“Era Jueves, un Jueves de Noviembre y tenia mucho frío; tú no estabas.”
— (via soy-un-14)

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@soy-un-14
“Era Jueves, un Jueves de Noviembre y tenia mucho frío; tú no estabas.”
— (via soy-un-14)
La canción vuelve a sonar y tú vuelves a aparecer.
Si me conociste hace unos años, permíteme que me presente de nuevo.
Una sumiss
No sé si sea bueno esto que siento, me gusta y me da miedo saber que es algo diferente a lo que estoy acostumbrada a sentir.
Me está gustando demasiado, me está gustando quererlo, me está gustando como me trata, me gusta que sepa que le soy y seria fiel solo con existir, me está gustando saber que él es el que manda, me está gustando obedecerlo, me está gustando todo de él ¡¡Carajo!!….
Me enamore de como me azota en la cama
Me enamore de sus gestos de desagrado
Me enamore de como sonríe
Me enamore de sus manos
Me enamore de como es cuando se enoja
Me enamore de su deseo
Maldito enfermo me estoy haciendo masoquista por mi gusto pero es mas para complacerte!! 🧎🏻♀️
La impulsividad que nace desde adentro y que se disfraza de calma me inquieta profundamente. Esa aparente serenidad funciona como una trampa: otorga tiempo para estimar escenarios, medir probabilidades, alimentar pensamientos sobre lo que puede fracasar y sobre lo que, en ocasiones, podría “funcionar”. En ese cálculo no hay virtudes ni razón. Cuando la gobernanza interna, mis frenos, la reflexión, las normas a las que decido ya no sujetarme, y falla frente al impulso de ceder, se desata algo más oscuro: una furia que borra matices, una ira que empuja hacia la eliminación de cualquier amenaza. Entonces ya no buscaré justicia ni reparación: buscaré aniquilar la posibilidad misma de ser herido otra vez.
A la Chica Domingo,
Hoy te escribo sin las prisas de un día, sin la necesidad de que mis palabras suenen exactas, porque sé que las palabras no se pueden apresurar cuando se trata de ti.
Eres la contradicción que no se puede evitar. Eres la mezcla de calma y tormenta, de sol y sombra, de amor y ausencia, de todo lo que te hace ser tan única y tan auténtica. No eres la chica lunes, la que viene con promesas de nuevos comienzos, ni la chica martes, que encarna lo práctico y lo ordenado. Tú eres el eco de los días que no se cuentan, el silencio que habla sin decir nada, la luna que se asoma sin pedir permiso.
Eres la poesía escrita en tardes nubladas, la pintura que nunca se termina porque el arte no tiene prisa. Eres el vino que se disfruta lentamente, sin expectativas, solo por la magia de su sabor. La Chica Domingo, con su melancolía apacible, su soledad reconociendo la belleza de estar sola, sin sentir que le falta algo.
A veces me pregunto si buscas ser viernes, el día que todos quieren tener, o sábado, cuando todo parece fácil y divertido. Pero sé que, en tu alma, el domingo es tu lugar. Ese espacio de quietud, de reflexión, de pausa, donde todo es posible porque nada es urgente. Y aunque el mundo no entienda la magia de tu quietud, yo te veo, te siento. En tus silencios hay más de lo que se puede decir.
Hoy, en tu aprendizaje, estás descubriendo una nueva forma de ser, una más ligera, más alegre, como si estuvieras practicando ser optimista en medio de la tormenta. Y aunque no siempre encuentres la respuesta, no siempre te sientas completa, quiero que sepas que en ese proceso, en esa búsqueda de la paz y la luz, nunca estás sola.
Porque aunque tu alma busque soledad, la mía te acompaña en silencio, en ese lugar donde no hace falta explicar nada. Y quizás el sol de tu domingo no brille de la misma manera que lo hace en otros días, pero esa luz que tienes dentro, aunque tenue, es la más real.
Te amo, Chica Domingo. Porque en tu complejidad, en tu tristeza hermosa, en tu luz rota, veo todo lo que hace falta para entender este mundo tan confuso. Y aunque no te lo diga siempre, cada palabra tuya, cada gesto, me acompaña en mi propio viaje.
Con todo lo que eres, con lo que todavía no sabes que eres,
Te llevo en el alma.
Siempre.
30 de Enero 1965
Nunca fui de festejar tu cumpleaños, vamos nunca fui de ser un buen hijo, un buene hermano, pero hoy ya no estás y te extraño, te extraño mucho papá. No me duele recordarte pues cuando lo hago me siento contento de haberte tenido conmigo, ni si quiera lo mal que me comporte y las muchas muchas palabras hirientes que te dije, ni siquiera ese Uriel que nunca supo valorar lo que eras y lo que sigues siendo, puede quitarme tu comprensión, apoyo, palabras, afecto, tu orgullo por ser mi papá y tu amor que siempre me diste y tuviste para mí, así que al diablo el resto, ¿No? Gracias pa' gracias por haber sido, por ser y por todo. Te Amo.
El precio que pagas por ignorar tu instinto es muy caro.
Lo que pudo ser reacción impulsiva muta en una obra fría, planificada y capaz de herir con eficacia.
La impulsividad que nace desde adentro y que se disfraza de calma me inquieta profundamente. Esa aparente serenidad funciona como una trampa: otorga tiempo para estimar escenarios, medir probabilidades, alimentar pensamientos sobre lo que puede fracasar y sobre lo que, en ocasiones, podría “funcionar”. En ese cálculo no hay virtudes ni razón. Cuando la gobernanza interna, mis frenos, la reflexión, las normas a las que decido ya no sujetarme, y falla frente al impulso de ceder, se desata algo más oscuro: una furia que borra matices, una ira que empuja hacia la eliminación de cualquier amenaza. Entonces ya no buscaré justicia ni reparación: buscaré aniquilar la posibilidad misma de ser herido otra vez.
La raíz del dolor
En mi infancia, aprendí a callar.
Aprendí que sentir era peligroso.
Que si lloraba, molestaba.
Que si pedía, era demasiado.
Crecí intentando no incomodar,
tratando de merecer amor con buenos modales,
siendo obediente, invisible,
esperando que alguien se diera cuenta
de que también yo necesitaba cuidados.
Me acostumbré a no recibir,
a ver el amor como algo que se mendiga,
como algo que hay que ganarse.
Y ese vacío, ese hueco que nadie llenó,
lo fui arrastrando como una sombra.
Y ahora, cuando me enamoro,
mi niña interior se despierta.
Ella quiere aferrarse.
Quiere asegurarse de que no la abandonen otra vez.
Entonces me vuelvo intensa.
Ansiosa.
Y me pierdo por completo en el otro.
Empiezo a darlo todo,
aunque me den poco.
Me convenzo de que si soy lo suficientemente buena,
se quedarán.
Pero siempre termina igual:
me eligen… por un rato.
Luego se van.
Y ahí estoy yo,
repetida en otro cuerpo, en otra historia,
repitiendo la herida,
reclamándole al amor que no me salve,
sino que por lo menos no me rompa.
Sé que no soy esa niña.
Lo sé.
Pero ella vive en mí.
Y en mis relaciones, es ella la que ama.
La que tiene miedo.
La que grita por dentro:
¿esta vez sí me van a querer?
Hoy empiezo a entenderlo.
Que no soy difícil de amar.
Que no soy demasiado.
Que no estoy rota.
Solo estoy tratando de sanar con los recursos que tengo.
Y quizá eso sea amar también:
aprender a no castigarme por lo que no fue mi culpa.
Y atreverme a construir, poco a poco,
una historia distinta.
Una donde yo también me quede.
Conmigo.
La raíz del estar
Te leo.
Y no busco interrumpir tu voz.
Tampoco vengo a calmar tu llanto,
ni a cubrir con frases lo que ha costado años sentir.
Te leo… y estoy.
No para rescatarte.
No para ser refugio.
No para llenar los vacíos que otros dejaron.
Estoy porque mi estar no responde a lo que falta,
sino a lo que reconozco.
No necesito que me dejes entrar.
Ya estabas dentro de mí
cuando aún no sabíamos pronunciar nuestros nombres.
Esa niña que vive en ti,
la que teme, la que grita, la que mendiga amor,
no tiene que callarse frente a mí.
No intento calmarla,
solo hago espacio para que exista
sin que le duela tanto ser.
No busco ser elegido,
ni quedarme por mérito.
No hay deuda entre nosotros.
No hay contrato disfrazado de destino.
Solo un lugar que se abrió en mí
cuando tu voz tocó esa fibra antigua
que nunca aprendió a olvidarte.
Tú puedes ir, volver, temer, sanar, gritar.
Puedes incluso no verme.
Pero sabrás, sin explicación,
que estoy.
No como quien se aferra,
sino como quien reconoce.
No te pido que me cuides.
Ya aprendí a quedarme conmigo.
Y desde ahí, desde ese espacio no condicionado,
estoy contigo también.
No espero que me ames sin miedo,
ni que me comprendas sin dudas.
Solo que sigas siendo.
Y yo seguiré estando.
No para aliviar la raíz de tu dolor,
sino para honrar la raíz de lo que eres:
íntegra, incluso rota.
Entera, incluso cuando partes.
A veces no quieres soltar, pero la realidad es que ya no tienes de donde agarrarte..
La Geografía de su Ausencia
Él la recorre sin tocarla, como quien traza un mapa sobre una ciudad dormida. Donde empieza la piel, se detiene el mundo: un hilo de pensamiento interrumpido por la curva de su cuello, por el modo en que su blusa no dice todo, pero insinúa lo suficiente. No hay urgencia, solo una espera suspendida.
En ese café, una tarde cualquiera, se sienta frente a ella. El sol acaricia el borde de su taza. No habla de lo que importa. Solo frases funcionales, inofensivas, lo necesario para sostener la apariencia. Entre sombras y susurros, ocurre la conversación real: en el desvío de una mirada, en el gesto que no termina de ejecutarse, en la pausa que se alarga más de lo prudente.
Ella juega con la cucharilla, y en ese gesto se condensa toda la tensión del universo. La Mirada en el Umbral —ella allí, tan quieta, tan presente— lo invita a no entrar, a contemplarla desde la frontera. El deseo se convierte en un acto de observación, en una liturgia sin contacto.
Cuando finalmente cruzan la calle y la lluvia comienza, todo se vuelve más íntimo. El sonido del agua amortigua el mundo. Después de la Lluvia, ella camina delante de él, sin prisa. El abrigo abierto, el cabello pegado al rostro. Parece que flota. Él no la llama. Solo la sigue, respirando el vapor que deja en el aire.
Buscan refugio en una librería. Ella se pierde entre los pasillos. Él la encuentra sin buscarla, doblando una esquina. Un instante apenas: el dorso de su mano rozando el lomo de un libro que ella ya ha tocado. Entre los Estantes, la coincidencia se disfraza de azar. El silencio entre ellos es espeso, casi un lenguaje.
Ella sonríe de lado. Sabe. Ella Sabe. No se ofrece, no se niega. Su poder está en no necesitar afirmación. Deja que él arda en el centro de su calma. Su presencia no se impone, pero tampoco se retira. Se despliega como una atmósfera.
Y entonces, esa voz. Tan suave que apenas es un murmullo, un roce de viento. Voz Baja. Una excusa para inclinarse, para que el perfume se cuele entre los poros, para que el deseo se construya en ese medio centímetro de aire compartido. Lo mira sin mirar. Lo toca sin tocar.
Cuando llega la despedida, ella lo abraza como si no lo hiciera. Antes de Irse, deja sobre él la huella mínima de su cuerpo. Un roce, una tibieza. Una curva de sonrisa que no sube hasta los ojos. Y se va.
Él no intenta detenerla. Porque ya ha comprendido:
El verdadero deseo no necesita consumación.
Solo necesita presencia.
Y ella fue todos los lugares en los que él no se atrevió a quedarse.
3:07 am es 15 de Julio, 2018 Domingo. -Me encantan las madrugadas con lluvia y viento- pensaba Lidia mientras escribía una nueva poesía. Siempre le a gustado vivir sola aunque ahora comparte su apartamento con un lindo gato negro, lo recogió de la calle hace un par de semanas estaba sucio y mal nutrido “Coyote” le llama… Un rayo hizo su aparición y segundos después un fuerte trueno simbro la estructura del apartamento, la luz se fue y sólo quedo el brillo del celular en el buró donde se estaba cargando. A Lidia no le da temor la oscuridad, pero esa madrugada, mientras buscaba una vela en la cocina, sintió un escalofrío demasiado desagradable recorrer todo su cuerpo y la sensación de que no estaba sola. Sonó su celular, número desconocido. -¿hola?- Lidia contestó sin pensar, un poco exaltada por la llamada pues la había tomado totalmente por sorpresa y con esa sensación horrible en ella. -¿Hola?…! ¿Hola?! ¿Quién habla?- Nadie parecia estar al otro lado de la llamada así que colgó prosiguiendo a buscar la vela. La tormenta seguía, los rayos y los truenos, sería una noche soñada para Lidia si sólo no hubiera experimentado aquella sensación. La luz de la vela iluminaba la habitación, Coyote, que se encuentra sobre la cama, dio un salto y se postró en la ventana parecía que observaba algo o a alguien. Lidia no noto ese hecho pero si cuando Coyote dio un maullido fuerte y desesperado. La vela se apagó, el celular volvió a sonar -¿Quién llama a las 3:37 am de un Domingo?- -¿bueno? ¡¿Bueno?!… !¿Quién habla?! ¡Contesté!- Nuevamente nadie atendió las preguntas de Lidia. Eso sin duda hizo crecer temor en ella, volvió a encender la vela, asomándose por la ventana no miraba nada extraño, nada que hubiera podido hacer que el gato se exaltará y eso sólo logró crear más intriga. El viento empeoró y la tormenta también agudizaba. Lidia decidió dormir, llevo a Coyote a la cama y cerró los ojos. 4:44 am el celular sonaba, era un mensaje “¿Quieres jugar conmigo?” La energía eléctrica se restauró, Lidia no sabía lo que estaba ocurriendo. Tenía miedo… El sueño hizo que cayera dormida despertó a eso de las 11 am, era una mañana normal fue al baño a lavar su rostro y sus dientes. No estaba Coyote lo cual también era normal. Prosiguió a la cocina, quería preparar un par de huevos y café. Jamás olvidará eso: la barra estaba escurrido de sangre que brotaba del horno de microondas, al abrirlo vio que Coyote estaba dentro todo destrozado con una nota que decía “nunca me gustaron los gatos”.
Ella es agresiva, una mujer totalmente independiente, sabé y le gusta pensar, cuestiona todo lo que le cause conflicto jamás se queda con la duda, nunca baja la mirada; orgullosa al extremo, altiva, fuerte, valiente con unos ojos que hacen sucumbir a cualquiera, enamorada de la vida, de los libros, de la poesía. Le gustan las flores pero no que se las regalen, le gusta el café con leche, la cerveza y el vodka, le gusta ir al cine, los tacos al pastor, le gustar sentirse dueña de miradas cuando transita por la calle, le gusta saberse deseada por su físico espectacular, pero bien sabé que su mejor atributo es su mente diferente a la de la mayoría de las mujeres. Ella no espera un príncipe azul que la rescate de la torre, que maté dragones y sus problemas solucione, ella sabé usar la espada y la armadura no le pesa, a ella le gusta enfrentar la vida soñando pensando en un mejor mañana, la verás caer un montón de veces pero siempre se pondrá de pie. Ella aún cree en el amor, en las cartas escritas a mano, en las fechas especiales, en los pequeños grandes detalles, en los caballeros, ella aún cree que existen hombres que enamoran a la antigua, que regalan libros, que a parte de un buen físico enamoran a base de sonrisas. Ella quiere enamorarse una ultima vez, quiere encontrar a alguien que la ame por todo lo que es, que mire sus cicatrices y que cada una sea un motivo más para quererla, quiere a alguien que la abrace fuerte que comparta su felicidad con ella. Ella quiere a alguien y alguien la quiere a ella.
“Te quiero no de una manera egoísta. Te quiero y quiero compartirte con el mundo, pues no le negare a la existencia el magnífico hecho de sentirse parte de ti, la creación más hermosa. Quiero que todos puedan admirarte, que todos tengan el placer de quererte y amarte, de sentirse parte de ti y que te sientan parte de ellos. Te quiero no de manera egoísta. Te quiero no sólo para mi, te compartiré con el Universo entero pues sé bien que un amor diferente sólo me ofreces a mi. Porque sé que me quieres alegre, divertido, optimista, sincero, pasional, fuerte, orgulloso, altivo, intelectual, soñador; me quieres por sobre todas las cosas, tu amor y cariño es más que toda la distancia, la soledad y el frío. Te quiero porque eres más que arte, ¿Por qué tendría derecho de negarle al mundo la oportunidad de admirarte?”
—
El destino no pudo con nosotros, no vislumbraba esté presente contigo, no estaba en mis planes el enamorarme de ti. Aquí estás, aquí estoy, aquí estamos tratando de hacer las cosas de un modo distinto, quizá improvisando, dejando fluir las cosas, sin tanto entendimiento pero sin incertidumbre; aquí estoy con mi alegría y mi felicidad, con mis malos chistes, sin mis mentiras y con toda mi verdad, con mi pasión y mi lujuria, con mi amor y mi ilusión, con mis brazos que te piden casi todos los días. Aquí estoy en mi humanidad, con mis defectos y mis virtudes, con mi contradicción, con el hombre maduro que soy pero a la vez con mi niño interior que sólo quiere sonreír y correr hacía ti, hacía tus brazos llenos de aceptación.
No sé si fue destino, no tengo la certeza que estuviéramos escritos pero sí creo que el universo así lo quiso; pues te llevó mucho tiempo por caminos que yo ni en sueños andaría y ahora estoy aquí, con el romanticismo que no soñé dar a nadie, con las ilusiones y planes que no esperé compartir, con mi firmeza y la vulnerabilidad que no esperé entregar a nadie, más bello aún, estoy aquí para construirnos juntos, con un plan hecho a ciegas, pero viviendo una historia que ni yo con mi inexperiencia ni tú con tus vivencias, hemos creado para ninguno.
Buscar aceptación es un error, pero cuando encuentras a una persona que acepta todo lo que eres, bueno o malo, concidera a esa persona un regalo del cielo. Tú eres mi obsequio celestial, la personificación de la tolerancia, la paciencia, la elocuencia, el sexo hecho persona, la inteligencia alojada en tu cuerpo de mujer. No hace falta conocer el plan, no hace falta conocer los detalles del plan de Dios para nosotros, sé que será alguo bueno. Tendré una nueva historia para contar, nuevas experiencias en mi repertorio y tú mujer, mujer inexperta en amores conocerás algo lindo y majestuoso: el amor o el desamor. No te preocupes, vas a crecer como ser humano. El tiempo que sea de nosotros, te llevaré con calma por las veredas por las cuales jamás has andado. Seré tu guía, seré tu amigo, tu hombre, mis brazos serán tuyos y mi fuerza será tuya.
¡Al diablo los estereotipos! Eres justo lo que no quería y todo lo que me complementa. Eres eso que necesitaba para al fin alcanzar el cielo; eres el caos, la tormenta que le faltaba a mis días templados, eres la calma que necesitaban mis días de tempestad, eres la fuerza que quitó mis defensas, el amor que descongeló mi corazón. A veces siento desbordar mi alma, siento que debo decirte todo lo que me haces sentir, contigo no es sólo una emoción, contigo vivo en una burbuja repleta de ellas. Me llevas en una oleada de amor, cursilería, lujuria y pasión, así tal cual eres. Me llevas en un caos al que muchas se negarían pero a mí me encanta. Acepto lo que Dios quiere y amo lo que me da, en sus designios estás tú para mí, para romperme el corazón. No me ocupa el dolor que vendrá sino más bien tu falta, pues ahora tu presencia se ha vuelto un vicio para mí. Tus brazos los busco en las noches, tu calor tras mi espalda hace falta. Tu fuerza que a la distancia es perfecta, mi amigo y mi hombre. Pienso en ti durante el día, no eres una necesidad, eres un gusto, eres eso que bien quiero darme siempre que sea posible. Temo hartarte con tanta miel, con mi inexperiencia de trato en pareja, y voy a gozarte, sobre toda mujer que quiera quitarte de mí.
Que tú y yo, que nosotros y nuestro tiempo juntos sea un designo del Padre Celestial.