Las crisis de los treinta
Así para empezar y complicarte un poquitín más la vida no sé si titular, este texto, la crisis o las crisis porque todas hacen una y esta misma viene de varias. Tú me dirás.
Solo tienes que cumplir TREINTA o estar cerca de ellos para que “le mal du siècle” te aceche y te deje en pelotas delante de todo el personal. Crees sentirte sola y aislada, rara, incomprendida, despreocupada… en resumen: un f***ing bicho raro.
Vivir bajo la mirada de los demás no facilita la vida demasiado. Los patrones culturales establecidos en la sociedad hacen mucha presión y te señalan con el dedo para recordarte a diario:
¡Ei! Deja de cambiar tanto de trabajo y estabilízate. ¡Cuántos pájaros tienes en la cabeza! ¿Cómo sobrevives?
¡Que se te va a pasar el arroz! (sinónimo de: Aligera, rapidito, no tardes mucho; u otros simpáticos de la familia del arroz) sumándole la guindilla de la tarta: ¿Cuándo vas a tener hijos? Todo mientras tus amigas y entorno de tu edad forman familias de hoy para mañana. Se casan, se compran una casa y tú… Tú sigues de alquiler compartiendo piso. La comparación es odiosa pero muy cierta y a la orden del día.
¿Ahora te vas a poner a estudiar?
O bien, la tradicional e inamovible comida dominguera con la familia.
Estoy segura que me olvido otras muchas más pullitas que te llegan desde tu madre o tu abuela hasta gente que no te conoce de nada.
Ahora piensa: ¿y tú qué es lo que quieres?
El cambio constate y de manera nómada por el mundo laboral no te encanta pero es eso o morir. No puedes con los jefes nacis o machitos; si no te toca alguna jefa histérica claro. Lo de cómo sobrevives, mejor no darles una respuesta concreta porque eso es secreto de sumario.
¿El arroz se te pasa dicen? Yo de ellos iría mirándome esa próstata o esas tetas caídas, que a diferencia de las tuyas están muy bien puestas. Lo de ser madre es una opción, no una obligación. Haz las cosas bien y olvídate del resto del planeta que actúa en modo “copy-paste”. ¡Ah! Y lo de hipotecarte hasta los dientes como que… ¡antes muerta que vendida!
Y para finiquitar el último ataque y no menos importante: cambia la comida aburrida de los domingo de paella o pollo a l’ast con patatas fritas de bolsa, por una buena cafetería en algún rincón de tu barrio, por favor. Es el lugar idóneo para dejar volar tu imaginación, proyectos y deseos mientras que ellos se toman el cafelito con el trozo de tarta en la sobremesa del domingo.
No quieres ahogarte con las no-responsabilidades culturales(barra)familiares(barra)hipócritas del entorno.
Quieres poder elegir el cuándo, el cómo y el por qué de cada paso o retroceso. Mérito y cagada que consigas en la autopista de la vida. Digo autopista porque cuando va todo bien, es decir; no hay tráfico, ni obras te encuentras con un p*** peaje que te pasa la factura de tanto bienestar junto. ¡Y sí! La felicidad es pura mentira vendida en forma de redes sociales que te hacen creer que la vida es fácil y estupenda de la muerte. ¿Cuántos episodios te has tragado de esos?
Quieres sentirte como un pajarillo recién salido del nido. Llena de oportunidades por explorar, ¡hay infinitas! Con el miedo de corbata y el nudo en el estómago como en una caída libre.
Todas esas miradas juiciosas no solo te afectan porque son familiares sino, de los miedos e inseguridades que proyectas en ellos. En el fondo, te admiran y envidian las narices con las que vives y luchas a diario. Quieren estar en tu lugar pero ellos también tienen sus miradas en su cogote, en su IN-conciencia diaria del “querer y no poder”. Ya viven su propio engaño y derrumbar su bonita torre de Pisa les atormenta.
¿Tú también pasas la crisis de los treinta? O bien, ¿estás esperando la de los cuarenta?
Bueno, en éste caso ves preparándote que todo llega Amor.