Aquel viejo y conocido refrán de “si quieres algo bien hecho, hazlo tu misma” se había convertido en la frase de cabecera de Elesa en el último cuarto de hora . La repetía mientras se frotaba las sienes con sus delgado dedos, la recitaba una y otra vez como un mantra que le proporcionaría la energía y, más importante todavía, la paciencia para lidiar con una situación que desbordaba a toda la región e incluso a todo el mundo.
Hacía una semana que los Zubat habían ido moviéndose desde sus hogares hacia las ciudades de todas las regiones, causando una molestia que solo iba en aumento. Primero habían sido pocos y solo por las noches, pero habían ido aumentando las cantidades de veneno/volador hasta volverse una verdadera plaga.
En el gimnasio de Ciudad Mayólica se habían enterado del problema, pero en un comienzo parecía ser algo que se solucionaba poniendo un cartel de “cerrado por disposiciones de seguridad” en la puerta y listo. Después de todo, tanto el gimnasio como la casa —que eran la misma construcción separada por un pasillo y unas escaleritas— podían ser una fortaleza digna para aquella situación tan poco favorable. Era imposible que entraran puesto que las ventanas y el sistema de ventilación contaban con mecanismos de avanzada que habían tenido que colocar por los problemas con Kyurem que habían tenido lugar hacía unos años. Con la comida no habría dramas, tenían buenas reservas y la huerta del jardín de invierno estaba en un buen momento.
Lo que parecía ser un problema para el resto de las personas era, al menos al comienzo, unas vacaciones para Elesa. Claro que tarde o temprano iba a empezar a verse afectada. Una buena mañana, cuando la glamurosa señorita de Unova se disponía a leer las ediciones mensuales de las revistas de actualidad, notó que su predilecta y una de las más grandes de todo el mundo, no había llegado. Indignadísima por creer que era un problema de los repartidores, no dudó en llamar. Desafortunadamente le informaron que aquella publicación no había salido, por lo que cambió el número al que estaba marcando por el de la oficina central de la empresa. No había excusa suficiente para no tener en sus manos el ejemplar con su cara y cuerpo en la portada.
—¿Aló? Elesa al habla… Sí, ¿qué otra Elesa puede haber? Páseme ya mismo con Larry, su editor en jefe…Mire, la verdad me importa muy poco todo eso, solo quiero saber por qué no ha salido la revista todavía. ¿Un problema con Zubat colándose en la imprenta? ¡¿Por descuido de su personal con el sistema de aire acondicionado?! ¡Qué falta de responsabilidad! ¿Y qué harán al respecto? Supongo que ya tendrán todo arregl…¡no! ¡Eso sí que no! ¡Sobre mi cadáver! Entiendo perfectamente que sea un problema que esté afectando a toda la región y no puedan hacer nada, pero es mi portada en mi revista predilecta… ¿Que no me preocupe? ¡¿Que harán una publicación especial online sobre los Zubat?! Comuníqueme ya mismo con Larry antes de que me enfurezca. Sí, muchas gracias… ¿Larry? ¡Oh, Larry, cariño! ¿Qué es todo lo que está pasando aquí? Sí, sí, me he enterado de los Zubat, ¿para tanto es? ¿Y no pueden llamar a la policía o a alguien? Claro, entiendo que estén los servicios colapsados, pero… ¿no es un poco demasiado para una revista de prestigio sacar un especial solo con Zubat? Sí, es un tema importante, sé que todas las revistas, diarios, radios, programas de televisión e incluso en internet hablan de esto, por eso es que creo que deberían distinguirse… Y no lo digo solo porque esté yo en la portada y una entrevista de cinco páginas en la sección más importante, o tal vez sí… ¡Tu me conoces, Larry! Entiendo, entonces déjame que te pregunte algo, una situación hipotética: ¿qué pasaría si encuentran la forma de quitar esos molestos Zubat de allí? No, sé que no pueden ser heridos, pero nadie ha dicho nada sobre los combates… Sí, también sé que son muchísimos, recuerda que es una pregunta hipotética… ¿Qué pasaría si alguien estuviera dispuesta a quitarlos por ti y que casualmente esa persona sea una respetada líder de gimnasio y súper-modelo?
—Tendrías la revista y el especial online para t… para ella, pero, cariño, no podrías hacer una locura así…
—Dame dos horas y estaré allí —aseguró antes de colgar—.
Eso la llevó al comienzo, a frotarse las sienes repitiendo una y otra vez aquel viejo refrán, todo mientras esperaba que sus asistentes se reportaran en la sala de estar tras haberlas llamado hacía unos pocos minutos.
—Señoritas, tengo tareas para ustedes. Tesla, necesito las redes: todas las que haya en esta casa. Las que usamos para cubrir la piscina, las que usamos para jugar deportes acuáticos, las que utilizamos para que los tipo bicho no se acerquen a los arbustos delicados, las que habíamos comprado para sostener los globos en la última fiesta de año nuevo, todas las que se te ocurran.
—De inmediato, señorita Elesa —respondió de inmediato y partió—.
—Faradia, consígueme… repelentes. Sé que había dicho que jamás usaría eso, pero los necesitamos. En cantidades. ¿Entendido?
—Amperia, hazme el gran favor de ir a buscar a los Joltik.
—¿A l-los Joltik? —respondió asombrada—.
—Sí, a todos. Y alístalos para salir cuanto antes. Yo iré por mi equipo.
En hora y media, los poderosos brazos de Thundurus cargaban una gigantesca caja de madera con cincuenta kilos de redes, dos contenedores enormes de vidrio repletos de pequeños ejemplares de Joltik que dormían pacíficamente y varios paquetes de repelentes. En su nube, Emolga, Galvantula y una malhumorada Elesa cubierta de aquel asqueroso líquido terminaban de realizar los preparativos para salir hacia la imprenta de aquella famosa revista, que para su suerte se encontraba en el sótano del edificio central.
Treinta minutos duró el viaje en el que casi no debieron toparse con Zubat: el rey del trueno, los repelentes y la cantidad de pokémon de tipo eléctrico eran impactantes, incluso para aquellas criaturas en su forma de plaga. Solo habían debido derrotar a quince, lo que no había sido problema alguno para Emolga y Galvantula, dos veteranas de las batallas contra Zubat, la especie predominante en las cuevas que tanto odiaba su entrenadora.
—Soy Elesa, tengo cita con Larry —se presentó en la entrada luego de que le realizaran todos los controles a ella, a su equipo y a sus pertenencias —. Era urgente.
—Sí, señorita Elesa, él la está esperando. La acompaño…
Izquierda, pasillo, derecha, pasillo, Larry. El hombre sin cabello y con unos gruesos lentes de pasta la esperaba vestido de forma impecable, su traje de color naranja era lo último de la colección de una de las marcas más renombradas de Kalos. Los zapatos combinaban a la perfección, aquel tono marrón iba de maravillas con el pañuelo que guardaba en el bolsillo de su saco, sus gafas y el sombrero que reposaba en su cabeza.
—Me gustaría dejar que me invitaras un latte, pero tengo que ponerme manos a la obra…
—¿Crees que he traído todo esto conmigo para jugarte una broma?
—Te acompañaré hasta la puerta del sótano, más que eso no puedo hacer. Por cierto, ¿utilizarás un traje de diseñador para una tarea así?
—¿Eres tu el que bromea? Podrás perder la compostura pero nunca la costura. Recuerda eso, lo necesitarás para el artículo.
Eelektross avanzó cargando las cajas escoltado por Emolga, Galvantula y la súper-modelo, era hora de actuar.
Los Zubat habían encontrado un hábitat similar al que tenían como natural: un espacioso sótano húmedo, oscuro y lleno de recovecos formados entre las máquinas, sillas y tubos de ventilación. Por aquella razón apenas se distinguían del fondo gris. Elesa se apiadó de quienes trabajaban allí a diario.
Sus pokémon ya sabían cómo actuar: había que colocar las redes en cualquier orificio que pudiera ser utilizado como salida por aquellas criaturas. La puerta sería el primero y las ventanas estarían en segundo lugar, pero para quitarlos de los conductos de aire acondicionado y diversas rejillas, había que distraerlos de alguna forma.
—Emolga, Eelektross, llamemos su atención —susurró—.
En ese momento, tras esas palabras, la chica de los ojos color cielo encendió todas las llaves de luz al tiempo que sus compañeros hacían lo que mejor sabían: deslumbrar al público. Utilizaron Destello y una buena cantidad de movimientos de tipo eléctrico causando un gran alboroto para lograr que cada Zubat decidiera comenzar a volar por todo el sótano sin rumbo fijo.
Aquellos que se dirigieron hacia las redes, se vieron atrapados inmediatamente, y los que optaron por las pequeñas salidas sufrieron pequeñas descargas eléctricas producto de las Electrotelas que las decenas de Joltik, orquestados por Galvantula, habían colocado apenas se habían movido. Algunos de los del último grupo habían caído, puesto que las telas de la compañera de Elesa eran más fuertes que las de sus crías. El resto, aquella porción que no había sido atrapada o debilitada, sería la que pelearía contra Eelektross, Galvantula, Emolga y un ejército de pequeños Joltik ansiosos por tener su primera batalla.
En cuestión de cinco minutos, la súper-modelo y líder de gimnasio se encontraba llamando a Larry para que avisara a la policía que habían capturado a más de media centena, que se encontraban en redes o debilitados por otros pokémon, pero totalmente a salvo.
—Dime algo que no sepa, Larry —respondió guiñándole un ojo al caballero del fedora color marrón—.
—La policía llegará en dos o tres minutos, pero antes de que se los lleven tomaremos algunas fotos para el artículo de la revista online. Saldrá a más tardar a medianoche y mañana empezaremos con la impresión regular.
La policía arribó al sótano ingresando por una persiana mecánica que era utilizada por los camiones que llevaban los cargamentos hasta y desde el lugar. Varios uniformados se acercaron a Elesa y a Larry, debían preguntarles cómo habían logrado tal hazaña. El hombre dejó hablar a la dama, quien se limitó a contestar que no debía extrañarles algo así de una líder de gimnasio enojada y con muchas ganas de ver su figura en una revista prestigiosa.
—Señorita Elesa, ¿podría repetir sus tácticas en otros lugares? Se lo agradeceríamos mucho, estamos confundidos.
—Oh, no. Lo siento, pero tengo una entrevista y la segunda parte de una sesión de fotos, ¿no es así, Larry? —respondió inmediatamente, estaba cansada de tanto preparativo y una batalla de ese estilo —. Lo que sí, puedo prestarles a mi ejército de Joltik y a Galvantula unas horas, pero deben prometer que los pequeños estarán todo el tiempo posible en las peceras con circuitos eléctricos para que puedan alimentarse, y que tratarán a Galvantula como la princesa que es. ¿De acuerdo?
—S-sí, señorita Elesa. Lo que usted diga. ¡Muchísimas gracias! —expresó el joven quitándose su gorra y apretándola contra su pecho—. A más tardar a las once de la noche estarán de nuevo en su gimnasio. ¡Es una promesa!
—Excelente. Nos vemos entonces. ¡Adiós! —saludó antes de voltearse y caminar junto a Larry hacia el edificio principal —. ¡Ay! Si quiero que las cosas salgan bien, debo hacerlas yo misma, no hay alternativa.