Aquel extraño lago de Coca Cola
Es extraño pensar en lugares que nunca han sido tocados por el ser humano. Siempre he tenido la creencia de que no existen. El lago Coca-Cola no es la excepción, muchos seres humanos vienen y seguirán viniendo. Pero por lo pronto, es el espacio menos intervenido por nuestra especie en el que he estado. Su nombre no es por que los encargados de la reserva ecológica Paulo Cesar Vinha se les haya ocurrido como estrategia de marketing, sino es como los lugareños llaman a este extraño lugar. Su intenso color marrón, se asemeja mucho a la bebida favorita de Tio Sam. Es un alga dice la gente sin dar muchas explicaciones técnicas, dependiendo de la hora a veces se torna un rojizo oscuro. Lo más sorprendente es que el agua es cálida. Es muy probable que si alguien se adentre hasta que el agua le llegue a las rodillas, no se vea sus propios pies. Lo cual da bastante impresión por que si algo lo tocase no sabría si es un pez, una serpiente, una piraña, o un monstruo de las profundidades. Aunque no creo que haya pirañas. La civilización más cercana es en Setibao, un pequeño pueblo en las costas del estado de Espíritu Santo, no se cuantos habitantes tendrá, pero dudo mucho que ese número se acerque a las tres cifras. Entre las casas de verano de los adinerados de Brasilia y Vitoria y las sencillas casas de quienes viven en el pueblo se encuentra una especie de hito cultural: Playeros, el hostel, bar, restaurant de Martín y Conrado, un argentino y un brasilero conocidos en la zona como "los argentinos", su casona funciona como un limite congénito entre la reserva ecológica y la sociedad. El lago se distancia unos 4 km de ahí, los cuales no se pueden hacer sino caminando por la playa. Por un lado está el inmenso Atlántico, por el otro la selva impenetrable que corresponde a la reserva y entre ambos una menuda franja de arena que indica el camino. Al borde de la espesura de la reserva se pueden encontrar restos de macumbas de los grupos religiosos místicos que tanto abundan en Brasil que eligen estos lugares por su cercanía a la naturaleza y su lejanía con la civilización. Del lado de la playa y desde muy temprano se puede ver a los surfistas arriba de sus tablas, las playas de Praia de Setiba son conocidas como las mejores del estado para surfear y lo comprueban los cientos de surfistas que vienen después de cada lluvia a la playa. Lo primero que se ve caminando desde la playa es una inmensa roca que está en la entrada de la zona, el lago la abraza con holgura. La cima de la roca funciona como un mirador hacia el interior de la reserva. Las 1500 hectáreas que comprenden la reserva ecológica se pierden en el horizonte entre arboles, plantas y vegetación. Muchas aves recorren sus cielos pero contrario de lo que cualquiera podría prejuzgar, los mamíferos no son mayoría, si lo son los reptiles. Lo intenso de la vegetación que rodea el lago es una especie de cachetazo a nuestra fragilidad humana. La naturaleza se ha encargado de construir un lazo de vida profunda e insondable. Todo en un perfecto equilibrio para que se de esta fortuna salvaje. El agua del lago se adentra por entre las ramas y los troncos de los arboles, creando así una especie de humedal gigante. En esta zona hace calor todo el año, los días más fríos pueden rondar los 20 grados, muy rara vez llueve, pero cuando lo hace es común que sea con rayos y truenos. Cuando pasa mucho tiempo sin llover es común ver a los escorpiones deambular por ahí. El lago Coca Cola es un lugar que vale la pena mantener intacto, la ciudad ya no son lugares en donde el impacto medioambiental sea un tema real, pero reservas naturales como esta nos dan esperanza de que no todo está perdido, es un pulmón, como un hermano menor del Amazonas. Y si no fuese por intrusos como yo, con sus lentes y su curiosidad, la vida silvestre reinaría en plenitud.
--
Para ver la serie completa haz clic aquí










