El teatro es un arte que se desvanece en el instante. Escribir sobre él es una forma de resistir el olvido. Bienvenido a mi archivo personal de reseñas teatrales desde Lima.
-¿Cómo estás?
- Estoy. Eso a mis años ya es bastante.
“Las veces que no (te) dije te quiero” presenta el drama masculino de una familia atravesada en tres generaciones por la herencia trágica del silencio. Con las actuaciones de Carlos Victoria, David Carrillo y Sergio Armasgo, la pieza nos sumerge en una geografía doméstica donde la vulnerabilidad y el afecto no parecen tener lugar.
La escenografía funciona como alegoría espacial: se desarrolla en el dormitorio y la sala-comedor, exponiendo una segmentación de género donde no intervienen las zonas de servicio ni la cocina. Esta ausencia subraya que los personajes habitan espacios de "proveedores", pero carecen de un lugar de nutrición emocional. En este hogar, no hay un espacio cómodo para la vulnerabilidad.
Los tres relojes en las tres paredes marcan los tiempos generacionales. Es potente que el reloj correspondiente al padre (personaje de David Carrillo) esté sobre la pared más clara; su tragedia ocurre a plena luz, sugiriendo que la oscuridad masculina no siempre se esconde. El diseño de luces acompaña cada salto temporal, delimitando el presente del recuerdo y apoyando la psicología de los personajes.
El vestuario refuerza esta barrera: los atuendos corporativos actúan como uniformes de una masculinidad que prioriza la fachada sobre la salud mental. Desde una mirada externa, resuena el dicho popular "los hombres no lloran". Esta premisa los convierte en analfabetos de la gestión emocional: al negarse el llanto, la depresión no encuentra salida y termina por consumirlos. La obra muestra que, mientras más se niega el dolor, más espacio ocupa hasta volverse insostenible.
El desempeño actoral es el pilar de la obra. Los saltos temporales dentro de la estructura fragmentada con la que se narra exigen de los actores agilidad para el cambio de registro. Sergio Armasgo, como nieto, transmite una ansiedad física real (tos y manos sudadas), mientras que Carlos Victoria entrega un trabajo magistral como el Abuelo. Quienes convivimos con un adulto mayor con deterioro neurológico —como en mi propia experiencia con mi padre—, reconocemos esa verdad: el abuelo puede entenderte un instante, pero vive en otro lugar. Su gesto de buscar los lentes es un refugio ante una realidad que no sabe cómo procesar y menos aún, reparar.
Tras el desenlace trágico del padre, hay una escena “imaginaria” de una cena-conversación como un falso flashforward, que es el momento más honesto de la pieza. Nos recuerda que el tiempo para el afecto es finito. Al final, no queda esperanza, sino un desconcierto compartido. El nieto busca en su abuelo unos ojos que, aunque olviden, al menos están.
Obra: Las veces que no (te) dije te quiero
Dramaturgia: Mario Zanatta
Dirección: Renato Piaggio
Elenco: Carlos Victoria, David Carrillo, Sergio Armasgo
"El evangelio según Mariana" es un viaje ecléctico de la dramaturgia. Es una comedia, es ciencia ficción y extraterrestres, es religión y tradición judeo-critianana, es símbólica casi surrealista; toca transversalmente temas importantes y no muy fáciles de hablar; y lo hace desde el humor.
¿Te imaginas que la nueva "María", madre del nuevo mesías, sea científica atea lesbiana y racializada?
Mariana es una científica que investiga un virus muy antiguo, pero al parecer el destino y la voluntad de dios se le presenta en sueños. ¿Y si resulta que estás bendecida, pero preferirías no estarlo? Es que una bendición es una gran responsabilidad… ¿Y qué pasó con el libre albedrío?
Pasan muchísimas cosas en 60 minutos: ¡22 escenas! Y Federico Abril, el director y dramaturgo cuenta como surgió esta idea en el siguiente video:
Entrevista a: Luisa Caldas Portugal/ Por Silvia García
Uno de los aspectos más destacables de la obra “Dos familias” radica en un diseño escénico minimalista, conceptual y contemporáneo, donde la trama —con sus retornos— se desarrolla orgánicamente. Respecto a ello conversamos con Luisa Caldas, autora de esta experiencia desde la dirección de arte.
¿QUÉ ASPECTOS DE TU VIDA TE HAN PREPARADO MEJOR PARA ABORDAR PROYECTOS CREATIVOS EN EL TEATRO?
Yo soy una artista que ha sido autodidacta, he aprendido en el camino y con el trabajo todo lo que sé. Además, agradezco ser muy sensible y curiosa, y saber apreciar las imágenes, los colores y las sensaciones que me da un texto. También sirve mucho caminar, observar y conocer lugares que te saquen de tu “zona de confort”.
PARA DOS FAMILIAS, ¿CÓMO SURGE LA INSPIRACIÓN PARA EL DISEÑO ESCENOGRÁFICO?
Cuando leí el texto, la primera imagen que me vino a la cabeza fue de ausencia y vacío. Desde ahí partí para hacer el diseño escenográfico. Busqué imágenes que me ayudaran a llevar mis ideas a lo concreto y apareció la foto de un mueble familiar incompleto. Ese fue el detonante para el diseño escenográfico. En estas paredes que existen en este espacio pero que no generan límites, casi transparentes, donde los personajes habitan, podemos verlos ampliamente en un espacio más íntimo, sin muros, ni puertas cerradas.
EN UNA PALABRA ¿CUÁL FUE EL CONCEPTO DETRÁS DE LA ESCENOGRAFÍA?
Fragmentación.
¿CÓMO SE RELACIONA EL DISEÑO CON LA DRAMATURGIA?
Los personajes tienen un vacío que desean llenar: Marcos y Cristina, la
presencia de un niño que no les pertenece; Miguel, la ausencia de un niño que no conoce pero sabe que es suyo. Toda esa sensación de vacío, ausencia, de quebrarse o romperse, de perder la paciencia
y la cordura (en ciertos momentos) está plasmado en el diseño de arte: los muros abiertos, el color blanco tan presente que se invade, de cuando en cuando, con detalles de color, que en este caso sería Luis, el niño, y el vestuario, que está pensado desde la personalidad de cada personaje.
¿PUEDES COMPARTIR ALGÚN MOMENTO CLAVE DURANTE EL PROCESO CREATIVO?
En una reunión entre el director de la obra Draco Santos, el productor y actor Henry Sotomayor, yo hablábamos acerca de la idea escenográfica y surgió una frase que para mí fue clave para el resto del proceso. Draco dijo: “Quiero que los personajes habiten el mismo espacio sin verse”. Esa frase despertó mil imágenes en mí, que ya tenía en la cabeza la idea de la Fragmentación. Desde ese punto, todo surgió mucho más fluido.
¿CÓMO TRABAJASTE EN COLABORACIÓN CON OTROS MIEMBROS DEL EQUIPO, PARA ASEGURARTE DE QUE LA VISIÓN CREATIVA SE UNIFICARA?
El equipo que se formó para la concepción de Dos Familias fue maravilloso. Siempre estábamos abiertos a mis ideas y propuestas. El director Draco Santos fue muy abierto a escuchar mis aportes y respetarlos; el equipo de producción, Henry y Sam, nunca cambiaron nada del diseño original escenográfico y de utilería, a pesar de que sabemos que hacerlo en Lima es difícil y que en el camino a veces nos fraccionamos por lo económico o por la dificultad de encontrar algunos elementos. Ellos siempre respetaron cada diseño, el color, la forma; y es que sabían que, para mí, cada detalle era importante porque todo tenía un sentido.
¿CÓMO TE SIENTES AL VER TU DISEÑO COBRAR VIDA EN EL ESCENARIO? ¿CÓMO PERCIBES LA RECEPCIÓN DEL PÚBLICO?
Ver tu diseño, hecho en papel, volviéndose para ser parte de una historia, siempre es maravilloso. Ver que la historia se cuenta también desde los elementos, es gratificante. He recibido muchas felicitaciones por la dirección de arte, que ha sido, al final, un trabajo en equipo; y evidentemente, me hace muy feliz. Siempre voy a pensar que la escenografía es como la portada de un libro, es lo primero que vez al ingresar a la sala, desde ahí ya estás contando la historia.*
Ficha de la obra:
Dramaturgia: José Pascual Abellán
Dirección: Draco Santos
Elenco: Henry Sotomayor, Mario Cortijo y Fiorella Díaz
El conflicto armado interno puede parecer, a simple vista, un tema del que mucho se ha escrito y teatralizado. Sin embargo, nuestro panorama cotidiano sociopolítico y los comentarios al respecto en redes sociales, nos gritan que no está ni cerca de ser suficiente.
Además, no es solo que haya múltiples miradas del hecho, sino que son múltiples los hechos que conforman el conflicto armado interno, que afectaron a miles de familias peruanas y cuyos remanentes no han dejado de golpear en la actualidad.
Miles de vidas afectadas son miles de historias imposibles de tocar o al menos rozar todas con la pluma de quien escribe teatro. Por ello, cada obra que surge desde esta memoria dolorosa y necesaria es de agradecer. La dramaturgia de Bazalar no menciona nombres definidos ni lugares específicos, permitiendo que el pasado y la memoria de cada cultura complete cada historia con la propia.
Sin tener una pretensión documental, la obra ficciona desde hechos reconocibles que, desde mi mirada y memoria limeña, puedo ubicar en la capital. Entre las referencias, encuentro el coche bomba que estalló en Tarata (Miraflores), las ejecuciones extrajudiciales de La Cantuta y Barrios Altos, los apagones causados por atentados senderistas y los diarios chichas.
Desaparecidos, texto ganador del premio especial Teatro para la Memoria del Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana 2016, cuenta las historias de cinco personajes principales que se van presentando con sus sombras y sus luces, apoyándose en sus interrelaciones con otros cinco personajes secundarios, que exitosamente interpretan los mismos actores. Estas cinco historias se muestran dosificadas desde lo cotidiano, gracioso y juguetón hasta lo más oscuro y denso; desencadenando la empatía del espectador que no hace sino aumentar mientras se acerca un final, ya cantado desde el título y desde la primera escena, mas no por ello menos desgarrador.
Las historias avanzan juntas, enlazadas por el denso contexto de violencia que todos inevitablemente respiran, hasta que, víctimas de las atrocidades subversivas y antisubversivas, ya no lo hacen. Tenemos entonces cinco personajes inocentes y víctimas anónimas, pero con un nombre. Ese detalle es un elemento simbólico poético que atraviesa todo el texto y que reclama respeto por cada uno de los desaparecidos. “Dice mi nombre” y “Digo su nombre” es un juego textual que dicen los personajes constantemente recordándonos tácitamente que, aunque no sepamos sus nombres, los tienen; aunque no sean nuestra familia, son la familia de alguien; aunque no sean nuestros amigos, son los amigos de alguien; aunque tú no los ames, los ama alguien.
El texto, de por sí potente, se ve enriquecido por las actuaciones destacadas de Emanuel Soriano, Brian Cano, Luis Miguel Yovera, Sandro Calderón y Daniela Trucios; quienes también, en una apuesta interesante de la dirección, logran convenientes transfiguraciones del escenario.
La propuesta escenográfica no solo es minimalista, sino que facilita un espacio orgánico, vivo y fugazmente efímero en su mutabilidad. Esta última característica se evidencia en cada cambio de cuadro, donde se modifica con una secuencia de movimiento de los actores. Al respecto, considero que las coreografías con que se realizan estos cambios podrían estar graficando lo caótico del contexto, sin embargo y aun con el acompañamiento musical, son en ciertos cuadros un factor distractor que dilata el ritmo bien ganado que tiene la puesta en general.
Pese a lo denso del tema, los tintes de humor aportan ritmo, ganan la atención permanente aun del público menos asiduo al teatro, consiguen que los momentos dolorosos duelan aún más y que una canción infantil suene a resiliencia mientras es cantada a coro por cinco actores que acaban de ofrecer en escena mil memorias anónimas, pero con nombres que quizá no siempre nos sean tan desconocidos.
Por Silvia García
Obra:Desaparecidos
Dramaturgia: Jorge Bazalar Gonzales
Dirección: Leo Cubas
Elenco: Emanuel Soriano, Brian Cano, Luis Miguel Yovera, Sandro
Calderón, Daniela Trucios
Asistente de dirección: Samantha Escalante
Diseño escénico: Sharian Reátegui
Producción ejecutiva: Diana Hurtado y Dante Marchino
“Las criadas”, del dramaturgo francés Jean Genet, es una obra provocativa y fundamental del teatro del siglo XX. Con esta pieza, Genet invita a reflexionar sobre la naturaleza de la dominación y la sumisión, así como sobre la complejidad de las relaciones humanas.
Bajo la dirección de Dayana Carrillo, el montaje sigue la historia de dos criadas, Solange y Claire, quienes sirven a una mujer adinerada y de trato paternalista, Madame. Las criadas son hermanas, tienen personalidades distintas entre sí, pero ambas están cansadas de su opresión y desprecian su posición servil.
Ellas se sumergen en un juego de roles enfermizo en el que representan a Madame y planean su asesinato. Al asumir estos roles, exploran sus propias identidades y desean escapar de su realidad mediante la fantasía, lo que plantea preguntas sobre la autenticidad y la percepción de uno mismo.
A través de sus fantasías, hallan la forma de escapar de su realidad miserable e invertir las dinámicas de poder existentes. Sin embargo, a medida que su plan se desarrolla, la línea entre la realidad y la ficción se desvanece, tanto para ellas como para el público, lo que las lleva a un conflicto interno y a confrontar la verdad de sus propios deseos y motivaciones.
El desenlace es trágico y perturbador, mostrando las consecuencias devastadoras de la opresión y la búsqueda de poder. La puesta en escena está dotada de actuaciones potentes y comprometidas cuya energía rebasa el íntimo espacio del Teatro Esencia y hacen justicia a los peculiares y sombríos personajes de Genet.
Con ritmo y timing preciso, el montaje desafía las percepciones convencionales y plantea preguntas profundas sobre una amplia gama de temas, desde las estructuras sociales hasta la identidad personal y la naturaleza humana.
Bajo la dirección de Fernando Luque, un enérgico elenco pone en escena la clásica comedia de Shakespeare Noche de reyes, en una corta temporada en el acogedor Teatro Barranco.
Esta hilarante historia nos lleva a un mundo lleno de identidades cruzadas: Viola, disfrazada de hombre, provoca un caos amoroso entre el duque Orsino, la condesa Olivia, involucrando a los cortesanos de la condesa y al propio hermano de Viola, Sebastián. Todo es confusión y amor no correspondido hasta que las máscaras caen y el caos se resuelve.
¡El amor florece de la manera más inesperada y las identidades se revelan en el momento perfecto! En esta reciente puesta en escena de Fernando Luque, los remates cómicos cobran nueva vida con recursos que recuerdan a un mashup musical, donde fragmentos de canciones modernas actualizan el clásico de Shakespeare.
Estos fragmentos de canciones, cuidadosamente seleccionados y encajados entre los diálogos, potencian los momentos más jocosos y hacen que el humor trascienda su época. La escenografía es austera, pero el vestuario y el maquillaje lo compensan con vitalidad.
Además, se destaca el compromiso de los actores y actrices, que con sus interpretaciones logran que la obra brille tanto en lo emocional como en lo humorístico, mientras los espectadores disfrutamos de un Shakespeare fresco y actual.
Por Silvia García
Obra: Noche de reyes
Autor: William Shakespeare
Dirección: Fernando Luque
Elenco: Sergio Lescano, Luciana González, Óscar Aguirre, Hebe Sánchez, Christine Lemus, Isabel del Castillo, Camila Gómez, Katia Urril, Sandra Melgarejo, Gian Asueto, Sebastián Manyari
Temporada: Octubre 2024
Lugar: Teatro Barranco — Av. Miguel Grau 701, Barranco, Lima
La puesta apela a despertar nuestros sentidos jugando, participando, aplaudiendo y cantando sin miedo. No hace falta ser un experto en música clásica ni en historia o en geografía para deleitarse con este montaje teatral interactivo y lúdico que no tiene pierde.
Con un título claro que no decepciona, Mozart interactivo no es sino la historia de Mozart contada de forma interactiva con el público, permitiéndonos jugar con el genio musical, riendo, cantando, actuando y componiendo con él; acercándonos de forma honesta con el espíritu divertido e irreverente del genial Wolfgang Amadeus Mozart a la par que nutrimos y consentimos nuestros oídos.
La dirección toma riesgos muy acertados al no mostrarnos la conocida y típica biografía del músico extravagante con un final lamentable; sino que atiende a otras dimensiones de su persona y en este camino, nos muestra lo lúdico como parte del proceso creativo artístico, congruente con la personalidad del genio.
En un escenario con el mobiliario justo y necesario —un piano—, la obra nos traslada por los diferentes lugares en los que transcurrió la historia de Mozart. La dramaturgia expone el lado humano, cálido, familiar del personaje, su talento genial, su pasión por la vida y su música, y también sus inseguridades.
Pocas veces la narración de una biografía es consecuente no solo con la vida de aquel a quien retrata, sino con su energía, su espíritu, su esencia. Este es el camino narrativo por el que apuesta Mozart interactivo.
La obra nos invita además a ser extras y personajes secundarios en la vida del genial Amadeus Mozart y, por ese lado, me lleva también a reflexionar sobre el papel indirecto que todos jugamos en la vida de los demás y que los demás juegan en la nuestra.
Por Silvia García
Obra: Mozart interactivo
Dramaturgia: Mateo Chiarella Viale
Dirección: Lucho Tuesta
Elenco: Paul Martin, Luigi Valdizán, Adelaida Mañuico y Silvia Valdivia
Escrita por Nelson Valente y bajo la dirección de Sergio Paris, la obra Los perros nos pone frente al hilarante y cotidiano drama de no escucharnos.
Entretenida, con un ritmo muy arriba y risas infaltables, paradójicamente, la obra empuja con energía a los espectadores al profundo hoyo de la reflexión existencial.
La puesta nos sitúa en una celebración de cumpleaños, donde la cumpleañera, presionada a celebrarlo, está particularmente callada y ensimismada, disimulando una inquietud que le resulta más tortuosa con el pasar de los minutos.
Es que nada como una familiar celebración de cumpleaños para las pláticas de relleno más intrascendentes, para que nadie diga lo que piensa, evitar el conflicto, sonreír y sentir con condescendencia hasta que se parta la torta y se acabe el cumpleaños: la “perfecta” e insustancial tradición.
Así se enrumbaba el cumpleaños número 40 de Laura (interpretada por Carolina Cano), presionada por su esposo Rodrigo (Diego Lombardi) a celebrar su onomástico junto a los padres de este, Emilio y Alicia (Augusto Mazzarelli y Grapa Paola). Pero algo la tiene angustiada y la brusca e invasiva insistencia de su esposo la ponen en una situación donde todo su drama existencial está a flor de piel para estallar…
¡Si tan solo la escucharan!
Pero Rodrigo, su esposo, solo pide que hable para responderle, no para entenderle. Se toma personal cada frase, se victimiza y se enoja con ella, con sus padres, con su vida.
La simplicidad y claridad con la que cada personaje asume una actitud y emocionalidad es un recurso muy cómico y eficaz. Angustiada Laura, enojado Rodrigo, Emilio en negación y Alicia, cruda y desfachatadamente honesta.
Todos lejos de entenderse, no conversan porque no se escuchan: ladran, como los perros de la charla unilateral de Emilio con la que ameniza los cumpleaños. Mientras, el drama de Laura se multiplica porque es un drama universal, latente en lo más humano de nuestra individualidad.
La propuesta escénica es convencional, pero la experiencia resulta más bien inesperada e inusual. Luego de la carcajada en la butaca, afuera del teatro reflexionamos de la vida, de nuestra propia vida. Nos conduce con esa forma lúdica pueril de llegar a la reflexión. Vamos por las risas, el entretenimiento y nos llevamos la seriedad y la profundidad de la vida misma.
Por Silvia García
Dramaturgia: Nelson Valente
Dirección: Sergio Paris
Elenco: Grapa Paola, Carolina Cano, Augusto Mazzarelli, Diego Lombardi
Temporada: abril – mayo 2023
Lugar: Auditorio Británico Cultural – Miraflores
La producción conjunta de Proyecto 88 y La Eme Colectivo traen una obra divertida a partir de un tema que, de buenas a primeras, no suena nada divertido: el padre ausente y las heridas que este deja.
Cual refrescante receta, el equipo aborda esta obra creando un ameno formato a partir de un agrio ingrediente, el relato de autoficción.
Como antesala, la producción propone unas entretenidas y estratégicas previas a la obra en sí. Al ingresar al Club de Teatro, un panel con coloridas notitas adhesivas nos invita a interactuar mientras nos plantea una pregunta seria y nostálgica: “¿Qué le dirías a tu padre?”.
Luego del ingreso a la sala de teatro y hasta la tercera llamada, la propuesta es involucrarnos todos: público, elenco y producción en una misma atmósfera lúdica, iniciando con la misma energía esta comedia dramática.
Enrique, interpretado por Henry Sotomayor, es un escritor con notorias heridas de la infancia que parece destinado a repetir, transita dolorosos recuerdos con la determinación de borrar de sí, la memoria de su ausente padre.
En este tránsito lo acompañarán su ameno, enérgico y descarado conejo de peluche (interpretado por Luis Acuña), la pintoresca figura de la muerte (encarnada por Luisa Caldas) quien lo resguarda y amenaza en similares proporciones.
El tinte cómico es eficaz para que temas densos y asuntos difíciles de tratar sean ligeros y procesables; sin embargo, se asume el riesgo de que el tono cómico esté tan presente que desvíe en exceso el foco de los objetivos del protagonista. No obstante, la profundidad del tema se mantiene a flote durante la dinámica e interactiva puesta en escena, lo que, entre risas e incomodidad, resulta en una ruleta de emociones para el público.
La música en vivo armoniza y completa la puesta, con las precisas intervenciones de Aries Córdova que acompañan y recalcan de cierto modo el tono de la historia. También suma bastante la dirección de arte y escenográfica, a cargo de Luisa Caldas. Esta es no solo original por llamativa en cuanto a lo vivaz y marcado de los vestuarios, sino que es también simbólica. Las paredes del espacio, propuesto en la historia, está íntegramente formado por cajas apiladas, lo que acompaña y nutre la idea objetiva del protagonista: su mudanza.
La comedia oscura, inapropiada e incómoda es la ruta de la dramaturgia y la dirección para exponer conceptos claros del autocuidado y la salud mental como la necesidad de soltar para sanar; sin perder el foco en el bien logrado objetivo teatral de entretener bajo la astuta premisa: “Mis traumas, mis chistes”.
Por Silvia García
Obra:El día que quemé a mi padre
Autores: Henry Sotomayor y Mónica Talavera
Dirección: Mónica Talavera
Elenco: Luisa Caldas, Henry Sotomayor y Luis Acuña
Música en vivo: Aries Córdova
Temporada / funciones (según tu post): 8 y 23 de marzo
Lugar: Club de Teatro de Lima (Miraflores) – Av. 28 de Julio 183
La primera vez que leí el texto no logré evitar que algunas lágrimas acompañaran mi lectura. Ahora que vi la obra en escena, me permití un sollozo quizá incluso más sentido que aquella vez.
El hombre sin memoria, escrita por Jorge Bazalar en la residencia Hito Tripartito en Cochabamba, Bolivia, fue seleccionada entre las ganadoras del I Concurso de Dramaturgia ENSAD 2019. Tres años después, y tras la pausa impuesta por la pandemia, esta joya finalmente llega a escena bajo la dirección de Renato Piaggio, quien reúne un elenco preciso para dar vida a una obra cargada de emotividad y propósito.
La historia entrelaza las vidas de personajes distintos, incluso opuestos. Un hombre que no recuerda nada recibe la ayuda de una joven, la chica de los ojos claros. La madre de esta última vive en la incansable búsqueda del cuerpo de su hijo desaparecido. Así como la madre busca a su hijo y el hombre busca recordar, un soldado busca la bota que le regaló su taita. Historias individuales que se cruzan para recordarnos que el dolor no es aislado: es compartido, colectivo.
Haydee Cáceres ofrece una interpretación conmovedora: una madre imperfecta cuyo amor desmesurado podría herir sin querer a otro hijo nacido de su misma entraña. Es una madre que busca porque ningún hijo es reemplazable; fuerte y frágil al mismo tiempo, capaz de hacernos reír y llorar.
La chica de los ojos claros, en la sensible interpretación de Astrid Villavicencio, representa a muchas jóvenes —sobre todo a quienes no somos hijas únicas—: valiente y dulce a la vez, vive el drama de crecer a la sombra de un hermano ausente.
Henry Sotomayor da vida al hombre que busca sus recuerdos, solo para descubrir que recordar duele. Sin embargo, su recorrido evidencia que esa memoria dolorosa es también el camino hacia el arrepentimiento, la reparación y el perdón. Destaca además la destreza física de Sotomayor y de Brian Cano, quien interpreta a un soldado que nos recuerda que, detrás de cualquier uniforme, hay un ser humano con sueños, familia y heridas.
La obra también apuesta por la inclusión: la proyección de subtítulos durante toda la función la vuelve accesible para personas sordas o con dificultades auditivas, coherente con su mensaje de memoria, reconciliación y humanidad compartida.
El hombre sin memoria es una obra sobre la memoria y sobre una época que aún nos duele como país. Pero también es un drama íntimo, cálido y cercano, que nos habla de reconciliación sin discursos grandilocuentes. Al final, deja una sensación extraña y serena: la de haber atravesado el dolor y salir con un poco más de paz.
Por Silvia García
Obra: El hombre sin memoria
Dramaturgia: Jorge Bazalar
Dirección: Renato Piaggio
Compañía: Kapchiy Teatro
Elenco: Haydee Cáceres, Henry Sotomayor, Astrid Villavicencio, Brian Cano
Lugar: Sala Tovar (Calle Manuel Tovar 255, Miraflores)
Ingresas al teatro y te atrapa el aroma a eucalipto, el recuerdo de las madres que vaporizan hojas, hierbas y hacen infusiones para cuidar a sus hijos. Huele tanto a bosque como a calor de hogar, y de pronto el título de la obra resulta una amenazadora metáfora… Y es que vivimos en un mundo donde estamos siempre al límite de la auto-combustión.
La obra trae consigo la posibilidad de muchas y profundas lecturas gracias a la cantidad de símbolos que laten en máscaras, animales, visiones: es compleja y a la vez cercana; de primera mano nos conecta con la tensión tan real entre la adolescente y su madre y su abuela, y el punto de quiebre que genera dentro de su cotidianeidad la llegada no esperada del padre ausente.
La poética armonía entre cercanía y complejidad es una genialidad de la dramaturgia de Mariana de Althaus. El montaje es sumamente político e interpela al público a revisar las demandas feministas desde distintos ángulos, actores y momentos.
Por Silvia García
Obra: Quemar el bosque contigo adentro
Dramaturgia y dirección: Mariana de Althaus
Compañía: Producción presentada en la Alianza Francesa de Lima
Esta es la celebración escénica de un joven actor que, cumpliendo 20 años sobre las tablas, da una función especial para dar una importante noticia…
Adaptada del texto original de Jorge Bazalar, la historia que se presenta en la Sala Zurita es conmovedora de principio a fin. Con una vibra esperanzadora, este montaje revalora y celebra la decisión y el compromiso —muchas veces subestimado e invisibilizado— del artista.
El ambiente de la sala le da esa calidez que nos acerca más y más a las situaciones que nos cuenta el actor, permitiéndonos empatizar profundamente con él. El espacio contiene elementos sencillos, pero muy bien cargados de significado, y que Augusto Alza, interpretando a Juan, utiliza hábilmente como recursos para contar su historia. Juan expone ese camino que lo ha conducido a ser actor… y también las fuerzas adversas con las que hay que luchar para mantenerse fiel al amor por el teatro.
Con gran versatilidad, Alza interpreta a varios personajes que fueron determinantes en el camino de Juan para llegar a ser el actor que es, y también las diversas situaciones, rutinas complicadas y sacrificios que requiere dedicarse a una profesión, lamentablemente, tan marginada: ser artista.
Recordar ese niño árbol como el debut del actor en las tablas no es solo un tinte tierno de la narrativa: es la puesta en valor de cada paso que uno da en dirección a aquello que hace que el corazón vibre. Ver “Actor de teatro” es también darle un abrazo a ese niño árbol que un día fuiste y te hizo feliz.
Por Silvia García
Obra: Actor de teatro (Una celebración escénica)
Adaptación del Texto original de Jorge Bazalar
Dirección: Andrea Valdivia
Actúa: Augusto Alza
Lugar: Sala Zurita – Haute Restaurante (San Isidro, Lima)
Funciones: noviembre-diciembre — 7:00 p. m., 8:00 p. m. y 9:00 p. m.
La obra El perro fue premiada en el Primer Concurso Nacional de Dramaturgia de La Ira -2022 (3er puesto).
La búsqueda de un niño que escapó de su casa tras el rastro del perro que su madre lo obligó a abandonar se entrelaza orgánicamente con las historias de personajes tan interesantes como cotidianos que confluyen en el caos de una ciudad muy parecida a la nuestra.
El punto de ataque que genera acciones, conexiones y tensiones entre los personajes es la desaparición de Matías, el niño que fue obligado a abandonar a Max, su perro. Matías escapa de casa en busca de su mejor amigo, y tanto sus padres como los espectadores nos mantenemos alertas por encontrarlo, esperanzados en que los diversos personajes urbanos que van apareciendo nos den pistas para hallarlo.
Un recurso recurrente en la producción teatral de Bazalar como director es la suma de música en vivo como medio que intensifica la inmersión del público en la atmósfera escénica. La interpretación de Eduardo Cotos —de sus propias composiciones— aporta ritmo, intensidad emocional y claridad en las transiciones a lo largo de las escenas.
Parte de la impronta de Bazalar como director y dramaturgo es su experticia para comunicar con sus obras, componiendo desde diversos códigos como un armonioso collage de música, narración, diálogos, monólogos y secuencias físicas, apoyadas en elementos escenográficos que se resignifican en cada momento al servicio de la historia.
La propuesta escenográfica minimalista —junto al delicado trabajo de luces y el empleo de máscaras— destaca y complementa el trabajo de teatro físico del elenco, que hace gala de destreza y versatilidad al asumir el reto de interpretar dos personajes bien construidos e inolvidables.
Acerca de los personajes y las interpretaciones:
Henry Sotomayor da vida tanto al padre como al hombre de la chata de ron. Comparte con el espectador el viaje emocional de sus personajes: transitamos con él desde la angustia inconmensurable del padre hasta el jocoso desvarío del hombre de la chata de ron, y viceversa. El padre, junto con la madre, vive el potente drama de buscar a su hijo perdido. La construcción del personaje permite ver sus luces y sombras: ¿cuánto se le exige a un padre para ser considerado uno bueno? ¿De cuántas formas puede abandonar sin parecerlo?
Stephanie Enríquez encarna a los dos personajes femeninos de la obra: la madre y la adolescente. Una, cargada de angustia y desesperación; la otra, llena de inquietudes y curiosidad. La madre, siendo una madre presente, tiene el tema del abandono atravesado en más de una forma: como victimaria y víctima. Explícitamente abandonó a un perro, pero también está el abandono emocional hacia su hijo, el sentimiento de culpa que desborda ante una cuestionable forma de lidiar con su soledad.
Luis Miguel Yovera se hace cargo de dar vida a Max y al adolescente, donde los problemas de estos dos carismáticos personajes parten de la configuración de sus respectivas familias. El adolescente tiene un vínculo quebrado con su madre, donde parecen haberse abandonado mutuamente. Mientras Max es un perro que fue abandonado por su familia, pero que tiene la oportunidad de formar una nueva.
Ronie Cusó interpreta al policía y a Muñón: uno muy serio y el otro que arranca muchas risas. Muñón, un gato que divierte con su conducta, lleva una mochila emocional con el peso del abandono y la desconfianza. El policía se nos muestra con sus odiosos vicios de oficio, pero también como un padre soltero sobreprotector y amoroso, evidenciando la complejidad con la que se ha provisto a cada personaje de esta obra.
Los roles del gato Pellejo y el vagabundo ciego están a cargo del destacado desempeño de Christian Ruiz, quien imprime diversión a cada personaje manteniendo sus abismales diferencias y complejidades. El papel de Pellejo, así como sus escenas con Muñón y Max, son vitales para sobrellevar los temas tan fuertes y densos que aborda la obra, así como el desgarrador desenlace que eriza la piel.
El abandono cotidiano:
El perro es Max, los gatos son Pellejo y Muñón, Matías es el niño ausente. No obstante, los personajes humanos presentes en escena no tienen nombre propio: son la madre, el padre, el hombre de la chata de ron, el vagabundo, el policía, la adolescente y el adolescente.
Sin nombres, quizá porque son tan cotidianos que reflejan a cualquier adolescente, padre, madre o policía… a cualquier “tipo” de personaje citadino, urbano. No son un sujeto en particular —o sí lo son—, cada uno con un bien logrado arco dramático. Pero todos esos nadie sin nombre que vemos cada día con habitual indiferencia también tienen una historia.
El perro nos encara con la fría sociedad que somos como colectivo, con el abandono y la violencia que arrastramos como cultura, donde vemos al otro a través del velo de apatía y desinterés que colectivamente parecemos llevar puestos, pero que estamos invitados a quitarnos. Del lado esperanzador, nos tiende la mano a repensar y ampliar la idea de familia.
Por Silvia García
Obra: El perro
Dramaturgia y dirección: Jorge Bazalar
Compañía / Producción: Actoarte
Asistencia de dirección: Yasmine Inchaústegui
Diseño escénico: Sharon Reátegui
Diseño de luces: Cristiano Jara
Música en vivo: Eduardo Cotos
Elenco:
Stephanie Enríquez, Luis Miguel Yovera, Henry Sotomayor, Ronie Cusó, Christian Ruiz
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de Julio 183, Miraflores)
“Hay que lograr cosas para ser alguien en la vida”, nos dice un consejo ya impregnado en la sabiduría popular. Pero ¿acaso no somos alguien desde que existimos? ¿Acaso existir no nos proporciona un mínimo de dignidad humana?
Al parecer, el trato que como sociedad le damos al otro depende de la utilidad que nos ofrezca. Así, mientras menos útil sea —y más incómodo—, más deshumanizado resulta. Este tópico, criticado por Kafka hacia 1915, permanece vigente hoy en pleno siglo XXI y probablemente seguirá vigente, pues explora a nivel filosófico algo básico y perturbador del comportamiento humano.
Gregor Samsa, en la comprometida y lograda interpretación de Stimman, despierta una mañana transformado en un insecto gigante, enfrentando la deshumanización gradual por parte de su familia mientras lucha por conservar su humanidad y sentido de identidad.
Con la metáfora de una metamorfosis en cucaracha, la obra expone y critica la discriminación del otro en relación con la utilidad que representa. Este discurso se potencia mediante la convención teatral que representa la metamorfosis a través de la desnudez física y los movimientos no cotidianos.
Gregor, sostén económico de su familia, se convierte en una carga física y emocional para ellos. La transformación en carga, en incomodidad, se representa a través de la desnudez, exponiendo su propia piel y mostrándolo más vulnerable. Como si la aceptación de nuestros pares fuese proporcional a cuánto cubrimos o enmascaramos de nosotros mismos: mientras más nos mostramos vulnerables, más incómodos resultamos.
Esta decisión de dirección amplifica el discurso, que si bien resuena en dinámicas familiares —el familiar convaleciente o el adulto mayor jubilado que antes fue sostén— puede extenderse a todas las formas de discriminación.
La sociedad, en todos los tiempos, segrega y deshumaniza aquello que incomoda al grupo dominante. Es duro presenciar la deshumanización gradual y cruda de Gregor en escena, pero ¿cuántos Gregor han pasado por nuestros caminos y los hemos dejado morir? ¿Y si cada vez que nos alejamos del indigente que pide ayuda estamos dejando morir a Gregor? ¿Y si cada vez que sospechamos de quien luce más humilde o diferente lo ignoramos, lo tratamos con indiferencia, estamos dejando morir a Gregor? ¿Será que cada vez que minimizamos los derechos de grupos minoritarios estamos matando a Gregor?
Nosotros, como sociedad, no somos diferentes a la familia de Gregor, y eso es lo más perturbador: esa capacidad de deshumanizar al otro en favor de uno mismo, el egoísmo como mecanismo de supervivencia.
La puesta en escena resulta incluso más cruda que la novela. Actuaciones resueltas con solidez, en un código que lima el expresionismo y explora el desarrollo emocional progresivo de los personajes; una escenografía conceptual y funcional de dos niveles; y una musicalización que acompaña e interviene activamente en la obra.
“Metamorfosis”, dirigida por Francisco Cabrera, propone una visión contemporánea de un texto imprescindible de la literatura universal y tiene el potencial de habilitar reflexiones necesarias hoy, en una sociedad obsesionada con la productividad y la utilidad.
Disfrutable, jocosa y nostálgica. Una forma divertida de hablar sobre el miedo a la soledad.
El diálogo fluido y la cuidada caracterización de los personajes —con contrastes muy claros entre sus personalidades y sus edades—, junto con el uso del espacio en amplitud y profundidad, construyen una ambientación realista de colores vibrantes. Todo eso, enriquecido por actuaciones potentes y sostenidas, tiene los ingredientes precisos para sumergir al espectador en la atmósfera de una sitcom setentera que, entre risas, nos confronta con los dilemas más humanos y fundamentales de la vida. Así es Ficción para adultos.
La energía de los protagonistas hace contrapeso en escena en todo momento. La dinámica fluida entre ambos actores —que se apoyan y se sostienen con oficio— vuelve a la obra una comedia deliciosa: te ríes mucho mientras empatizas con dilemas profundos que atraviesan a los personajes y, en el fondo, nos atraviesan a todos. Los personajes figurantes, con sus entradas, acciones y salidas, suman a la caracterización del contexto y de los protagonistas.
Don es encargado de una tienda de pornografía. Es un hombre resignado a un trabajo del que se avergüenza, con el corazón herido de soledad y frustración. Aun así, no pierde la esperanza y deposita esa fe en Michael (o Micky, como le llama cariñosamente). Lo guía y aconseja con la sabiduría que dan los años, pero también con la insistencia de alguien frustrado que se aferra a una lucecita de esperanza. La interpretación de Leonardo Torres Vilar enriquece este personaje interesante, entretenido y muy bien construido.
La elección del elenco no solo es acertada: es precisa. Gabriel Poémape y Leonardo Torres Vilar brillan como dúo y regalan a la audiencia una comedia añorable y exquisita. ¿Cómo una tienda porno puede encarnar el escenario ideal para hablar de la frustración y la soledad? Quizá porque no hay mejor lugar para hacerlo. Ficción para adultos es una obra divertida que, entre risas, te conecta con la ingenuidad, la esperanza y el miedo a la soledad; pero también con la amistad y la camaradería. Conflictos humanos y soluciones humanas.
Por Silvia García
Obra: Ficción para adultos (Brian Richard Mori)
Producción: El Estudio TV
Dramaturgia: Brian Richard Mori
Dirección: Diana Moscoso
Elenco: Leonardo Torres Vilar, Gabriel Poémape; con Marcelo Campos, Diego Chiri y Emma D’Villarreal
“¿Qué es para ti la crisis?” Leemos en un espejo donde se nos invita a contribuir desde la idea que tiene cada espectador… ¿Será que todos nos hemos sentido en crisis alguna vez? Sari Enero y Miguel Oliva dirigen “Procesos”, formato de improvisación teatral que tiene como motor una palabra tan temida como familiar: La crisis. La puesta en escena reivindica los procesos que debemos atravesar para afrontarla. La inspiración para cada puesta está en lo que comparta el público desde su propio conocimiento o experiencia.
Cada función tiene distintos espectadores y por lo tanto, son distintas las crisis que se abordan en cada fecha. La música en vivo es también improvisada de acuerdo a los impulsos que surgen en escena. Un ukelele y la dulce voz de Isabel Falcón son el soundtrack preciso para la estética íntima de la puesta, cercana al teatro de cámara. La propuesta escénica, además de íntima, es minimalista y creativa, donde un único elemento de utilería se transformará en todo lo que haga falta para contar la historia. Un formato de impro que nos invita al público a conectar con nuestros propios procesos y a reconciliarnos con nosotros mismos, con quienes éramos durante esos momentos de crisis.
Por Silvia García
Obra: Procesos (formato de improvisación)
Dirección: Sari Enero y Miguel Oliva (codirección)
Intérprete: Sari Enero
Música en vivo / musicalización: Isabel Falcón
Lugar: Teatro Esencia (Av. Grau 069, Barranco – Lima)
Funciones: 20 de septiembre, 1 y 11 de octubre – 8:00 p.m.
La obra "Dos Familias" nos invita a revisar (y replantear) nuestros conceptos de familia, de paternidad, de maternidad y también la idea de bienestar y calidad de vida. Se hace importante también repensar la noción de un hogar seguro no como un privilegio sino como un derecho. De tal modo, pone sobre la mesa el tema de las familias de acogida y las infancias desprotegidas.
“Ese niño tiene un padre, pero luego una se hace ilusiones” —Cristina—
Marcos y Cristina son la familia de acogida de Luis, a quien crían, cuidan y aman desde recién nacido hasta ahora que tiene más de dos años. Pese a entender la condición temporal de su paternidad, sufren al enterarse que el padre biológico, Miguel —ahora rehabilitado—, ha recuperado la custodia del niño. Ambas partes comparten con el público un sensible y punzante debate sobre qué será lo mejor para el niño.
Miguel tiene tanto entusiasmo por ser el padre que su hijo merece, como miedo por no dar la talla. Su miedo se intensifica en presencia de la familia de acogida que cuidó a su hijo maravillosamente durante más de dos años.
Las potentes actuaciones de todo el elenco permiten ver a personajes muy complejos: contradictorios, ambivalentes, humanos, emocionalmente superados por la intensidad de la situación que atraviesan. Miguel se ha rehabilitado, tiene derecho a mejorar y cambiar el rumbo de su vida, lo cual no ha sido fácil.
Marcos y Cristina tenían con el pequeño Luis a la familia de sus sueños. Pero la fragilidad de esta vida soñada se deja ver con la llegada de Miguel, el padre biológico de Luis que ha recuperado su custodia.
¿Cómo manejamos el desmoronamiento del castillo de naipes de nuestra vida ideal? ¿Lo aceptamos o de qué forma luchamos?
¿Y si uno de nosotros fuese quien tira abajo el castillo de alguien más?
Los actores nos dan la cara, los personajes nos miran de frente mostrando sus reacciones frente a esta noticia. En este primer momento, el público —en un acierto de dirección— tiene un rol sustancial dentro de esta historia: el del mensajero.
El cuestionamiento constante entre todos los personajes sobre “lo mejor” para el niño, así como las acciones que realizan en respuesta a dichos cuestionamientos, mantiene al público con la duda y expectativa de si el niño se irá con su padre biológico o no.
La propuesta de diseño escénico es sencillamente brillante. El escenario está listo para ser uno o para ser varios a la misma vez. La escenografía, formalmente minimalista, responde a una bien pensada complejidad conceptual, que no hace sino sumar a la complejidad de los personajes y de los cuestionamientos que los atraviesan.
La paleta de color en el vestuario tiene un alto contenido sígnico, acompañando las maneras distintas en que cada personaje maneja y lucha con la situación que están atravesando y cuyo desenlace cambiará sus vidas para siempre.
Por Silvia García
Las familias de acogida brindan protección temporal y cuidados diarios a una niña, niño o adolescente que se encuentre en situación de desprotección familiar. (Fuente: MIMP).
Obra: Dos familias (José Pascual Abellán)
Compañía: Proyecto 88
Dramaturgia: José Pascual Abellán
Dirección: Draco Santos
Elenco: Fiorella Díaz, Henry Sotomayor, Mario Cortijo