No se me pudo ocurrir mejor plan; ni siquiera intentándolo mi alma habría sabido diseñar un reencuentro más perfecto. Hay una poesía sublime en volver al kilómetro cero de nuestra historia y dejar que el destino nos devuelva, catorce años después, al exacto rincón donde fuimos principio, donde nos citamos por primera vez. Mi primer amor. Mi primer novio. El guardián de mi primer beso.
Anhelo caminar por la orilla de la presa, desandando el tiempo, bordeando el reflejo de aquellos niños que fuimos en nuestra primera cita. Y tal vez, justo en ese mismo pedacito de mundo que nos vio descubrir el amor con nuestro primer beso, dejemos que nuestros labios colisionen por primera vez en tantos años, fundiendo el pasado y el presente en un solo latido.
Pero el verdadero milagro de este plan es el aire nuevo que nos rodea. Después de tantos calendarios, de tantas vidas y tormentas superadas, el tiempo nos deposita el uno frente al otro sin equipaje. No hay parejas, no hay sombras ajenas, no hay ataduras, amo mi libertad. Por primera vez en una eternidad, nos miramos a los ojos siendo dos almas inmensamente nuestras y, al fin, exquisitamente libres.
(H)❤️
















