El huevo revuelto que se encontraba en su plato comenzaba a enfriarse y su zumo de naranja a calentarse, pero su nerviosismo no ayudaba demasiado con su apetito, además de que ya hacía más de dos semanas que no veía a su mejor amiga. El gran comedor ya se encontraba prácticamente vacío debido a que ya había pasado la hora del desayuno, pero Mina aún seguía ahí con su mirada fija en una de las paredes, golpeando su plato de cerámica con su tenedor haciendo un sonido bastante molesto, pensaba en donde estaría escondida su amiga, en que recóndito lugar estaba, tan escondida que no la había encontrado. Pero la fémina se detuvo cuando sintió una mirada sobre ella, por lo que trasladó su mirada a la de la persona que tenía en frente.
— ¿Qué? Solamente estoy nerviosa por mi amiga… —Se excusó, alzando ambos hombros para luego dejarlos caer con gracia.
Examinó la posición de Lima. Por sus gestos podía captar el nerviosismo desprendido por cada poro en su piel. ¿Por qué sería así? No fue el único que notó sus sentimientos a flor de piel, un chiquillo de primero no paraba de verla. Este se retiró, avergonzando por sus acciones, y Adam decidió abordar a la gryffindor de facciones angustiadas. — ¿Estás bien, Mina? —No necesitó de voltearse y comprobar que, efectivamente, Minerva McGonagall lo miraba sorprendida. Tomó la libertad de sentarse en aquella mesa que alguna vez fue la suya, encarando a la muchacha. “No es propio de un profesor” escuchó en su cabeza, una media sonrisa arribó a sus labios.










