Creo que es hora de que salga de la habitación.
Hey, ya somos dos. Así que no te sientas mal porque tampoco eres la única que se encerró allí durante unos días.
¿Lo dices en serio? Bueno, creo que ya no me siento tan mal después de todo.

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Creo que es hora de que salga de la habitación.
Hey, ya somos dos. Así que no te sientas mal porque tampoco eres la única que se encerró allí durante unos días.
¿Lo dices en serio? Bueno, creo que ya no me siento tan mal después de todo.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
Ya lo veo… No quiero imaginar el estado en el que entra uno al encontrarte por tanto tiempo encerrado; pensándolo bien, no es una idea demasiado buena. Desde ya, te recomiendo que ni se te cruce por la cabeza el asomarte por la biblioteca, a menos que sea a una muy temprana hora de la mañana. Tal vez visitar la sección de equitación podría ayudarte; no he visto a nadie por allí de momento.
--¿En qué estado entra uno? Creo que yo me encuentro de lo más normal-- agregó, un poco confundida e insegura de su comentario, porque ella se sentía normal, más en embargo, los demás podrían no pensar lo mismo. --¿La sección de equitación? Eso... es interesante. P-por el momento he leído suficientes libros en mi vida y creo que no me apetece mucho el ir a dicho lugar--.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
Oh, pero… ¿No has querido intentarlo? Entiendo que prefieras la soledad y tranquilidad, pero, al final esto no me resulta tan movido como hubiera imaginado en un principio. Hay lugares en los que incluso parezco no encontrar a nadie; pero ya, dejaré de insistir. Aunque no tal vez no me canse de decir que podrías disfrutarlo. En cualquier caso, aquí podrías tener compañía si lo deseas, o sugerencias de lugares en los cuales encontrarte en paz.
Pestañeó varias veces al escuchar hablar a la rubia que tenía junto a ella. Se preguntó cómo le era posible poder armar una oración con más de tres palabras en ella. Esbozó una sonrisa tímida y elevó un hombro, sin saber qué decir realmente. --¿Ya conoces todo el palacio-- ladeó el rostro verdaderamente curiosa por saber la respuesta.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
—¿Y? ¿Ese dedo tuyo está mejor? ¿U otra rosa violenta vino a atacar? —bromeó.
--Creo que está mejor que el otro día-- respondió e inmediatamente le dio un vistazo a la pequeña herida del dedo.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
No son molestias, además, si mi memoria no falla, no hemos hablado nunca y creo que es una bonita oportunidad. Con respecta a la lluvia, eso me han notificado mis doncellas, que se han puesto a coser un vestido algo más corto, aunque no mucho, ya sabes cómo son las reglas, por si lo necesito para salir, así evitaré mancharlo completamente. Aunque no creo que funcione aquello verdaderamente.
--En realidad no he hablado con casi nadie, así que lo que me hubiera extrañado es que me hubieses dicho lo contrario-- asintió con ligereza mientras se enfocaba en la pequeña cicatriz que tenía en el dedo. Se tambaleó de atrás hacia adelante, un tanto incómoda. --¿Por qué lo dices?-- cuestionó, refiriéndose al vestido.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
¡Hazlo! Es agradable encontrar rostros nuevos por aquí, ¿o es que te encuentras algo agobiada por el flujo de personas? También puede que prefieras la tranquilidad en realidad, pero puedo decirte que te diviertes mucho al conocer a las otras seleccionadas aquí, o incluso pasear por los alrededores.
Podría resultar agradable en un caso diferente, no lo sé. Así es, prefiero la tranquilidad y creo que es algo complicado de encontrar por aquí... ¿Tú crees? Creo que, bueno, tengo un punto de vista totalmente diferente.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
¿Ya te has cansado de la soledad de tu cuarto? Tal vez debería tomar tu ejemplo.
--De la soledad no, más bien de la misma vista todo el día-- asintió, no muy segura. --Podría intentarlo, sí--.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
Prissy casi se choca contra la rubia mientras se dirigía hacia la cocina a revisar los scons que tenía en el horno y sin poder evitarlo escucho las palabras que ésta emano—. Bueno, dicen que lloverá, asi que deberías disfrutar de la vista hasta que eso suceda, en la biblioteca hay un gran ventanal que da al jardín, por la noche se ve esplendido, ¿quieres que te acompañe? Tengo algo que hacer, pero es tan diminuto que puedo acudir a una de mis doncellas para ello —sonrió, esperando no sonar muy entrometida (lo cual parecía ser ya su especialidad)—.
Sosie pestañeó un par de veces y miró hacia la persona con la que había chocado segundos antes, no había tenido oportunidad de hablar con la morena, por lo que se sintió un tanto avergonzada de no conocer su nombre, pues no había tenido oportunidad de ver las entrevistas de las otras. --Yo, lo siento... ¿Lloverá? Creo que me gustaría ver eso, sin embargo no conozco suficiente el palacio como para andar sola. Si no te molesta, simplemente podrías indicarme el camino. No hace falta que te tomes tantas molestias--.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
Definitivamente es hora, Sosie. Hace días que no te veo.
Por algún motivo, encontrarse con la castaña le causaba cierta emoción. -- Digamos que solamente quería una buena recuperación para la herida en mi dedo--.
Creo que es hora de que salga de la habitación.
Siento como si hubiera pasado años encerrada allí dentro.
¿Por qué...
De una manera u otra, no creo que tengas graves consecuencias por cosas como esta. Pero si quieres cerciorarte de que nada suceda, evita cualquier pequeñez —negó con su cabeza.— ¿Ya conociste a los cinco príncipes, o por qué dices eso? —alza las cejas, algo divertido.— Hoy me quitaste las ganas de irritar. Quizás mañana vuelva a intentarlo, quién sabe… Mi nombre es Bastian. Puedes intentar quejarte de mí por ese nombre, la mayoría me conoce por el apellido —sonrió.— Si no me dices el tuyo, lo averiguaré de algún modo…
--Supongo que el que me lo digas hace que me calme un poco y deje de querer hacer las cosas tan perfectas... ¿A qué te refieres con cualquier pequeñez?-- ladeó el rostro, confundida. --Oh y ahora puedo decir que eres también muy gracioso. Y no, no lo digo por eso, lo digo por otra cosa-- resopló para sí. --¿Te las he quitado? Mhm, ¿a dónde se han ido? Supongo que es toda una pena el haberte arrebatado tu generador de diversión, creo-- asintió, insegura. --Bastian es un nombre muy bonito y siendo sincera, no me voy quejar de ti porque no me has hecho nada malo... ¿Para qué lo quieres saber? De querer quejarte de mí, puedes hacerlo sin un nombre--.
Lo sé, créeme, y la verdad no es como si fuera a durar mucho aquí; pero aun cuando quisiera comer algo, no sé en dónde está la cocina. Así que tal vez tenga que esperar hasta mañana.
Eso no lo sabes. Te podría ayudar pero yo tampoco sé en dónde está la cocina, así que lo lamento.
¿Por qué...
Ugh, hasta qué punto llega esta locura por la selección —niega.— Si te echasen por robar una rosa, créeme que serías afortunada de estar marchándote de este Palacio. ¿De verdad esperas una vida llena de reglas y límites tan ridículos como esos? —alza las cejas.— En fin, cada quién con sus asuntos. No estoy aquí para juzgarlas… —muerde su labio inferior.— Debiste decirme eso antes de llamarme grosero, por un momento creí que había logrado mi objetivo. ¿Cuál es tu nombre, por cierto? Por si debo delatarte con los reyes.
--No me refería exactamente a echar a perder las cosas en la selección-- dijo, no muy segura de su comentario. --En realidad no espero vivir una vida así, más bien, pienso que no tengo muchas oportunidades de ganar pero de...-- meneó la cabeza e inmediatamente se mordió la lengua para no seguir hablando. --Pues conmigo no, aunque todavía te quedan muchas chicas que seguro se irritan contigo... Uhm, ¿cuál es el tuyo? No pienso decirte el mío para que vayas a delatarme--.
Uhm… no lo sé. ¿Qué tal si quejarse por aquí está prohibido? No estoy muy segura de cómo funcionan las cosas y temo echarlas a perder, supongo.
No creo que quejarse esté prohibido. Aunque supongo que tienes un poco de razón, pero no deberías limitarte ni nada.