“La media vuelta”
Su respiración estaba agitaba, pero procuraba controlarla. En su mano derecha llevaba empuñada la daga que había elegido para ese día (poseía un mango decorado con una serpiente que por ojos tenía 2 pequeñas esmeraldas), ahora cubierta por sangre coagulada, consecuencia de atravesar el cráneo de un infectado que se había cruzado en su camino. Su vestimenta no podía estar más mojada, la lluvia no se había detenido y por si fuera poco muchas de las calles estaban enlodadas. En su mano izquierda sentía la tibieza de la mano de la pequeña que sostenía con fuerza la suya. Trataba de ir lo más rápido que podía, pero la niña no podía correr a a la misma velocidad que la suya. Se detuvo súbitamente en una esquina al escuchar pasos que venían de la vuelta. Le indicó a su acompañante con el dedo que se mantuviera callada, con una sonrisa intentando calmarla, mientras se preparaba para atacar. Detuvo su mano a tiempo al ver que era un miembro de Paraiso, pero sin bajarla -No te acerques hasta que te lo indique- necesitaba comprobar que no había sido infectado -¿sabes lo que está pasando?
Apenas había escuchado lo sucedo quiso volver a casa, el caos reinó nuevamente sobre la ciudad, y gracias a este perdió de vista a su guardia, sabía que Terry iba a decirle algo pero esta vez no era su culpa, no lo había hecho a propósito. El corazón le palpitaba con fuerza, hasta el momento no se había encontrado con ningún infectado, pero podía escucharlos así como los gritos de las personas. "¡Maldita sea! ¡Maldita sea!" Expresaba a manera de queja, pues la lluvia estaba estropeando su cabello, y que decir de su ropa, además de que le impedía ver claro, si, estaba haciendo un berrinche por ello. Había encontrado un palo que no dudó en tomar para defenderse. Quitó con su mano el cabello pegado que tenía en cara y seguía su camino hacia su casa, estaría a salvo allí. "Okay Vale, tú puedes, eres una Ibargüen" Se dijo así misma mientras caminaba de prisa tratando de llegar rápidamente a su casa y claro, no toparse con ningún maloliente de esos. De un segundo a otro se vio casi atacada por alguien, a quien no identificó en ese segundo. Un pequeño gritó escapó de sus labios, estaba segura que el corazón se le había salido del pecho. "¡Mierda Yuri! ¡Casi me matas!" Se quejó con la voz alta. "¿Qué?" Frunció el ceño al escucharla decir que no se acercara. "Baja eso, deja que mamá se entere de esto" Torció los labios.

















