“Ah, pero es que eso se debe a que no hay dos como tú. Pueden existir varias personas que compartan ciertos gustos contigo, sin embargo, nunca será algo completo, ¿me entiendes?” — aunque no estaba segura de si ella lo había dicho. “¿Me vas a mostrar tus conocimientos algún día? Tal vez mañana, o al día siguiente. Lo único que sé es que no puedes dejarme con tantas dudas, eh” — lo observó desde su altura, dedicándole una amplia sonrisa que ya le había ocasionado dolor de mejillas. “¡Me encantaría! ¿Podemos tener otra aventura los tres? Pero que sea al aire libre, ¿sí? Así puedo mostrarles a ambos cómo cuidarse si llegan a perder en el bosque” los observó a ambos, interesado en conocer sus reacciones. “Me parece una maravillosa idea” — Zea aseguró, asintiendo con la cabeza y aferrando las flores entre sus dedos. Alzó al pequeño al mismo tiempo que Seven, esperando otorgarle un efecto completo en cuanto a la acción se refería. Un pliegue se formó entre las cejas de Jasper, mostrando un poco de preocupación al respecto. “No debes preocuparte de nada. Te prometo que Seven y yo te vamos a acompañar” — añadió, esperando que sus palabras resultaran suficientes para tranquilizarlo. “¡Dulces verdes para todos!” la señal que la guardia necesitaba. “Pude haberme ofendido” — mintió, adoptando un aire dramático y entretenido. “¿Ya casi llegamos?” deseó saber Jasper, tal vez entusiasmado por enfrentarse a aquella nueva aventura.
Agradeció que la guardia se ocupara de la inseguridad e incertidumbre del niño, ya que era obvio que él no servía para esa tarea. De seguro el decir que había niños para nada valientes que podían llorar no hubiera sido algo bueno. “Luego de los dulces, y cuando acabemos nuestros turnos, podríamos ir a los juegos del pueblo. ¿Qué les parece?”, preguntó Sev, contagiado por el entusiasmo del pequeño. Acto seguido, se inclinó lo suficiente por encima de Jasper para responder a la palabras de la chica. “Si no te ofendiste luego de que mencionara tus necesidades, nada lo conseguirá”, y entonces la sonrisa pilla apareció por un instante, desapareciendo rápidamente al ver que el pequeño de rulos de pronto observaba hacia arriba en busca de una respuesta. “Cuarenta y cinco pasos” mintió, a lo que Jasper entornó sus ojos con claras dudas. —¿Cómo puedes saber eso? ¿Cómo puede saber eso? ¿Es algo por ser guadias?—inquirió hacia Zea al final. —¿Y de qué hablaban? ¿Por qué me dejan fuera? ¿No es algo que necesito saber? Si es sobre la aventura quiero saberlo todo, por favor—.













