Hubo una mujer que pasó 2 años en un hospital psiquiátrico y ni siquiera estaba loca.
Esa fue la historia de Susanna Kaysen. Nació en 1948 en Cambridge, Creció en un ambiente intelectual, porque era hija de un economista de Harvard.
Desde joven fue una chica brillante, el tipo de persona que hace preguntas que los adultos prefieren no responder.
A los 18 años, después de una sobredosis de aspirinas que ella siempre describió como algo ambiguo, un psiquiatra que la atendió durante apenas veinte minutos la hizo firmar su internamiento y decidir que estaba loca.
Pero así terminó en el Hospital McLean, uno de los psiquiátricos más famosos de Estados Unidos, donde residieron figuras como Ray Charles y Sylvia Plath.
Susanna pasó casi dos años internada junto a otras mujeres jóvenes atrapadas en un sistema donde no había una claridad sobre cuándo empezaba una verdadera enfermedad mental.
Polly se había encendido fuego, Georgina era mentirosa compulsiva, Lisa había abandonado a su familia, y a los 12 años fue considerada sociópata, y Daisy sufría depresión y abusos de su padre.
En su libro publicado “Inocencia interrumpida”, las describe como seres dulces que se comportaban como locas a propósito con la autoridad.
Y algo a mí en lo personal que me llamó la atención es que hay un capítulo en el que comenta que fueron visitadas por unas pasantes de enfermería, y que en esa ocasión todas controlaron sus actitudes para no ser groseras con ellas. Es decir, que lo único que necesitaban era algo de compañía en un mundo donde hasta sus propias familias las reprimían.
En 1999, su historia llegó al cine protagonizada por Winona Ryder y Angelina Jolie. Pero el libro sí es otra cosa porque hay más detalles sobre lo que padecía cada una y, viéndolo en un plano general, ninguna de ellas estaba tan enferma como para encerrarlas en un hospital psiquiátrico.












