquel lugar los rayos te daban directamente y sin darte cuenta te bronceabas. La rubia dejó el equipaje en su respectiva habitación, el cuarto lo compartiría con 3 de sus amigas más cercanas. Por fin la palabra descontrol estaba permitida y no había reglas que le impidieran divertirse de más. Después de instalarse y guardar cada una de sus partencias, Danielle comenzó a sentir nuevamente la presión. Automáticamente comenzó a buscar un encendedor y salió de la habitación para irse a fumar a la playa.
Gracias al cielo no estaba cerca ninguna de sus compañeras o seguramente le quitarían el cigarro ya que era “malo” para su salud. Comenzó a darle unas caladas expulsando el humo del tabaco lentamente por sus labios. Todo iba de maravilla, hasta que un surfista se le acercó, estaba a punto de pedirle que se alejara, cuando le comentó que cerca de ahí estaban regalando unos tragos. Tiró el cigarro a la arena y le siguió el paso hasta el supuesto lugar en el cual estaban ofreciendo alcohol gratuito. 1, 2, 3 y ….más tragos de una mezcla extraña entraron al cuerpo de Danielle. Se sentía más viva que nunca, no podía pensar con claridad, pero estaba segura que esos tragos eran maravillosos. La joven comenzó a bailar al ritmo de la música y se acercó a una persona desconocida. — ¡Deberías beberlo! Dicen que tiene la chispa Dominicana. — Ofreció de su trago al extraño que estaba en frente de ella mientras que continuaba moviéndose al ritmo de la melodía.
Las vacaciones de Primavera iban de maravilla para la pequeña cantante. Lo estaba disfrutando en grande, sin duda lo único que le faltaba eran sus mejores amigas que estaban en Nueva York, pero de ahí en fuera era perfecto. Sus mañanas eran especialmente en la playa, las tardes también o iba de compras, y las noches eran de fiesta. Había ocasiones en que ni siquiera llegaba a dormir a su habitación, pero gracias al cielo sus compañeras no preguntaban mucho. Esa parecía una de esas noches, pues se encontraba acompañada de una muchacha que había conocido en la playa y habían estado pasando el tiempo juntas mientras compartían bebidas, entre otras cosas. Incluso, había bailado un rato con ella y estaba a punto de dar el siguiente paso, cuando logró divisar a una rubia muy conocida en la distancia. Frunció el ceño, pues desde lejos se notaba el estado en el que estaba, y aunque ella misma estaba algo pasada de copas, Danielle la superaba por mucho. Apretó los labios formando una fina línea, su mirada se había quedado fija en su amiga y sintió la necesidad de acercarse. “¿Qué sucede?” preguntó la joven que la acompañaba. Zelda la miró unos segundos y negó con la cabeza.— Yo, eh... —Se relamió los labios. Probablemente se arrepentiría de aquello, pero decidió irse. No le agradaba para nada la idea de que la porrista estuviera sola con exceso de alcohol en su sangre. Tecleó con rapidez su número en el teléfono de la latina y se fue sin decir mucho, dejando a una confundida morena atrás. Se acercó a su amiga, topándose con su espalda y posicionó con cuidado sus manos en su cintura, para así llamar su atención.— ¿Qué hace una chica tan bonita en este estado y sola? —Bromeó con una sonrisa divertida. Técnicamente no estaba sola, pues estaba hablando con otra persona pero estaba 90% segura de que no la conocía. Esperó a que se diera vuelta para saludarla de la manera correcta.
No puedo creer que este un lugar así y aún no haya bebido nada. —negó repetidamente con la cabeza dramatizando sus palabras. Se dejó caer sobre el blanco sofa soltando un largo suspiro, miró a la persona que estaba sentada a su lado en la recepción del hotel y le dedicó una media sonrisa.—¿Me acompañarías por allí? Digo, es mejor que estar sentados aquí.
— Yo tampoco lo puedo creer —Respondió elevando las cejas y girando levemente para poder ver de mejor manera a su compañera. La había conocido no hace mucho en una situación bastante divertida, por lo que sonrió ante el recuerdo.— Claro que si. No puedes seguir sobria, Brooke, es como un delito —Expresó, poniéndose de pie y con un movimiento de cabeza le indicó que la acompañara.— Andando —.
— ¡No, déjame, por favor! ¡No lo hagas, por favor!—Los gritos de la muchacha eran inútiles, pues nadie atendía sus ruegos. Simplemente aquella persona con la que estaba conversando decidió jugarle una mala broma, y fue así como ella terminó nuevamente en la piscina. Para su suerte, estaba en traje de baño.—
Las risas de la cantante eran inevitables, solía hacer ese tipo de bromas aunque no siempre pensaba en las consecuencias. Sin embargo, esta vez no le había parecido tan malo.— Vamos Liv, no traes el traje de baño de adorno —Comentó entre risas desde su posición, en el borde de la piscina. Frunció el ceño ligeramente luego de parar de reír.— Espero que sepas nadar, porque no voy a meterme para sacarte de ahí... —.
WA: Te extraño, Zelda.
WA: Lo sé, lo sé. Prometo ya regresar a dormir con ustedes.WA: Es broma. Yo también te extraño.WA: ¿Dónde estás?
Se acomodó en el cómodo sofá donde se encontraba, con su teléfono en las manos. –Demonios, otra vez se acabó la energía—. Soltó con un bufido, en definitiva había ocasiones donde no podía detestar más el juego de Kim Kardashian, en especial aquellos cinco minutos que tenía que esperar para tener un punto de energía. Fue entonces cuando pudo sentir la presencia de otra persona, por lo cual alzó apenas la mirada. – ¿Te puedo ayudar en algo?—. Indagó de manera hostil, ladeando la cabeza.
La castaña no pudo evitar soltar una risa al escuchar a la joven y negó con la cabeza.— No, estoy bien —Respondió con diversión. Se acercó y se sentó a su lado.— ¿Qué haces? —Preguntó, mordiendo su labio inferior en un intento de reprimir una sonrisa que amenazaba con mostrarse y trataba de evitar para que la contraria no se molestara.
m o o d b o a r d; zelda hart + smoking
‘cause i can’t forget your ways, i still remember our first kiss, you got me nervous and tremblin’, smoking cigarettes at night;
35/100 → Favorite Pictures of Monchele
insp.
Glee Deleted Scenes
m o o d b o a r d; zelda hart
and the award for the most awkward and clumsy girl goes to...
can i sit next to you, girl? | zelda + danielle
Su vida siempre había sido una montaña rusa. Muchos creían que estar arriba de aquel podio significaba la gloria por unos cuantos segundos, sentir las cámaras y escuchar a las personas felicitarte por tu esfuerzo en realidad no importaba. Detrás de todo aquel espectáculo se encontraba una chica que deseaba ser como las demás. ¿Hasta qué punto? Podía sentir en sus brazos las heridas que se había hecho años atrás, en su sangre corrían sustancias que su entrenador le había dicho que la ayudarían a ser mejor que las demás. ¿No se suponía que su cuerpo era un templo? ¿Dónde quedaba lo real? La risa de Zelda hizo que automáticamente sonriera, la estaba dejando ver una parte de ella que muy pocos conocían. Sus pensamientos, sus ideas, su manera de ser, todo se concentraba en aquel lugar al que llamaba habitación. Agradecía que sus compañeras de cuarto no fueran exigentes, ya que ellas también aportaban ideas para decorar el lugar. —No me imagino la clase de compañeras que has de tener. —Vaciló y prestó atención a las palabras de Zelda. ¿Estrella de rock? Había escuchado vagamente que los padres la artista eran famosos, pero Danielle no estaba interesada en que la vieran como un más de sus “amistades” que estaban con ella por el simple hecho de querer saltar a la fama. —Gracias. Mi abuela es mi mejor cliente. —Sonrió suavemente al recordar que la única mujer que de verdad apreciaba de su compañía era su abuela. Aquella gran hembra que estaba a su lado sin importar las circunstancias, para Eleanor, la gimnasta olímpica únicamente era la pequeña Danny. —No es nada. Solo estaba jugando con los lápices. —Admitió para que Zelda no se sintiera fuera de lugar. Era un simple dibujo, los trazos no estaban bien definidos pero se había esforzado para darle un detalle a la chica poseedora de unos hermosos color avellana. —No se compara con la real. —Le guiñó un ojo notando el suave color que inundaban sus mejillas. —Denada, Zelda. —Articuló nuevamente recordando el día en el que lo había hecho. —Se me olvidaba, viniste por el disco. —Recordó el motivo por el cual Zelda estaba ahí, era lindo compartir esos momentos con ella, pero no podía olvidar el propósito por el cual su acompañante había ido a su habitación. ¿Una excusa para verla? Quizás. Pero de verdad tenía el disco y quería dárselo. —Creo que te llenaré de regalos y ni siquiera es navidad. —Sonrió y se alejó de ella para comenzar a buscar el disco.
— Los abuelos siempre son el mejor todo —Asintió una vez y una sonrisa enorme, sincera y cálida se formo en sus labios. Zelda amaba con todas sus fuerzas a su abuelo. Era el único que le quedaba, ya que los padres de su padre habían fallecido hace bastante, y su abuela materna se había apartado de la familia tiempo atrás.— Tienes suerte de tenerla. Yo tengo a mi abuelo y es mi adoración. Somos afortunadas —Ladeó un poco la cabeza y esta vez la sonrisa fue dedicada a Danielle. ¿Jugando con los lápices? ¿De verdad esperaba que se creyera eso? Al menos para la cantante eso no era posible. No podía verlo de ese modo, tal vez lo consideraba una gran maravilla porque a ella no se le daba y la rubia simplemente había nacido con ese don. Cuando vio que uno de los ojos esmeralda se cerró en un guiño acompañándose de un cumplido, lo único que atinó a hacer fue reír levemente. ¿Cómo diablos lograba ponerla nerviosa? Eso era casi imposible en alguien como ella. Gracias al cielo, la rubia continuó hablando y recordó el tema del cd que le había mencionado y que era la razón por la que estaba ahí. Asintió con la cabeza y su mirada siguió los movimientos de la joven en su búsqueda.— No tienes por qué, Danny —Habló desde su posición con una sonrisa. No era que le molestara recibir regalos, a nadie le molesta eso. Era que le apenaba un poco, pues ella no estaba dándole nada a cambio. No acostumbraba a solo recibir y recibir. Mordisqueó su labio inferior, aún observando a la artista.— Voy a tener que darte algo a cambio. Ojalá supiera dibujar... —Continuó en un tono divertido y se sintió algo torpe. Sus únicos talentos eran el canto y el fútbol, cosas completamente distintas pero que le encantaban por igual.— A menos que quieras un concierto privado o que te dedique un gol —Bromeó, aunque no era algo que no pudiera hacer por ella, si sería bastante diferente.— ¿Te gusta el teatro? —Preguntó de repente, con un tono cargado de curiosidad y se apoyó en el escritorio que había en la habitación, sin desviar su mirada en ningún momento.
can i sit next to you, girl? | zelda + danielle
princesshxrt:
Los labios de la cantante se curvaron hacia arriba en una sonrisa cuando la puerta se abrió y bajo el marco de ésta aparecía Danielle.— ¿Me extrañabas? —Preguntó en tono bromista y correspondió el saludo de la joven, para segundos después adentrarse en la habitación. Observó alrededor intentando acostumbrarse al desconocido lugar. Notó que aquello a lo que ella llamaba desorden eran más que nada materiales de pintura y un lienzo en el que plasmaba su arte. Los ojos marrones de Zelda observaron aquellas herramientas con curiosidad y por un momento sintió la necesidad de inspeccionar de cerca, cada una, con sus manos. Sin embargo, se mantuvo en su lugar y acto seguido regresó su mirada a la rubia.— Yo no veo ningún desorden —Se encogió de hombros y bajó las comisuras de sus labios, como restándole importancia al asunto.— Si yo pintara sería peor. Gracias a Dios solo utilizo un teclado… Y aún así las partituras quedan regadas por toda mi habitación —Rió con suavidad, siendo totalmente honesta. La pequeña diva no destacaba por ser muy ordenada, aunque lo quisiera así, era algo que le costaba demasiado. Relamió sus labios antes de volver a hablar.— ¿Se puede saber en qué estás trabajando? —Inquirió con repentino interés, señalando con un leve movimiento de cabeza hacia donde estaba el área de trabajo de la ojiverde, y enarcó una ceja con una mirada expectante.
Las palabras emitidas por Zelda lahicieron pensar durante unos segundos, ¿la había extrañado? Era divertido hablar con ella, pero Danielle no podía admitir tan sencillamente que alguien le hacía falta. Entendió el tono bromista de la cantante y optó por seguirle el juego. —Claro, mi vida sin ti no es la misma. —Se llevó una mano a la frente pretendiendo desfallecer ante la idea de no tener a Zelda cerca de ella. —Bienvenida a mi cueva. Tengo lo necesario para sobrevivir, alimento, música y mis pinturas. —Se hizo a un lado permitiéndole inspeccionar su habitación. No era muy diferente a las otras, salvo que el cuarto de Danielle en lugar de tener todos sus trofeos o medallas olímpicas estaba decorado con cuadros, en las paredes había algunas letras musicales. Seguramente sus padres al ver su habitación se sentirían extrañados al descubrir lo que verdaderamente era su hija. —Lo dices porque estás siendo educada. Créeme, suelo ser más ordenada. Mi padre es militar, sé lo que te digo. —Confesó largando un suspiro de pesadez. Ser hija de un militar no era sencillo, constantemente tenía que esforzarse para que todo estuviera impecable. Como su padre solía decir, “Debes ser un ejemplo a seguir”. —Contigo es sencillo hablar, Zelda. Me refiero a que a pesar de saber lo de mis padres me entiendes aunque sea un poco. —Admitió tomando un cuadro para que la fémina pudiera verlo. —Estaba haciéndole un cuadro a mi abuela. Hace tiempo me pidió algo y decidí pintarle un fénix. —El cuadro no estaba terminando, aún necesitaba retoques, pero poco a poco iba cobrando significado. —Oh, te hice uno hace unos días. —Dejó el fénix en la cama y de su escritorio tomó un cuadro a lápiz de la diva. Lo había trazado y ya estaba terminado. —Toma, es sencillo, pero es un detalle. —Sonrió amistosamente esperando que fuera de su agrado.
No pudo evitar reír ante la actuación de su compañera y negó con la cabeza un par de veces hasta que sus risas cesaron. No podía negar que estaba encantada de poder conocer más a fondo los intereses y la vida de Danielle. Podría ser su cuarto en Bedford, pero al fin de cuentas su cuarto y era uno de esos lugares íntimos a los que no cualquiera puede entrar, uno puede encontrar detalles ahí que tal vez no deban ser vistos por todos. Bufó con diversión ante sus palabras y negó otra vez.— Es en serio, Danny. Mi habitación está ordenada solo cuando mis compañeras me obligan a quitar mi desastre —Rió con suavidad— Y es culpa de mi padre. Todos saben que las estrellas de rock hacen desastres en sus camerinos y autobuses —Se permitió bromear, aunque odiaba mencionar a qué se dedicaban sus padres, a veces era inevitable. No le gustaba que la trataran de distinta manera solo porque era hija de dos reconocidas estrellas. No le gustaba el interés falso de las personas y que pensaran que podían tener los lujos de los famosos por convivir con la hija de un par. No obstante, sabía que podía platicar de eso con la porrista sin despertar ese interés que los demás tenían en ella, sabía que ella la entendería y que sería un simple dato más sobre su vida, nada que la hiciera extremadamente distinta. Los labios de la cantante formaron una sonrisa al escuchar las palabras pronunciadas por la contraria y por ese momento se sintió bien. Le agradaba que Danielle se sintiera cómoda con ella, porque era algo recíproco. Los ojos de la fémina repasaron el cuadro que aunque no estaba terminado, a Zelda le parecía bellísimo. No podía creer lo que podía hacer con un pincel y unas cuantas pinturas.— Es precioso, Danny —Comentó, aún embelesada con la pintura, pero reaccionó ante las siguiente información. Levantó su vista y siguió con la mirada los movimientos de la ojiverde. En cuanto procesó la imagen que le mostraba, se quedó boquiabierta y sus ojos se abrieron con sorpresa. Lo tomó entre sus manos y lo analizó por varios segundos. Movió un poco la boca intentando articular las palabras, pero éstas no salían. Era fantástico.— Cielos... —Fue lo único que pudo salir de entre sus labios y volvió su vista a ella.— Danielle, es increíble, en serio. Eres muy talentosa —Sonrió ampliamente, mirándola a los ojos y luego regresó su vista al dibujo. Pudo jurar que un suave rubor invadía sus mejillas. Nunca se había visto en una situación así, nadie había hecho un detalle de ese tipo para ella — Se ve mucho mejor que yo, debo decir... —Se atrevió a bromear, señal de que se había puesto nerviosa. No solía pasarle eso y esperó que no fuese algo muy notorio.— Gracias por haberte tomado el tiempo de hacer esto —.
m o o d b o a r d; zelda hart + danielle withers
'cause nothing's going right and everything's a mess and no one likes to be alone;isn't anyone trying to find me? won't somebody come take me home? why is everything so confusing? maybe i’m just out of my mind it’s a damn cold night, trying to figure out this life won’t you take me by the hand, take me somewhere new? i don’t know who you are but i... i’m with you.