#BuenosAiresTragaLeche (en Obelisco, Av. 9 de Julio, Capital Federal)

gracie abrams
No title available
trying on a metaphor
𓃗
The Stonewall Inn
cherry valley forever
d e v o n
occasionally subtle
One Nice Bug Per Day
TVSTRANGERTHINGS
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Today's Document
hello vonnie
we're not kids anymore.

No title available
NASA
art blog(derogatory)
🩵 avery cochrane 🩵
he wasn't even looking at me and he found me
todays bird

seen from United States
seen from Spain

seen from United States

seen from China
seen from United States

seen from T1

seen from Türkiye
seen from Canada
seen from Türkiye

seen from Australia
seen from Türkiye

seen from Canada

seen from United States

seen from Türkiye
seen from United Kingdom

seen from France
seen from United Kingdom
seen from Canada

seen from United States
seen from United States
@soplandopolvo
#BuenosAiresTragaLeche (en Obelisco, Av. 9 de Julio, Capital Federal)
Amor basura
Duro y aspero
Superman no pasa por acá
Mientras pasa un semáforo en rojo el taxista me dice con indignación: “Esto es ilegal y los pibes lo sabían. Ellos se quisieron matar”. Y frases similares escucho y leo a lo largo de toda la semana.
Ninguno de los cinco chicos se quiso matar, tampoco los otros cinco que quedaron internados. Si se hubieran querido matar se tomaban dos botellas de whisky, que es legal y que se compra en cualquier supermercado. Esto lo pienso, pero no se lo digo.
También pienso que lo del fin de semana es triste, es muy triste, no sólo porque los chicos tenían entre 25 y 17 años, es muy triste porque va a volver a pasar, porque seguramente en este momento en algún lugar ya está pasando.
No hace falta que sea un fin de semana ni una fiesta electrónica ni que se consuman drogas para que alguno de nosotros sufra por negligencia. No sólo por negligencia del Estado o de algún empresario, si no por negligencia de todos. Esto va a seguir pasando porque entre nosotros no nos estamos cuidando. Sé que no todos actúan de la misma forma y no todos tienen el mismo grado de responsabilidades. Pero creo que en términos generales funciona así.
En los últimos años nos educamos con la consigna del no te metas. Una consigna que bien aplicada podría ser no molestes al otro pero que mal aplicada es no estés con el otro. Creo que la mayoría optamos por la segunda opción.
Si pensamos que el problema fue Superman, nos equivocamos, mañana va a aparecer Batman. Cómo en algún momento creímos que era Chabán y ahora descubrimos que también existe Conci.
El problema creo yo, es que siempre optamos por lo fácil y lo fácil es no hablar. Aunque ahora, con mucha soltura, algunos dicen desde la tele: “padres hablen con sus hijos”. Pero no dicen sobre qué.
Un padre, un amigo, un tío, un maestro, el Estado o quién sea, no tiene que hablar sólo para decir que algo es malo. Hay que hablar para preguntarnos ¿Cómo estás? ¿Qué te gusta? ¿Qué querés? Y después no indignarnos con la respuesta. Hay que respetarnos, en nuestras diferencias e individualidades.
Particularmente con las drogas, creo que hay que hablar, pero hay que hablar en serio.
Qué algo esté prohibido por ley no lo hace necesariamente malo. La ley prohibía que las mujeres voten, que las parejas se divorcien y que otras se casen. Con esto no quiero poner en igualdad a derechos individuales con la legalidad de sustancias, pero si decir que como con tantos casos, la sociedad se debe un debate serio sobre las drogas.
Porque de vuelta, si nos indignamos sólo por Superman mañana aparece Batman.
Hoy, con mucho grado de cinismo, algunos quieren creer que las drogas existen sólo dónde hay música electrónica. Las drogas existen y existen en todas partes. Existen en Costanera, pero también en Microcentro y Tribunales. Existen en los dos lados de Libertador. Existen adentro de Universidades y de casillas.
Me pregunto: ¿Cuántos padres habrán negado en sus trabajos o círculos que sus hijos fueron el fin de semana a esta fiesta para que la chusma no los tilde de faloperitos?
Tenemos que asumir que esto existe pero también entender que droga no es sólo lo ilícito. Algunos dicen: “se drogan para evadir la realidad” y acto seguido se sientan a ver 3 temporadas al hilo de House of Cards o hacen un viaje entero en subte mirando el celular.
No digo que la tele sea droga, pero si que el bloqueo a la realidad se puede dar de múltiples formas.
Pienso en serio, que si no empezamos a mirarnos, a respetarnos y a hablarnos, por más que metamos presos a doscientos empresarios de la noche o desbaratemos seiscientos camiones con PMMA, cosas como las del sábado van a seguir pasando.
Goodbye spaceboy
Desde la mañana que me mandan mensajitos como si se hubiera muerto un familiar mío y en realidad se murió alguien con quién nunca me senté a tomar ni un café. Los que me conocen saben que hoy voy a estar triste.
Bowie fue un montón. No fue sólo música. Fue arte, poesía, literatura, cine, teatro. Fue aprender a vestir. Fue ver distintas formas de actuar. Fue aprender sobre género y diversidad. Hasta fue aprender sobre astrología y astronomía. Fue ciencia ficción y realismo. Fue muchas cosas pero nunca fue quietud. Siempre en movimiento, siempre vanguardia.
Para algunos es el que compuso un tema del Unplugged de Nirvana. Para los nostálgicos, es sólo tres temas que pasan en Aspen. Para los que les gusta Tarantino, es el que canta el mejor tema de Bastardos sin gloria. Para los que les gustan las comedias, es el juez de la batalla de modelaje en Zoolander. Para los que van a bailar es uno más de los artistas ochentosos. Para algunos fue el primero en decir que le cabían los chicos. Para otros es el que compuso el mejor tema de Queen después de Bohemian Rhapsody. Para los no enterados, es el del rayito. Y para otros, no es nadie. Porque a diferencia de Lennon o Jagger, para muchos David Bowie sigue sin ser nadie.
Para mi, en cambio, desde los doce años fue una compañía fundamental. Pensaba que sus canciones me hablaban. Sentía un inocente orgullo por que uno de sus alter egos más erráticos se llamara como yo: Major Tom. Ya de grande me di cuenta que yo no era especial, el duque vino para hablarnos a muchos.
Bowie era un artista que te iba directo al corazón, que te hacía pensar, que te hacía darte cuenta que no daba todo lo mismo. Compuso los temas más diversos y por eso influenció a tantos. Por supuesto que hizo pop y rock, pero también hizo house, soul, funk, new wave, techno, hard rock y tantos géneros más que no conozco pero que aprendí a disfrutar.
Mi sueño más grande era poder verlo en vivo. No lo voy a cumplir. Por lo menos se fue dejando un último disco para descubrir.
En la marea de fotos que hay sobre él, dejo una foto mía del 2010. Es cuando fui a ver la casa donde nació. Ahí empezó todo. Hoy, sigue en el mundo entero.
Lucas
Estaba caminando mareado y confundido por una de las tantas calles con nombres poéticos que hay en Pinamar. Acababa de mezclar por primera vez porro y alcohol. Hacía horas que estaba en esa casa que parecía un Cotolengo donde todos balbuceaban y nadie hablaba. Ya habían pasado 6 días desde que habíamos llegado y todavía nos faltaban 7 noches más. Siete noches dónde iba a tener que seguir mezclando drogas y alcohol para evitar ser el ortiba de la casa.
Me fui de la casa sin avisarle a nadie. Pensaba llegar caminando hasta el centro y meterme a bailar en uno de esos antros a los que a ninguno de mis amigos les gusta ir. Pero estaba perdido, había seguido de largo o no había doblado donde tenía que doblar. Llegué hasta la esquina de lo que pensé que era un descampado y casi de la nada apareció un chico que no debía tener más de 17 años, no mucho más chico que yo. Tenía puesta una remera de Pearl Jam y en la mano uno de esos vinos de colores raros. Estaba solo y me vio solo.
¿Querés?, me preguntó.
Bueno, le contesté. Y con asco tomé la décima bebida de la noche.
¿Qué es?
Vino con melón, ¿querés más?
Bueno.
¿Cómo te llamás?
Gastón y ¿vos?
Lucas. ¿Estás sólo?
Sí.
¿No querés que vayamos ahí abajo a sentarnos y seguir tomando?
Dale.
Nunca me había percatado, pero atrás nuestro había un gran pozo tapado por árboles, yuyos y pasto. Bajé intentando no tropezarme con nada. Nos sentamos en el medio del terreno, uno en frente del otro, con las piernas cruzadas, como dos chicos en el colegio.
Sentí como que entre los dos habíamos creado un mundo adentro del mundo habitado sólo por nosotros, que no eramos más que dos desconocidos que teníamos en común el querer estar solos.
¿Querés más?, me dijo.
No, gracias.
Y los dos nos quedamos en silencio mirándonos.
¿Qué hacemos? Me preguntó Lucas.
Y yo que no quería entender lo que estaba pasando y que siempre tengo miedo le dije:
No sé, ¿querés que subamos?
Y Lucas sin levantarse se acercó hasta estar bien pegado a mí y creo que sin pensarlo me dio un beso. Saqué la cabeza, lo miré fijo a los ojos y esta vez le di un beso yo. Nos tiramos en el piso, yo arriba de él. Le metí la mano adentro del pantalón y él me la sacó.
Pará, vení, acá nos van a ver, vamos para allá.
Me llevó de la mano hasta una casa de madera que había en el medio del descampado y que por suerte yo nunca había visto, porque si no, nunca me hubiera animado a estar sentado ahí. La casa estaba suspendida sobre unos pilotes de madera que dejaban un espacio de medio metro entre la casa y el pasto. Los dos nos metimos ahí abajo.
Seguimos besándonos como si fuera la primera y la última vez en que cada uno iba a besar a alguien. Apenas podíamos movernos. Con movimientos toscos y chocándome contra el piso de la casa le bajé los pantalones, le levanté la remera y empecé a chuparle la pija. Ni él ni yo podíamos creer lo que a cada uno le estaba pasando.
De repente, Lucas me corrió, se levantó el calzoncillo y me dijo:
Me tengo que ir.
¿A dónde?
Ya es tarde y mi mamá me va a empezar a llamar en cualquier momento.
¿Nos vamos a volver a ver? Dame tu teléfono.
No tengo, este es el celular de mi vieja.
No importa, dámelo.
No me lo sé de memoria.
Llamame y me queda grabado.
Bueno, pero yo recién lo voy a usar a la noche para salir, no me mandes mensajes a cualquier hora.
Listo.
Y Lucas se levantó y se fue y yo me quedé tirado en el pasto durante 20 minutos intentando pensar que mierda había pasado.
Salí de debajo de la casa, subí hasta la calle, caminé dos cuadras y me encontré con uno de mis amigos.
¿Dónde estabas?
Me sentí mal y salí a vomitar.
Estamos yendo a bailar. ¿Venís?
Si, pero antes quiero entrar a un baño, me estoy meando.
Andá a ese bar, te esperamos acá.
Entré al baño del bar, me encerré en uno de los cuartitos que sólo tiene inodoros. Apoyé la mano contra la pared y empecé a masturbarme. Sabía que cuándo saliera de ahí Lucas, el vino y el descampado sólo iban a quedar en mi memoria.
Este cuento fue publicado en el blog Boquitas Pintadas del diario La Nación
La respuesta es Japón?
Amor al niño Michael como el amor de Michael a los niños
Everybody gon' respect the shooter But the one in front of the gun lives forever
Alien Duce dice desde la TV que no quiere estar jamás en la TV (en Times square (red stairs))
Mi amigo el Puma #streetart #buenosaires #sandro #damefuego
caín y abel
hermanos y vecinos se asesinan entre ellos para intentar cumplir con las voluntades de DIOS sin detenerse a pensar que capaz su única voluntad es que pese a sus diferencias ellos se amen y se respeten.
Jessica Rabbit #streetart
On the road
Se incendia el telo. Humo de siliconas y pelusas
Baghdad