Lysander no pudo evitar la sorpresa marcada en su rostro ante la reacción del de rizos. Nunca en todos los años que llevaban siendo amigos le había visto tan enfadado, tan derrotado; parecía haberse dado por vencido de una vez por todas. Y, para ser sinceros y a pesar de que era lo que había estado buscando, no sabía si le alegraba o le dolía. Se apartó de encima suya cuando se lo pidió de aquel modo tan brusco y le siguió con la mirada, sin saber qué era lo que hacía en realidad. —¡Ese es el maldito problema!—. Exclamó. —Soy tu novio por una noche, pero tú no dejas de hablar de un futuro juntos, no paras de mencionar hijos, nietos, bodas y todo el repertorio. No quiero hablar de futuro, no quiero que hables de conseguirme. No soy algo que puedas conseguir—. Casi gruñó, enderezándose y quedando sentado en la cama de espaldas a él. Notaba su cuerpo temblar con violencia, y no sabía bien la razón del temor que se había instalado en su pecho. Y su voz, de ser casi violenta, casi cambió a una mucho más baja y triste —Si crees que tienes mierda porque un chico o una chica no quieran estar contigo, vas listo. Porque no sabes la de mierda que cargamos los demás; y son cosas mucho peores que un simple rechazo—.
Se agachó y agarró bruscamente los zapatos, yendo después a la cama para ponérselos pero sin dedicarle una mirada. Rompería a llorar si lo hacía, y lo sabía perfectamente. ---Tal vez no pueda conseguirte, tienes razón, pero los hay que luchamos por las cosas que amamos, no todos nos excusamos y escapamos. Así que perdóneme, Señor Fuera-de-mi-Alcance, por seguir detrás suya importunándole con mis sentimientos y recordándole los suyos ---farfulló de mala gana. Aunque en otro tiempo aquello podría incluso haberse considerado una tonta broma, esa vez no lo era. Esa vez sus palabras estaban cargadas de enfado, de dolor, de rabia; había tragado durante mucho tiempo. Soltó un ruidoso bufido al oírle después, pero no dijo nada hasta que no se hubo puesto sus botas. En el proceso, de algún modo, también había estado reuniendo valor para enfrentarle cara a cara. Se puso de pie y le miró largamente, aguantándose las lágrimas de impotencia. ---Oh, por supuesto que hay cosas mucho peores. Me imagino que hay gente por ahí con un padre en la cárcel y una doble vida, y con hermanos desconocidos, y con su familia en la ruina y una madre triste a la que duele un infierno ver así, y bajo el puto miedo de que vengan a casa a convertirlos en coladores a todos. Seh, creo que me puedo hacer una puta idea de la mierda que puede haber por ahí ---gruñó, escupiendo las palabras como si fuesen veneno y le ardieran en la lengua. Estaba siendo injusto, porque ciertamente los problemas de Lysander eran mayores a los suyos, pero eso no significaba que no doliesen los propios, que no tuviese que lidiar con ellos cada día también. ---¿Pero sabes que es lo más jodido de todo? Sumar a eso el buscar desesperadamente a la única persona que te hace feliz, rogarle una y otra vez, pero que te niegue esa felicidad constantemente. Y no porque no pueda hacerte feliz, porque poder puede, porque te hace feliz sólo estando a tu lado, si no porque no quiere hacerlo, ¡no quiere!, porque prefiere seguir auto convenciéndose de que es más malo que Gargamel y Voldemort juntos. Así que si me duele ser rechazado, déjame en paz con ello y no te atrevas a echármelo en cara como si no fuese la gran cosa, Küchler ---agregó y hasta Oliver se sorprendió de lo alto que había ido subiendo el tono y de lo tembloroso que éste era. Se giró, y caminó hasta la puerta sin añadir nada más, dispuesto a marcharse.