Esta es una de esas noches, la misma escena se repite. Tú durmiendo, imaginando que el mundo es tuyo mientras yo giro alrededor de ti. No me ves. Tú sueñas con lo infinito, mientras yo contemplo lo que probablemente jamás sería mío. Te ves tierna, tan linda, tan deseable, tan preciosa, que adjetivos me terminarían faltando. Brillas. Como si tus lunares dibujaran constelaciones en tu silueta, que no ha dejado de ser mi cielo desde que te conocí. La luna se apaga para los poetas, a la vez que tú te enciendes para hacerme soñar, haciéndome sentirte en lo abstracto de una fantasía imposible. Hoy es una de esas noches en las que pienso en regalarte caricias sin que te des cuenta y susurrarte los poemas que todavía no sabes que te he escrito. Los sueños son un presagio de algo a futuro. Sueña conmigo, y por favor, suéñame tuyo. Acariciar a alguien mientras duerme es una declaración de amor atorado en la garganta. Estoy con la soga al cuello por todo el cariño y aprecio que te tengo. Sé que no puedes oírme, que tal vez tu mundo tiene melodías más hermosas que la de mi voz, pero me doy el placer de sentir por un momento que puedo hacerlo, mirarte, pronunciar tu nombre y sentirme el hombre más afortunado. Te quiero, tanto que me quedaría en vela sólo por ver tu sonrisa emerger de casualidad, entre momentos en los que el mundo deja de existir para mí. Hoy es una de esas noches, en las que recuerdo que no eres mía, y que en mi vida no ha habido nunca un sueño tan vehemente como ese, el tenerte. Tal vez al despertar tú nunca llegues a saber de este monólogo que acabo de improvisar. Pero estas palabras seguirán conmigo, dedicándotelas en silencio, recordándome que tengo un sentimiento que no es mío, que lleva tu nombre. Buenas noches, linda. Te ves preciosa. Ojalá sueñes conmigo, porque yo todavía no despierto de este espejismo, y quisiera quedarme aquí para siempre, si esa es la condición para vivir a tu lado. Ojalá que el amor deje de ser una meta inalcanzable. Ojalá que al despertarte, me quieras un poquito más.