"La evolución es entender que somos producto de todos los que vivieron antes que nosotros"

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"La evolución es entender que somos producto de todos los que vivieron antes que nosotros"
El rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.
Diógenes el Cínico
La excelencia es una hábito y cómo cualquier hábito, se puede adquirir. No se necesita se el más productivo, se necesita ser el más excelente. La pregunta es ¿Cómo?.
Hoy, en todos lados se te incita a ser productivo, a estar en constante producción. Pero sólo estas en un agotamiento del ser, agotando tiempo y energía. La vida contemplativa es la que produce tiempo.
La belleza está en la contemplación, no en la prisa
Byung Chul Han
Un retrato, es donde se cuenta algo de una persona, animal o cosa. no tiene que ser una foto de la cara, puede ser de las manos, de las ruedas.
De la naturaleza a la ciudad
Una ciudad se denomina de muchas formas, es un centro de consumo, un punto de calor, un tecno-ecosistema, el mejor invento humano, un parasito ecosférico y miles de cosas que se puedan ocurrir. La cuestión es que, así como nacen nuevas perspectivas de las ciudades, nacen o se encuentran nuevas formas de sorprenderse, pensarlas, imaginarlas o simplemente perderse sobre ellas.
Eso me recuerda los días cuando estaba en el grado noveno, tenía unas clases de inglés 3 días a la semana en un instituto que quedaba como a 20 minutos a pie de mi casa. Durante un año, me tomé ese tiempo semanal como una manera de perderme y encontrarme entre calles, casas, las canciones que sonaron en diferentes audífonos, las tiendas, negocios de empanadas, los vehículos, la gente con la que me cruzaba y hasta los árboles en los jardines. Siempre me aseguraba de tomar rutas distintas y conocer las distintas calles que me llevaban al instituto, a veces tomaba las más cortas cuando me cogía el día o la más largas cuando quería simplemente despejar la mente. Lo curioso fue que por esos días mi padre, al ver un dibujo que había hecho de una casa, me dijo que tenía el perfil de un arquitecto, y yo sin poner a duda esa afirmación me lo creí por los siguientes dos años.
Cuando me presenté a la Universidad y los juegos de la vida me pusieron en la carrera de ingeniería forestal, pasaron muchas cosas por mi mente, desde un fracaso motivado por los miles de burlas de mis amigos, hasta el orgullo de mi familia por pasar a la prestigiosa Universidad Nacional de Colombia. No tardaría mucho para darme cuenta de que el amor que siento por la naturaleza, el territorio, andar y la observación me darían a entender que tomé la mejor decisión. Sin embargo, nunca dejé de ver las zonas urbanas como un laboratorio en el cual podía imaginarme y pensar en nuevas creaciones.
Durante los últimos años, he aprendido mucho sobre la naturaleza y la ecología, pero no fue sino en estos días que me surgió una de esas inquietudes que no te dejan tranquilo, puesto que entre los varios conceptos que he estudiado a lo largo de la carrera, el Biomimetismo es uno de los que más me ha llamado la atención, éste habla de la ciencia de imitar a la naturaleza para las invenciones humanas. La cuestión es que, al juntar el concepto de biomimetismo con el urbanismo, me hace preguntar: ¿Es posible crear o recrear ciudades que imiten a la naturaleza?, y en el caso en que se hagan, ¿Qué efectos tendría sobre las ciudades como las conocemos?
Para pensar en responder esas dudas, un buen punto de partida lo brinda la ecología, cuyas clases he visto con el profesor Jorge Ignacio del Valle, que es una eminencia en la ingeniería forestal. En Ecología se estudian los ecosistemas, los cuales son una unidad delimitada por un área que incluye una comunidad biótica interactuando con el ambiente físico, de tal manera que un flujo de energía alimenta los procesos que ahí se dan. El mundo está formado por millones de ecosistemas con todo tipo de características variables, y la manera cómo los ecólogos los estudian, es por medio de modelos, los cuales son representaciones simplificadas de la realidad. Por ejemplo, en el texto guía de Odum et al, (2006), un modelo muy simple (Sin matemáticas) de un ecosistema es el siguiente:
En el ecosistema, El Sol provee la energía que los autótrofos (Plantas) consumen y la transforman, por medio de la fotosíntesis, en energía química que los heterótrofos pueden consumir después. Estos animales nacen, crecen, se mueven y se reproducen a partir de esta energía, transformándola en cada uno de los procesos en formas menos utilizables. Los animales son consumidos por otros depredadores que también nacen, crecen, se mueven y se reproducen, por lo que la energía fluye de unos organismos a otros alimentando varios procesos en el camino y permitiendo que se dé, nada más y nada menos que la vida. Ahora bien, durante la alimentación no solo fluye energía, también fluyen minerales, vitaminas, elementos esenciales para que se dé la vida, y al final, cuando los organismos mueren, defecan, respiran o se descomponen, hacen dos cosas: la primera es liberar energía que no es utilizable en el sistema y la segunda, es que devuelven al ambiente nutrientes, que son a su vez reciclados volviendo a alimentar otros organismos en el futuro. En el ecosistema hay muchas conexiones complejas, se reciclan nutrientes, se absorbe y se libera materia y energía que siempre están fluyendo, y por ello, el sistema funciona y se sostiene.
Por otro lado, Una ciudad también requiere de energía para que las personas satisfagan las necesidades, para que se alimenten, crezcan, se muevan a pie o en vehículos, observen en la oscuridad, calienten lugares fríos o enfríen lugares calientes, creen cosas o destruyan cosas, se puedan reproducir, ect. Odum, describe a las ciudades como tecno-ecosistemas, puesto que cuentan con tecnologías avanzadas y fuentes de energía poderosa que hacen posibles los procesos que ahí se dan. El problema es que las ciudades, a diferencia de los ecosistemas naturales, producen demasiados desechos, contaminan el agua y la atmosfera, consumen demasiados recursos naturales y demasiada energía, que no vienen directamente del sol, sino en su mayoría de combustibles fósiles, y aunque puedan mejorar la vida humana, deterioran la vida de otros organismos, compitiendo y hasta parasitando otros ecosistemas. Una representación muy estandarizada de un tecno-ecosistema sería algo así:
Hay que aclarar que estos modelos no representan exactamente a todos los ecosistemas y a todos los tecno-ecosistemas, existen muchas ciudades donde la huella ecológica es muy baja, donde se toman el reciclaje enserio y donde las fuentes de energía son en su mayoría renovables, donde logran hacer una buena relación entre muchas variables y a pesar de esto, se sigue manteniendo una buena calidad de vida para los humanos. Sin embargo, en nuestro contexto vale la pena hacer que las ciudades imiten mejor a la naturaleza, por lo que la pregunta ahora sería, ¿Cómo hacer que un tecno-ecosistema sea una imitación de un ecosistema? ¿Cómo hacer que la representación del primero se parezca a la representación del segundo?.
Todavía faltan varios temas relacionados que me gustaría tratar y presentar más adelante; las geometrías de la naturaleza, los flujos en las ciudades, la economía de la naturaleza, lo que se puede aprender de los organismos eusociales como las abejas, entre muchas otras cosas. Pero sin duda alguna, para una persona cómo yo, que se la pasa estudiando entre la naturaleza y las ciudades, estas preguntas son las que me motivan a seguir andando y pensando que, en algún momento, va a ser mi generación la que va a diseñar el futuro.
Bibliografía.
Odum, S. Warret, G. (2006). Fundamentos de ecología. Instituto de Ecología de la Universidad de Georgia. Thomson Editores.S.A.
La otra música
Nací en la era en que la música se escucha en internet, la era del YouTube y de los reproductores en línea, pero unos años antes mi papá compraba “Cds” y antes de eso compraba “casetes”. Sin embargo, el común denominador de los dos siempre fue la radio. Yo escuché toda la vida “Radioacktiva”, mientras él escuchó “Veracruz estero” y a veces uno que otro fin de semana en la mañana, mientras me llevaba a la escuela de fútbol, escuchábamos “W radio”, donde además de canciones, hablaba gente e informaban las noticias. A veces escuchaba “La mega” por las noches y cuando iba o venía del colegio, siempre ponían en el transporte las emisoras de reggaetón que le gustaban a todo el mundo pero que a mí nunca me acabaron de convencer. Así, La radio siempre fue una gran influencia de lo que escucho en todo momento, Incluso hoy, que puedo escuchar cualquier canción en la web, sigo escuchando radio en una vieja grabadora de los 90´s que heredé de mis padres.
Años después, aprendí a bajar canciones de YouTube en formato mp3, que posteriormente puse en los aparatos reproductores o los celulares que tenían la opción de reproducir, y así me la pasé muchos años con todo tipo de audífonos escuchando mis canciones favoritas que salieron de mis amigos, mi padre, la radio o las recomendaciones de YouTube. Pero hace relativamente poco, mi buen amigo Checho me sumergiría en las profundidades de Spotify, que tenía un formato más o menos diferente de como estaba acostumbrado a escuchar música, puesto que no sólo son canciones, sino que presenta los álbumes completos, por orden cronológico y con las recomendaciones personalizadas. Esto puede parecer algo muy normal, pero yo muy pocas veces me escuché álbumes completos, siempre escuchaba las canciones individuales que me mostró YouTube o las que ponían en las emisoras, que por lo general son las canciones más “pegajosas” o más “vendibles”.
Hace pocos días estuve leyendo “El poder de los hábitos” de Charles Duhigg, y me encontré que las canciones “pegajosas” son las que tienen el efecto de quedarse en el inconsciente, así las amemos o las odiemos, por una cuestión de los hábitos, puesto que los sonidos “habituales” que se escuchan cierta parte del tiempo y que se vuelven “Familiares”, por efecto se vuelven casi que parte de nosotros. Eso se puede observar mucho hoy en día, si te pones a ver las listas de hits, los tops, las más sonadas, etc. La gran mayoría van a tener un ritmo de 4/4, (si quiere, puede hacer el experimento de contar hasta 4, de forma repetida y buscar ajustase a la canción, que con seguridad se ajustará). Además, los acordes cada vez varían menos, se ponen los mismos ritmos y hasta copian melodías de canciones de otras épocas. Un ejemplo es el reggaetón más contemporáneo tiene siempre el mismo ritmo, que se “pega” y es bailable, por lo tanto, que es muy vendible.
Lo interesante del tema, no es la música en sí, sino la parte mercantil que va detrás, los artistas hacen un disco, pero buscan que pocas canciones se peguen, se escuchen en la radio y sean el hit del momento, eso lo hacen con el fin de promocionar su trabajo, pero cómo consecuencia implícita, canciones buenas se pierden en el mundo musical como un barco se pierde en el horizonte de mar abierto y que antes que se pierda sólo algunos pudieron contemplar.
Cuando recién estaba conociendo Spotify, me gustó el orden por álbumes, diferente a las canciones sueltas que solía escuchar por YouTube, Podía escuchar un disco entero como lo hizo la vieja escuela con sus LP´s, casetes y hasta cds, sin pasar la canción que menos me gustaba o que ya había “quemado”, sin reproducción aleatoria, sin bucle. De esta forma pude contemplar temas espectaculares que nunca sonaron en la radio o no me recomendó YouTube, y esa, la “otra música”, me hizo conocer un mundo discreto pero mágico y me hizo entender que lo convencional no siempre es lo más maravilloso.
Aquí dejaré algunas de las muchas “otras” canciones que me he encontrado:
El padre Antonio – Rubén Blades
Slam dance – Bajo tierra
Mar – Ekhymosis
Contigo – Bad Bunny
Ella – Carlos Vives
1990 – Soda stereo
Did I let you go – Red hot chili papers
Dance, dance, dance – Red hot chili papers
Guarachero – Superlitio
Extraordinary girl – Green day
En una de las entrevistas que hace el español Jordi Wild, dijo que la música de hoy se produce un poco como se produce la “Fast food”, y creo sinceramente que es cierto, puesto que donde se escuche, se encuentra cada vez más procesada, más rápida de consumir, que “pegue” sin importar que mensaje lleva o que trabajo le costó al “artista” hacerla, o prepararse para hacerla. Pero, aunque la comida rápida sea rica, no siempre es la más deliciosa, o la que más alimenta, o la que genera una nueva experiencia, y con tantas “canciones rápidas” se pierden muchos sabores que representan una identidad o una idea, que se gozan o tienen un sabor mágico.
Hay canciones excelentes en muchos lados, escondidas en Álbumes, versiones en vivo que son de otro mundo, pero que solo escucharon los que estuvieron en la presentación, bandas locales o nacionales que no alcanzan a sonar en la radio, Incluso canciones que son hits en otros países pero que nunca llegan a nuestro entorno. Esas también hacen parte de la “otra” música y que vale la pena explorar, no sólo por el sonido, sino lo que trae detrás, la experiencia y los sentimientos que expresa el arte.
Ahora bien, todos tenemos nuestras “otras canciones”, nuestros gustos particulares y hasta culposos, pero no dejemos que se pierdan en la inmensidad digital, sáquemelos a flote, compártanoslos con quien le puedan interesar, apoyemos a esos artistas locales a que suenen más lejos y sintámonos orgullosos de escuchar temas originales que no tienen porqué gustarles a todo mundo ni tener millones de reproducciones en YouTube, dejemos de escuchar solo las canciones que nos quieran vender y diversifiquemos los estilos y sonidos. No digo que esté mal escuchar “Tusa” o “China”, lo que digo que la música es de lo más hermoso de la vida para que sólo escuchemos lo más comercial, lo que más nos venden, para olvidar esas canciones que nos hacen ser y nos hacen vivir, Para finalizar dejo la pregunta clave, ¿Cuáles son tus “otras” canciones?.
El patacón y otras historias (Parte 2)
Cuando el plátano está a la mitad del fritado, mi madre lo saca de la paila, le deja reposar un momento y, para cuando esté un poco más frío, le pone un recipiente plano encima y lo aplasta con toda su fuerza. Luego, los va apilando uno sobre otro, esperando desocupar la paila para volverlos a sumergir.
También apilados, en un galeón español, vienen unos esclavos provenientes de África. La mayoría se encuentran alejados de su familia, de su grupo etnico. Se agruparon con otros negros de diferentes tribus de otras partes del continente para que se les dificulte comunicarse entre ellos y, asi, no puedan sabotear el viaje-. En la división es que se vence.
Se dirigen a alguna de las colonias europeas del caribe. El propósito que tienen en las Américas es ser vendidos a alguna personalidad poderosa; un marqués o un terrateniente, para trabajar a su servicio toda la vida. Cuando llegan a puerto, la gente tasadora, gente que estima su altura, su salud, les observa los dientes con cuidado, junto a la edad, género, si están calificados o no, e incluso, cuál es su ocupación, puesto que algunos ya estaban predestinados a labores agrícolas, otros a minería y otras a labores del hogar. Se les valoraba teniendo en cuenta todas las variables y se empieza a negociar con ellos como con cualquier otro objeto.
El comercio de esclavos era una actividad económica que en tiempos de la colonia tenía mucho movimiento. En Colombia, en la región caribe, había tres provincias; la provincia de Cartagena, la provincia de Santa Marta y la zona de la Guajira. Los galeones desembarcaban en Cartagena y, por los ríos, los llevaban al puerto de Mompox o Loríca, donde se vendían, revendían y se distribuían al interior del país. Los esclavos pasaban por las manos de intermediarios, de comerciantes, y de amos que los compraban, intercambiaban o los regalaban con algún interés. Sin los esclavos la producción económica nunca hubiera salido a flote. Siempre ha sido viable invertir en mano de obra en donde había mucho que producir.
En la época de la colonia, en el mercado corriente, se encontraban diversos tipos de divisas en circulación, provenientes, en su mayoría, pero no exclusivamente, del reino español. Algunas se acuñaban dentro del mismo reino, pero también era posible encontrar caminando de mano en mano otras provenientes de lugares como Italia o Portugal, que casi siempre se hacían en honor o capricho del rey del momento. Se podían ver Reales, Ardites, Ceténes, Cincuentines, Maravedíes, Cuartillos, Dineros junto a una variedad inmensa de monedas entre siglos y mandatos, pero en esta historia, el que tiene particular interés es el tostón, una moneda con bordes irregulares muy usada en la colonia.
El “Testone”, una moneda acuñada en Milán, empezó a rondar en Europa después de 1470 desde Italia. Tenía la característica de ilustrar en el metal una “testa”, es decir, una cara. Esto era llamativo y especial, porque anteriormente las monedas tenían solo ilustraciones más básicas o solo manuscritos cortos, en función de su medida de valor y según el peso del metal que la conformaba. A partir de los Testones, se realizó un cambio en las monedas de la época y lo más particular fue que los otros países europeos empezaron a imitar este tipo divisas, incluyendo, por su puesto, a los españoles, quienes nombraron sus monedas como “tostones”.
Cuando se tiene los plátanos medio fritos, estripados, de un color amarillento pálido, mi madre aplica un truco que se lo aprendió a mi abuela y mi abuela a mi bisabuela. El artilugio le da un toque característico a los patacones familiares y que en otros lugares del país, como en el eje cafetero, no se ve. Consiste en sumergir, en un recipiente con agua y ajo, el “pre-patacón”, cada uno de aquellos de la pila a punto de volver a la piscina de aceite, justo antes de volverlos a zambullir en la paila, formándose nuevamente las burbujas y el sondo volcánico en el liquido hirviente.
En estas tierras, casi igual de hirvientes, cada vez se necesitan más esclavos para poder llevar cabo las labores agrícolas. Además se necesitaban que los esclavos tuvieran una dieta muy nutritiva, que les permitiera tener la suficiente energía para realizar dichos trabajos. Por ello, se les alimentaba con una ración de carne junto con alimentos que ellos mismos cosechaban, por lo que comían arroz, yuca, ñame y en bastantes cantidades, el plátano, qué además lo conocían desde antes de llegar a las Américas cuando los portugueses lo sembraron en África occidental. Es aquí donde se empieza a intuir el origen pataconero; pues resulta que, en los países del caribe centroamericano, donde se encontraban las colonias españolas, había todo un mercado de esclavos y grandes cosechas de plátano. Los esclavos, al fritar plátano en cilindros, y luego aplastarlos, formaron discos irregulares, que por puro azar, también formaban figuras particulares en el centro. Por pareidolia, la figura del centro se asemejó a las caras de las monedas Y el alimento, a un “Tostón”, es decir, a lo que nosotros los colombianos conocemos como “patacón”.
Es difícil decir con exactitud cuál es el momento exacto donde se originó el patacón. Existe la posibilidad de que fuera un accidente culinario, un vivo ejemplo de lo que es la serendipia. Pudo haber sido una historia parecida a otras, como la de las papas fritas o la champeta. Pudo haber sido que se creó paralelamente en Colombia o en otras zonas del caribe lo que explique la diferencia de los nombres. Pudo haber sido que un animal pisó un plátano y el nombre venga en honor a la “pata”, tal vez algún día se sepa que pasó exactamente o puede que nunca se sepa. Posiblemente nunca se sepa a ciencia cierta quien fue el autor original de este invento. Pero lo que sí sabemos es que es una majestuosidad gastronómica, donde una fruta del sur de Asia, un proceso de carbonización utilizado antiguamente de partes de Asia y África, la exportación, comercialización y hasta la barbarie impartida por un grupo de europeos y el ingenio, creatividad o el accidente de quien sabe quién, terminó creando una obra de arte gastronómica que representa la identidad de una zona tan amplia como la del caribe americano.
Mi madre saca el patacón dorado del aceite, lo pone sobre una servilleta para que se seque un poco y empieza a rayar queso. Luego se dispone a servirlo, a poner encima el queso, a servir la sobremesa y a reunirnos en familia a disfrutar de un momento de los que me harán falta cuando no esté en mi casa. Paralelamente, a unos 400 kilómetros al norte, aguantando el famoso y cansón calor de Montería, mi tía Ariana, la tía universal y de universales recetas, se le ocurre experimentar haciendo un patacón suizo, una mezcla que lleva lechuga, trocitos de pollo, queso costeño, salsas y ripio de papa. Una mezcla tal, que vuelve alianzas cualquier pelea y suprime la distancias con recuerdos y memorias.
No soy historiador, ni cronista, ni periodista, pero mientras masticaba ese manjar exquisito me surgió la simple duda: ¿Quién habrá inventado el patacón? y esa duda a la vez llevó al ¿Cómo lo hizo? y así surgió una reacción en cadena me impulso a indagar y escribir, y que, aunque no se tenga certeza de muchas fuentes, si sé que el patacón es una analogía de los colombianos, de una humanidad que nació en el seno de un continente alejado, viajando por el mundo, ganando variedad genética, que fue maltratada, comercializada como objetos, que se adaptó y reinventó, que triunfó y que después de años, décadas y siglos, se cosechó como una mezcla de muchos orígenes y sabores que nos dio una identidad, una identidad que debemos amar y de la cual sentirnos orgullosos.
Tanto en la naturaleza como en la comida, el placer está en la diversidad
Davo