Ya no puedo conmigo misma.
Todos los días me despierto, hago un esfuerzo gigante para levantarme de la cama y cambiarme ropa, para comer, para hablar. Todo me cuesta mucho, pero lo hago para no preocupar a mi familia.
La ansiedad cada día es peor, estar constantemente preocupada de lo que pasó, de lo que está pasando y de lo que pasará. El miedo que tengo, la infinita cantidad de pensamientos negativos y fatalistas, el no poder dormir en la noche, el llorar hasta que me duele la cabeza. También los dolores, de cabeza, de espalda, la falta de aire, las ganas de vomitar. Los ataques de pánico o el sentimiento de molestar a todos a mi alrededor.
Cada día presento al menos tres de estos dolores y sentimientos. Algunos más fuertes o largos que otros. Y cada día, cada hora tengo que hacerme de fuerza para poder seguir.
Al tener una rutina como lo es ir al colegio, me ayudaba a mantenerme relativamente bien. Mantenía mi mente distraída, ocupada. Ahora, que todo esto está pasando, me quedé sin esa rutina. Hay días en los que me he quedado en cama, sin comer, sin cambiarme ropa, sin siquiera moverme un centímetro, diciéndole a mis papás que estoy bien, que salí a buscar fruta al refrigerador y comí cuando en realidad no estoy bien, nada bien.
Y no gente, no es exagerar, no es que quiera llamar la atención o una excusa para no hacer cosas.
Porque si fuera una excusa, podría decirle a mis amigos "no puedo, estoy teniendo un ataque". No, ellos ni siquiera saben que paso por todo esto, e incluso si les digo su solución sería "pide ayuda, toma algo". Ojalá fuera tan fácil, pero no. He cancelado miles de cosas por miedo, porque podría pasar algo malo, porque siento que no puedo respirar, porque siento que si salgo algo puede pasarle a mi familia mientras no estoy.
Esto no es fácil y no es bonito. Esto es la verdad de ser yo, de tener ansiedad. Y lo siento, pero alguien tenía que decirlo.
Así que gente, si tienen un amigo o familiar que tuvo la confianza de decirles que sufren de ansiedad, escríbanle, diganle que lo quieren, preguntenle cómo está, háganlo sentir que no está solo y que puede contar contigo. Si ves que está mal, teniendo un ataque o que simplemente no tiene fuerza para levantarse de la cama en la mañana, pregunten que sucedió y cómo pueden ayudar, apoyenlos. A veces incluso solo saber que no estás solo en esa situación funciona, el saber que tienes alguien a tu lado.