NEFASTO
Llegó como el viento, sin previo aviso.
TaeIl termina siendo el violinista de una relación de la cual es indirectamente parte. Todo se debe a que su amada madre une sus lazos con su hermana lejana, en una llamada esporádica de fiestas de fin de año. Debido a esos veinte minutos de conversación por teléfono, es que termina viviendo al cuidado de un pariente lejano, le habían avisado que era su primo.
Ambos estudiaban en Seúl, y debido a ello a ambas hermanas les pareció buena idea que sus hijos compartieran la casa de su abuela. TaeIl era –prácticamente- el niñero de un jovencito de dieciocho años nacido en Canadá, Mark.
Las cosas resultaron bastante bien al principio, eran lo suficientemente cercanos y el vivir juntos no implicó ningún problema, sus estudios independientemente del otro lograban rendir con una excelencia moderada, finalmente conllevaron todo ese asunto como personas maduras, ya eran casi amigos cuando un suceso terrible se presentó.
Mark consiguió un novio.
TaeIl no era quién para prohibirle ese tipo de relación a Mark, es más, no le interesaba en lo más mínimo; los problemas aparecieron cuando a Mark se le ocurrió traer a vivir a su novio con él. Tres chicos en una casa, y ese fue el límite de TaeIl, vivir con una pareja no estaba en sus planes.
Sin embargo, hay cosas que son inevitables.
Mark le contó que su novio era un año menor a él, un chico de tan sólo diecisiete años que nació en Jeju y su residencia en Seúl se estaba complicando, así que ofrecerle una ayuda no les vendría nada mal. TaeIl se negó rotundamente, pero la insistencia determinada de Mark le hizo rendirse eventualmente.
Ahora, el problema principal no era ese, sino que el día en que ese muchacho pisó la casa, todo se volvió un caos. El interior de TaeIl se volvió un caos.
Desde el instante en que lo vio, TaeIl supo el por qué Mark estaba locamente enamorado de ese adolescente, era atractivo, y era realmente agradable. Le gustó, esa fue su sentencia. Le gustaba el novio de Mark; vivir con DongHyuck comenzó siendo algo incómodo, con tiempo de por medio –meses-, esa sensación extraña desapareció y dio paso a una relación amistosa.
DongHyuck es como el viento que indica el tiempo.
No hubo problema alguno al convivir con la joven pareja feliz, no hubo problema cuando ellos eran afectuosos, no hubo problema con sus estudios, no hubo problema con sus juegos escandalosos. No hubo problema, tampoco lo hubo en aceptar ir a una fiesta con ellos.
Teniendo veintidós años, estando en los últimos años de la universidad, viviendo una vida sedentaria alimentada por vasos de leche y galletas de vainilla, TaeIl era lo más alejado a una persona con ánimos de una fiesta, sin embargo era extrañamente débil a la insistencia de Mark, y lo era aún más a los pedidos de DongHyuck. Ellos constantemente lo manipulaban para conseguir cosas inocentes, como esa.
Se ubicaba sentado en una de las sillas con vista a la pista de baile, observando cómo DongHyuck y Mark se entretenían moviéndose al ritmo de la música, hacían una bonita pareja, ese era el concepto que TaeIl manejaba de esos dos adolescentes hormonales. No obstante, hay sentimientos inevitables.
La espalda de Mark le impedía ver a DongHyuck, y cuando la música pasó a ser más romántica y menos descontrolada, TaeIl pudo apreciar sin frenos cómo DongHyuck se balanceaba en son de las notas, interceptó su mirada con la suya, jugando a un raro intercambio de vistazos neutrales. Cuando empiezan, es imposible parar.
Sus miradas no saben cuándo detenerse.
—Iré a saludar al anfitrión. — La voz de Mark lo devuelve al asiento al cual está adherido, y sólo entonces se da cuenta que esa mirada lo ha hecho perderse a tal punto, en que ni siquiera notó que Mark y su novio estaban frente a él.
La figura de la espalda de Mark se desvanece entre los tumultos de gente riendo en volúmenes insoportables, para TaeIl es aburrido permanecer en un lugar tan concurrido y sin chiste, bailar no es lo suyo por lo que apuntarse a hacerlo no es una buena idea. No obstante, DongHyuck toma sus manos, sin necesidad de hacer que se levante mueve sus brazos en torno a la balada de compás veloz, sincronizando sus piernas al ligero baile. DongHyuck baila para él, adjuntando sus miradas por segunda vez, probablemente dura segundos, pero para TaeIl se hace difícil descifrarlo.
—Hey… — Repentinamente tiene una cercanía apabullante, DongHyuck lo abraza rozando su rostro contra su cuello. — Pronto volveremos, sé que no te agrada estar aquí.
—¿Lo notaste? — Cuestiona conteniendo el aliento, el agarre se desintegra eficazmente tras ello. TaeIl no lo nota, pero sus manos están agarradas a los brazos del menor.
—No te has movido de ahí en toda la noche. — DongHyuck ríe. Su risa era la sonata que prometía su muerte, una dulce y feliz muerte.
Sabía que le gustaba, pero esa noche se enamoró.
Al igual que una tormenta, DongHyuck destruye el equilibrio de sus emociones, que se disparan después de esa noche. Ya nada parece igual, ya nada lograba estar bien cuando se refería a la pareja; su concepto de ellos se truncó desprevenidamente, como si el viento convertido en huracán derrumbara todos sus principios. Todos sus deseos ahora tenían que ver con aquel muchacho de sonrisa intermitente, encanto avasallante, y ojos que sólo miraban en dirección contraria a la suya.
Porque DongHyuck era de Mark, y él solo era un violinista en una relación que se desarrollaba frente a sus ojos.
Todas las mañanas ambos chicos se saludaban con un beso en sus labios, y nunca hubo problema, no hasta la siguiente mañana a esa noche de tormenta. TaeIl era como el clima frío, necesitaba de ese viento imprevisto que anunciaba la lluvia, para ser un arco iris.
Esa mañana tiene un regusto amargo en sus galletas de vainilla, ve el beso que siempre atestigua con desinterés, y ahora en donde se hallaba la indiferencia reside los celos. Se sentía traicionado, y no era nadie.
Le obliga a tomar medidas en contra de su encanto; se congela ante su mirada, memoriza su voz, y pretende aceptar que no hay esperanza.
TaeIl se convierte en el testigo del amor de Mark y HaeChan durante meses cargados de cariño abismal, cariño por aquí, cariño por allá, le causa repulsión porque él es la cámara filmadora que graba su película de amor. ¿Cómo es que termina sentenciándose a ese estilo de vida nefasto?
Como si la tormenta no fuese lo suficientemente ruin, atrae consigo una noche en específico, una noche de espantoso martirio. Lo horrible de darle una habitación exclusiva a DongHyuck es que no solía usarla, a menudo dormía con Mark; las paredes no eran a prueba de sonido, y como sucedía cada noche, TaeIl los escuchaba conversar hasta altas horas, siendo más parte de esa relación como público unitario. El diluvio ocurre ese día; DongHyuck ingresa al cuarto de Mark como en general, se acuesta a su lado, y conversan.
La plática es corta en esa ocasión.
—¿Me darías la oportunidad de hacerlo? — Es la voz de Mark.
—¿No me harás daño? Eres tan torpe a veces… — Es la voz de DongHyuck.
—¿Me amas? — No suena como una amenaza, sino una broma con tintes de amor.
—Te amo. — Murmura DongHyuck. A TaeIl le duele corazón, pero nada se compara con lo que viene después de esa promesa que sabe a dulce mentira.
Los minutos se extienden, y la agonía de TaeIl se hace tangible, como gotas de lluvia empapando su alma. DongHyuck gime, no está seguro si de placer o dolor, y es que es consciente de que es la primera vez del menor, y Mark, pues Mark ha de estar disfrutándolo mientras él se hunde en su miseria. Es tan patético, pero no puede ser más que un patético silencioso. Ambos chicos se aman entre las sábanas blancas que él lavó esa misma tarde, y se torna cruel, es cruel hacerle escuchar cómo se funden sus cuerpos en un acto de amor, mas no los culpa, pues ellos no tienen conocimiento de sus sentimientos.
No saben que lo están destruyendo. El clima es frío para él, es lo más lejano a un verano candente, pero escucha en primera fila uno.
Cuando los sonidos cesan, la agonía por fin llega a su fin, TaeIl se incorpora incapaz de conciliar el sueño. Tiene tanta sed, como si se hubiese deshidratado llorando, cuando en realidad ni una lágrima ha caído de sus ojos. Sería ridículo llorar por algo que no es suyo, por algo prohibido y demente; nunca ha llorado desde sus cuatro años, y su triste amor unilateral no va a ser la razón por la que se derrumbe por completo. Ya está más que herido de esa forma.
Así que recoge los pedazos que deja ese diluvio atroz, camina en omisión hasta la cocina. Siente deseos de beber su miseria en un vaso de leche.
—Ugh… — Ni bien TaeIl ha abierto el refrigerador oye un quejido cercano, que se hace presente segundos después, a sus espaldas. No toma el vaso de leche que quiere despedir en honor a su martirio, por lo contrario, antes de hacerlo gira a verlo.
DongHyuck se cubre con una bata el cuerpo desnudo, tiene el cabello revuelto y los labios ligeramente hinchados. Se ve más sensual que de costumbre, y eso de alguna manera logra disipar su tortura.
—Te ves diferente. — Pronuncia, rompiendo el tenso silencio que se crea en cuanto sus miradas se conectan. DongHyuck tiene un rubor fuerte adornando sus mejillas, es tan adorable y sensual a la vez, es una lástima que esos labios hinchados sean de alguien más.
—¿Nos escuchaste? — Dice con terror, mas TaeIl se limita a sonreír. Pretende estar bien, y una parte de él lo está, porque DongHyuck ya no está con Mark.
—¿Mark está dormido? — El tímido asentimiento del menor le indica que la tormenta igual se ha disipado, y los resquicios del diluvio debe pulirlos como un buen amante unilateral. ― Prepararé la tina con agua tibia, dicen que la primera vez es dolorosa. ¿Te gustaría?
—Sí. — No hay incomodidad con ello, DongHyuck pierde el rubor matizado con su tez canela. Intenta peinarse unos mechones de cabello antes de ser jalado por TaeIl, lo más destacable de esa noche es que TaeIl es suave, cuidadoso. TaeIl para HaeChan es un arco iris tras la lluvia tormentosa.
Esa noche, tras su martirio, TaeIl es capaz de ordenar su interior en caos. Lo hace con cada caricia cuidadosa que le proporciona al cuerpo de DongHyuck, él no lo aparta al hundirse en la tina, dando a TaeIl la oportunidad de memorizar su cuerpo con todo el tiempo del mundo. Lo mima en la tina, bañándolo con extremada delicadez. No hay intenciones más allá de lo decente, y aun así es más íntimo que el sexo.
Las marcas en el cuello del menor le recuerdan que le pertenece a alguien más; los labios de DongHyuck están dibujando una sonrisa suave en todo momento, estos se veían tan esponjosos que desprendían descontrol, y le incitaban a acercarse. No lo hace, porque rompería la mágica atmósfera de confianza que ha creado con el menor, aún desconocía entonces el porqué DongHyuck le dejó ver su cuerpo desnudo, el porqué permitió que lo tocara, o el motivo por el cual dejó un beso en el borde de su cuello al terminar con esa escena significativa. Esos labios esponjosos tocaron la piel de TaeIl, y por esa noche el diluvio que empapaba su alma se transformó en un arco iris.
Días después DongHyuck llega de improviso, más temprano de lo normal. Es como el viento, no avisa cuándo aparece y eso lo hace intermitente. Titila en el corazón de TaeIl con cada latido, DongHyuck está ahí todo el tiempo aunque no lo sepa.
—¿Sucedió algo? — TaeIl bebe su vaso de leche de la tarde cuando ve la intromisión en la casa.
—Mark está haciendo un trabajo importante. — Anuncia cerrando la puerta tras él. — ¿Te gustaría ir a jugar bolos?
—No creo que a tu novio le guste que salgas con otros chicos. — Menciona a manera de chiste, recibiendo un leve golpe en su hombro, cortesía de DongHyuck.
—Dudo que mi novio se ponga celoso si se trata de ti. — Dice con diversión pintada de mentira dulce. Todos mienten con una capacidad increíble. — No quiero aburrirme aquí, anda, vamos hyung.
“Hyung”; tras eso TaeIl se encuentra jugando a los bolos con DongHyuck en un lugar cercano; las bolas pesadas llegan a sus manos cada vez que acierta en el strike o chuza. A diferencia de él, el menor es un desastre, ninguno de sus lanzamientos se mantiene en los carriles y terminan desviándose a la nada. Le causa gracia observar la desesperación y movimientos erráticos de ese adolescente, es el chico que ama.
Cuando está por tomar una nueva bola en su último cuadro para ganar, DongHyuck lo detiene con su mirada. Esos ojos achocolatados se dirigen a sus labios, TaeIl traga en seco omitiendo el sonido, el tiempo se avecina con un nuevo huracán al sentir el tacto de las manos del menor contra sus dedos. Él analiza meticulosamente la estructura de estos, tocando sin miramientos la extensión de los mismos.
—Tienes dedos largos. — Le dice DongHyuck. — Sé que no me harían daño.
Entonces descubre el porqué de la noche en que es un arco iris. Inmediatamente esos dedos que DongHyuck admiraba se posicionan en su cuello, sobre las marcas que visualizó ese día. TaeIl acaricia la zona superficialmente, sin pensarlo de más.
—Te hizo daño, ¿verdad? — Él suele ser tan torpe. DongHyuck abre la boca para responderle, sin embargo algo interrumpe su confirmación. Es un sí, TaeIl está seguro que Mark suele ser torpe.
—¡Hey! — Y hablando de él. Mark aparece por la puerta, trotando hacia ellos. TaeIl se aleja un paso de DongHyuck y este le indica con la mirada que guarde silencio. Como si lo protegiera de algo más profundo, más intenso y ruin.
—¿Ya te liberaron? — A DongHyuck le brillan los ojos al formular la pregunta. Mark sonríe también, él suele ser tan feliz. TaeIl también sería feliz de tener un DongHyuck.
—Quería salir contigo… — Mark de repente se fija en su presencia, y otra vez TaeIl tiene que hacerse a un lado. No es nadie en esa relación, así son las cosas. — Gracias por acompañar a DongHyuck, TaeIl hyung. Temía que quemara la casa.
—¡Eso sólo sucedió una vez! — Mark rompe en carcajadas mientras DongHyuck juega a sacudirlo a modo de protesta. TaeIl los observa con tristeza, y el espectro de sus días lluviosos se hace presente.
Ese día llueve, llueve atrozmente durante el camino de regreso a su hogar, un hogar que comparte con la pareja feliz. Ningún lugar está libre de su agonía actualmente. Ellos se dan muchos besos; entre esos besos estaba él, como un patético tercio no intencional.
La felicidad de la pareja lo está destruyendo. Su prosperidad lo enferma.
Lo primordial era su descubrimiento, ante su dolor; ahora comprendía el por qué tras esa noche de diluvio y arco iris, DongHyuck no volvió a tener relaciones sexuales con Mark.
Pasa un periodo de tiempo corto, una semana para ser exactos. Una semana tras su salida esporádica con DongHyuck a los bolos, y aún no supera esa mirada de ojos achocolatados. Ingresa a la casa con tranquilidad, Mark y DongHyuck suelen llegar unas horas después que él. Ese día hay otra excepción como la anterior semana, apenas cerrar la puerta tras de sí, TaeIl siente cómo un golpe en su quijada lo hace retroceder hasta chocar su espalda contra la puerta.
Su mochila cae al piso sin cuidado, deslizándose de su hombro debido al impacto. Mantiene su ceño fruncido y al levantar la vista se encuentra con un Mark de ojos llorosos; Mark no suele llorar al igual que él, y eso sólo le causa más desconcierto.
—Dime que no te has enamorado de mi novio. — Le murmura con un hilo de voz, y TaeIl comprende que el torrente de mentiras al fin ha caído. La mirada de Mark es la misma que reflejó angustia al llegar a los bolos, y es entonces que todo encaja. — ¡Dime que no es cierto! ¡Dime que no lo amas! — Las manos de su primo se aferran al cuello de su camisa, zarandeándolo sin consideración.
Sus ojos delatan sus sentimientos, y es ridículo negarse cuando todo es tan obvio. Entonces guarda silencio, porque de aceptarlo destruiría a Mark; Mark no merece ser testigo del concierto trágico que implica su vida amorosa. Mark no merece escuchar que está enamorado de quien ha declarado el amor de su vida.
—Confío en ti. — Dice como si un momento antes no le hubiese golpeado.
—Confía en tu novio. — Responde TaeIl, soltándose del agarre de Mark.
Esa tarde DongHyuck llega con un par de amigos, al parecer Mark le ha pedido hacer una pequeña reunión que incluye a TaeIl. Pero el mayor es muy sensitivo, se da cuenta de que nada bueno puede estar cerca si se trata de Mark y su insistencia.
TaeYong, Ten, HanSol, JaeHyun y Yuta. Están todos bebiendo alcohol, menos DongHyuck, él es menor todavía y como tal, está lúcido. TaeIl hubiese preferido mil veces que no lo estuviese, pues Mark sí bebió bastante entre chiste y chiste, abrazaba a DongHyuck con propiedad como si le restregara en la cara que era su novio y que era un intruso en su relación. TaeIl lo tenía claro, pero a Mark no le bastaba.
No consideraba apropiado la cantidad de alcohol que se estaba cargando su primo, por lo que advirtió el golpe devastador. Mark se acercó al oído de DongHyuck en algún punto de la noche, JaeHyun estaba al lado de la pareja sonriendo como un tonto apuesto, pero un tonto después de todo.
Los estragos del alcohol, por eso lo llaman nocivo.
DongHyuck frunce su ceño en desacuerdo, parece tan frágil en aquel instante. TaeIl lo sigue en cuanto se incorpora y sale de la sala a toda velocidad; Mark sigue sonriendo como otro tonto, riendo por cualquier cosa, por lo que no le importa abandonarlo con esos amigos que se ha dado el lujo de invitar sin consultarle. No replica pues su moral no se lo permite, mas tampoco puede tolera la actitud de un Mark ebrio.
—¿DongHyuck? — Lo encuentra abrazado a sus rodillas, en el patio trasero. Parece estar reteniendo sus lágrimas, y cuando lo ve por fin lo hace, llueve como los días tormentosos. El diluvio crece y se extiende por sus mejillas, mojando todo a su paso, ahogando su corazón pues le parte el alma ver a la persona que ama en ese estado.
—TaeIl… hyung… — Vocaliza entre sollozos histéricos.
—¿Qué sucedió? — Su voz se tiñe con algo más que preocupación al sentarse junto al menor, en el congelado piso de cemento.
—Él… quiere una relación abierta. — Suelta sin más. TaeIl se ocupa en secar las lágrimas del menor con las yemas de sus dedos, haciéndose más preguntas de las que alguna vez formuló. Los estragos del alcohol, sin duda.
—No te muestres débil. — Le murmura. — Eso es lo que quiere.
—¿Cómo lo haces? — Pregunta súbitamente el menor, sosteniendo su mano contra su mejilla. — ¿Cómo haces para soportar verme con Mark?
—Oh… — TaeIl oculta su mirada, nunca pensó ser tan obvio. Después de todo, hay sentimientos que no puedes evitar, y tampoco puedes disimular. — Tú me inspiras.
Lo que parece una eternidad termina siendo un par de minutos, en cuanto DongHyuck recupera su equilibrio regresa a la sala con TaeIl, sólo para encontrarse con Mark envuelto en un beso candente con JaeHyun. Eso no es alarmante en comparación con lo que viene luego:
—Estás bien con esto, ¿no? — Le pregunta Mark a su supuesto novio, con la sonrisa más grande y sínica que TaeIl jamás vio en su vida. Teme en aquel instante que DongHyuck se interne en el llanto nuevamente, mas no ocurre. Algo mucho mejor sucede.
—Sí. — Emite con frialdad, seguido a ello encuentra sus ojos con los suyos. — Recibí algo de inspiración.
La resaca parece ser el karma de Mark, la siguiente mañana despierta con un dolor de cabeza tremendamente espantoso. Todo le da vueltas y los sonidos le parecen horripilantes; DongHyuck ha dormido en su habitación asignada esa noche, esa que antes no solía utilizar. Y TaeIl puede ver el principio del fin en esa relación, es como un niño y se siente cruel por ello, porque es como un niño esperando por su dulce.
No obstante, Mark declara la guerra el anterior día, y él como DongHyuck son destinatarios de los ataques que se crean en la mente dolida de un adolescente de dieciocho años. Mark no suele ser infantil y entonces TaeIl comprende que es a causa de la frustración. Por lo mismo decide ser neutral con toda situación que se le enfrente, como si eso pudiese ser posible.
—TaeIl. — Llama su atención Mark, ambos sentados frente al otro en los sofás de la sala, el televisor muestra las noticias de medio día mientras DongHyuck se encarga del almuerzo en la cocina. — Toqué y reclamé cada parte de su cuerpo. — Presume.
—La diferencia entre tú y yo, Mark, es que no necesito marcarlo para que me elija a mí.
—¡Cállense! Los estoy escuchando. — Se queja el menor desde la cocina y con ello la conversación llega a su fin. O eso parece hasta que Mark vuelve a murmurarle algo.
—No sabes nada de él.
—Sé que le hiciste daño.
Piensa en él. El viento improvisto, aquel que indica una tormenta. DongHyuck, el detonante, el elemento que da rienda suelta a las gotas de lluvia. DongHyuck, el chico encantador que tiene una mirada intensa, quemante, una mirada que penetra en el alma y hace sentir que es la última vez que lo hará.
—TaeIl. — Su voz rompe, se estrella contra las orillas dobladas de sus extremos. Pinta con su voz el clima, asciende y desciende en lo que dura un parpadeo, asciende y desciende en su corazón.
Han llegado al mismo tiempo. DongHyuck tiene un pequeño temblor en las manos cuando éstas tocan el pomo de la puerta. Al otro lado está Mark, al otro lado está la razón por la que TaeIl no puede permitirse observarlo de más, porque verlo con más detalle solo le recordaría lo patético que es, lo nublado que ha puesto el ambiente con su amor unilateral. DongHyuck tampoco lo mira, oculta las comisuras de sus labios bajando la mirada, como si TaeIl no hubiese notado la sonrisa que iba a formarse si seguían uno frente al otro.
—Conociéndome… — Le dice. Tiene la garganta seca y no encuentra el motivo por el que sus palabras fluyen hacia el menor. DongHyuck se detiene en su intento por girar el pomo y conectarlos con la realidad, una en la que son dos elementos descoordinados, jugando a no quererse. — Si cierro los ojos ahora, olvidaré todo.
—¿Qué? — DongHyuck levanta la vista, lo hace despacio, temeroso pero no incómodo. La lluvia es contrastante al clima, es como el lado oscuro que no pretende agradar. Son una combinación saturada de emociones, son –juntos- un arco iris tras la tormenta.
—Conociéndome. Si tú lo eliges, olvidaré esto. — Y TaeIl acerca sus dedos hacia los labios de DongHyuck, rozándolos con sumo cuidado, evitando ser brusco, aleteando como las alas de una mariposa en torno a esos cerezos marcados por alguien más. Esos labios que han besado otros y dudan si alguna vez encontrarán el camino hacia TaeIl, hacia sus labios, hacia uno de sus besos.
—No voy a elegirlo. — Dice con firmeza el menor. Suelta un suspiro imperceptible cuando el roce ligero desaparece, cuando se separan cual agua y aceite. Chispean, sus ojos se mantienen firmes, hablan por sí solos.
Sus miradas hablan de dos amantes, de sonrisas merecidas, de besos no recibidos, de un nuevo comienzo, sus miradas hablan de amor.
TaeIl quiere negarse a pronunciar palabra, porque va a desatarse cual cascada. Va a decir aquello que ninguno quiere escuchar, no aún. No obstante, el tiempo es voluble, es lábil, y a veces, es ruin. La puerta se abre frente a ellos, y Mark se hace presente bajo el marco de la ella. No mira a DongHyuck, no mira a ninguna parte.
Es gélido y frío, Mark es un invierno crudo, uno que llega de golpe. Golpe que recibe TaeIl en cuanto su puño choca contra su mandíbula, y cae hacia atrás, golpeando su espalda con el piso del jardín.
—¿Quién te crees que eres? — Le escupe en la cara. — ¿Crees que puedes presumir y hacerte el héroe? Pregúntale, pregúntale a él. ¿Quién es mejor?
—¿Y tú? ¿Por qué te sientes dueño de él? — Musita TaeIl. No hace el esfuerzo para levantarse, desde el piso le ofrece una mirada neutral a Mark, casi decepcionado. — ¿Por qué tienes que hacer de él una competencia?
—Eres infame. ¡No puedes respetar el amor de otros y pretendes hacer triunfar el tuyo! — Mark se abalanza sobre TaeIl, asestando tres golpes más a su rostro, plasmándole en la piel su odio, dolor, y desesperación. Haciéndole saber que se está rompiendo. — A ti te quiere, a mí me ama.
—¿Quieres preguntarle? Pregúntale quién es mejor si estás tan confiado. — No pudo evitar decirlo con tono envenenado, en un movimiento rápido TaeIl impactó la espalda de Mark contra el piso, devolviéndole el favor y evitando así que vuelva a golpearle con furia. — Si lo amaras tanto no habrías destruido su corazón.
—¡¿Tú qué sabes?! ¡Lo amé! — Brama sobre el piso. Mark se revolvía sin conseguir moverse mucho, mirando a los ojos a TaeIl y maldiciendo internamente por tener que mostrarse débil, tener que ser ese tercio irrelevante en una relación de dos, que ya no lo incluía. — ¡Lo amé demasiado! ¡Lo amé con toda el alma!
—¿Por qué tu amor es mejor que el mío? — En ese punto, TaeIl lo empujó más fuerte contra la tierra del jardín, permitiéndose por primera vez ser la víctima, permitiéndose mostrarle a Mark que eso también lo estaba destruyendo. — ¿Por qué soy la sombra de tu amor?
¡Blash! Un chorro de agua potente empapó ambos cuerpos, al mismo tiempo. TaeIl se levantó inmediatamente, huyendo de aquella posición, haciéndose a un lado por la presión del agua y Mark tuvo que cubrirse con los brazos el rostro para evitar ahogarse.
—¡Dejen de hablar de mí! — Se quejó DongHyuck, apagando el agua y dejando la manguera sobre el piso, tirándola con cansancio y girándose a verlos antes de abrir la puerta de la casa y entrar en ella con dolor pintado en sus pupilas. — Son como unos niños pequeños.
Pasan dos semanas peleando por varias cosas, sin embargo todo gira en torno a DongHyuck, va dirigido al asunto de esa índole, involucrándolos en una guerra pasiva de palabras y acciones provocativas. Como en toda buena guerra, alguien debe morir.
Llega esa tarde, los límites otra vez son forzados cuando DongHyuck y TaeIl llegan al mismo tiempo a la casa, otra vez; se encuentran en la puerta con una sonrisa amplia. No disimulan su alegría al verse, y TaeIl siente que es un monstruo destruyendo la relación de la cual era violinista.
Pero la sonrisa de DongHyuck… TaeIl muere en su sonrisa, ahí es donde quiere estar por el resto de su vida.
—Todo va a estar bien. — TaeIl tiene la extraña necesidad de recalcarle aquello a DongHyuck al hacer su ingreso.
Pero nada está bien. Apenas entran a la casa se guían por extraños sonidos que finalmente los llevan a la habitación de Mark, al empujar la puerta ambos son espectadores de primera fila de la escena en que JaeHyun y Mark funden sus cuerpos en las mismas sábanas que TaeIl lavó por la tarde. Lo más nefasto de aquella situación es que Mark no está ebrio, no trabaja bajo la influencia del alcohol, y acostarse con JaeHyun en la habitación que antes compartía con DongHyuck, está hecho adrede.
—Estás bien con esto, ¿no? — Le dirige la palabra a DongHyuck al apenas notar su presencia en el marco de la habitación.
TaeIl no repara en azotar la puerta al cerrarse de golpe, sigue al menor cuando este vuelve a huir en dirección a la cocina.
Mintió, las cosas no están bien.
—DongHyuck… — Nuevamente ve la lluvia expandirse por las mejillas del menor, y se siente tan roto que anhela convertirse en un clima más cálido, para cobijar al amor de su vida entre su paz.
¿Estás bien mi querida lluvia? Te necesito para ser un arco iris.
—Me hace daño. — Le confiesa en medio del llanto. — Respirar la misma mentira me hace daño.
—Me he enamorado de ti. — Declara TaeIl en ese instante, siendo incapaz de sostener la mirada -más tiempo- sin decirlo. DongHyuck sonríe en medio de sus lágrimas, inclinando la cabeza levemente.
—Creo que igual lo he hecho.
TaeIl sabe que DongHyuck no llora por Mark, descubre en esas palabras que en realidad el menor llora porque no sabe cómo acabar con todo eso. Pero TaeIl no cree necesario terminar con lo que ya no existe.
¿Cómo destruir lo que ya está roto?
Mark y TaeIl, es como elegir entre besos de buenas noches y noches de buenos besos. Inaudito y patético.
El tiempo se hace bochornoso, diluye los días amargos con esencia a vainilla y leche, haciéndolo un prófugo de sus propios sentidos. TaeIl encara cada día junto a Mark y su “novio” con una neutralidad aplastante. DongHyuck suele sonreírle desde entonces, su sonrisa monopoliza sus sentidos, y de alguna forma le da esperanza. Esas sonrisas y ojos brillantes de pupilas achocolatadas ya no van dirigidas a Mark, sino a él; hay algo funesto creándose entre esas paredes, TaeIl fue testigo del amor de película que mantuvieron Mark y DongHyuck, y ahora era Mark quien podía ser testigo de un amor floreciente que lo apartaba; Mark se convirtió en una tormenta, todos los días, a todas horas. Era el invierno más frío, y TaeIl comprendía su estado, por lo que no avanzó con DongHyuck, y el menor tampoco lo hizo.
Su único lenguaje cariñoso se basaba en miradas, sonrisas, y de vez en cuando, insinuaciones tímidas. Otra cosa funesta es que Mark se enterró vivo, Mark arruinó su relación con DongHyuck y hasta ese día no tuvo el valor de disculparse como se debe. DongHyuck era culpable por trastornar sus sentimientos, TaeIl era culpable por enamorarse del novio de Mark, y Mark era culpable por destruir todo, orillar la situación a ese punto. El principal impulsor era Mark, sin embargo, sonaba ingrato decir que gracias a Mark podía tener a DongHyuck.
El penúltimo día se da paso entre charlas vanas y provocaciones apagadas. DongHyuck habla con Mark con tal naturalidad que es escalofriante, TaeIl los ve desde la cocina intentando no ahogarse en su vaso de leche; se llevan bien después de todo, así es para DongHyuck, no obstante Mark… Debe ser una tortura para él.
DongHyuck lo mira en medio de ese desconcierto que otra vez es una mentira dulce, con sabor a vainilla. Lo mira, y es como un acuerdo tácito donde le pide ser paciente, equilibrado, coherente, y estar bien.
Debió ser un segundo, un segundo parece ser suficiente si se trata de él, por lo mismo es soportable. Cuando Mark abraza a DongHyuck y este le corresponde, TaeIl comprende; verlo marcharse en brazos de otro era un castigo que estaba dispuesto a enfrentar, pues con su mirada le indicaba que lo prefería por sobre cualquiera.
Esa misma noche DongHyuck ingresa a su cuarto, al de TaeIl y no al de Mark. TaeIl lo observa con curiosidad y el menor parece dudar en si acercarse o no, finalmente lo hace, se recuesta a su lado y lo abraza, se hunde en sus brazos. Cae otra vez en la tortura, la tortura que Mark ha de estar pasando siendo que DongHyuck lo prefirió a él; Mark aún amaba a DongHyuck y eso se mostraba más claro cada día, pero DongHyuck ya no lo amaba y eso era un imponente castigo. Debe sentirse como una tortura, despertar y no poder abrazarlo; debió ser una tortura perderlo.
Y su agonía intercambia lugares, esa noche el diluvio es para Mark. TaeIl no está seguro de que ese adolescente de corazón grande y sentimientos profundos pueda soportar el diluvio que se avecina en su cuarto, mas pierde interés al unir sus labios con los de DongHyuck.
Solo entonces comprende por qué Mark presumía sin vergüenza el cuerpo de DongHyuck como suyo; esos labios merecían ser adorados, y esa piel requería ser idolatrada.
Sus ojos crean una conexión fuerte en aquel instante, entre besos acalorados que revuelven las sábanas. No saben cuándo detenerse.
No existen frenos, haciendo al frenesí un imperturbable maestro de orquesta, dirigiendo esa pieza musical erótica. Los dedos largos de TaeIl no le hacen daño a DongHyuck, no deja marcas dolorosas en su piel; DongHyuck se retuerce bajo su cuerpo, gime y jadea dejando una estela de placer, la diferencia es notoria confiriéndole tranquilidad. DongHyuck le murmura que hubiese deseado que TaeIl fuese su primera vez, el murmullo es tan audible que TaeIl parece escuchar un sollozo proveniente de la habitación continua. Lo ignora.
Los brazos de DongHyuck se aferran a su espalda a medida que vaivén toma velocidad, sus besos lo calman y alborotan, hay muchos suspiros intermedios y corroboran la adoración que se manifiestan esa noche de lluvia, TaeIl se convierte en un arco iris. Lame, besa, disfruta de todo lo que DongHyuck está dispuesto a ofrecerle. Su todo se filtra a DongHyuck, y este también lo deshace entre besos, entre caricias amorosas. Amor, es la palabra que no mencionan en toda la noche, sin embargo es claro que existe ahí, entre sus cuerpos sudados y ataviados de placer.
Esa noche de lluvia y arco iris se magnifica al ser testigo de la sonrisa de DongHyuck; su cabello alborotado y mejillas ruborizadas son adorables y sensuales a la vez. DongHyuck sonríe entre sus brazos. Lo ama, se aman, es un acuerdo tácito que mantienen como su secreto público.
TaeIl sin embargo, desea beber su felicidad en un vaso de leche. Cuando DongHyuck se queda dormido, él se levanta con cuidado, y se encamina a la cocina. De camino nota que la puerta de Mark está semi abierta. ¿No está durmiendo?
La pregunta se evapora al llegar a la sala. TaeIl no soporta su sorpresa. Él es el ganador y como en toda buena guerra, alguien debe morir.
Escucha el grito de DongHyuck detrás de él, lo siguió sin que se diese cuenta; DongHyuck corre hacia Mark con desesperación, sus mejillas se ahogan en el diluvio. Extrañamente TaeIl también está llorando, llora cuando toma su teléfono, llora al marcar a emergencias, llora tanto que no sabe si puede pronunciar algo correctamente.
—Emergencias, ¿cuál es el problema?
—Mark Lee, dieciocho años, canadiense. — Hace una pausa. — Acaba de suicidarse. Cuelga muerto del techo de la sala…
Nefasto.









