¿Preguntaste por mí?
Sí, estuviste preguntando por mí, después de que dejé tiradas tus explicaciones sobre la mesa sin leer, saliste buscando por mí, ¿era ese sentimiento de culpa acaso? ¿no te dejaba dormir el hecho de que llorara por ti? aún sin poderme escuchar, a cientos de kilómetros, me imaginabas triste, en un rincón preguntándome qué estaría mal en mí, por qué no era suficiente de nuevo, cuando meses atrás eras tú quién me decía que no estaba descompuesta.
Cuando saliste a buscarme ¿con qué te topaste? estando tan lejos te limitaste a espiar las historias falsas de las redes sociales con las que interactuaba, ¿te tranquilizó el hecho de que todo ese teatro de felicidad fuese un telón? que cuándo entrara al camerino me echaría a llorar, y eso no estaba en las historias, pero claro que tú lo sabrías.
Me conocías, solías hacerlo, solías leerme y opinar al respecto, solías construirme y destruirme de manera simultánea, y entonces no podía darme cuenta, porque pendía de cada extremo, o destruída o empoderada, me hacías tanto bien como mal, me hacías odiarte u odiarme, y lo sabías, solías involucrarte, solías anticipar mis reacciones, aún así siempre estaba un paso adelante, a lo mejor te agradaba sorprenderte, cuando aún contra todo pronostico terminaba actuando diferente a lo que esperabas, entonces me distraías y lanzabas otra cuestión, me estudiabas como un conejo en un bioterio, querías prever todos mis movimientos y mis pensamientos, y cuando algo te resultaba familiar me encasillabas con un montón al que les asignaste el “única y diferente”.
¿Te dolió el ego cuándo te devolví tus explicaciones intactas? es porque no cumplí tus expectativas, esperabas que me obsesionara sin control, querías que rogara tu esquiva atención, que arrastrara cada parte de mí hasta la puerta de tu casa y te pidiera una, aunque sea la más mínima explicación, acerca de ago que nunca estuvo claro pero en lo que estuvimos mutuamente deacuerdo: explorarnos, saciarnos juntos, encontrar mil maneras de besar, compartir los silencios, apoyarnos y sobre todo: decirnos la verdad. Y es una lástima que fallaras estrepitosamente en esa última parte.
Aún así, no entendí por qué saliste a buscarme, si habías tenido la desagradable oportunidad de verme con el corazón roto cuando nos conocimos, ¿querías poner una cicatriz en alguna parte? ¿dejar una marca? ¿tan grande como la que él dejó? recuerdo que opté por alejarme de ti pensando que como tú lo habías hecho primero, sólo debía continuar con tu plan, así que me sorprendí cuando nos vimos juntos riendo y hablando alrededor y no muy cerca de “lo que pasó”, entendiste entonces que mi corazón no guarda rencores, pero claro que me acuerdo de lo hiciste.
Morada











