Con las últimas palabras una sonrisa pérfida brotó, deseando que aquel día jamás llegará, al menos que el cachorro estuviese ya vacunado y menos andrajoso. Sus orbes fueron entonces al hombre, curiosos. “¿Siempre viene por aquí?” Indagó en referencia al perrito que su hija ya había bautizado como amigo, probablemente aquel minuto prometido se extendería un poco más, así que buscar algo de platica para matar el tiempo fue su mejor idea, además de que de esa forma podía conocer un poco más la situación del perro y ver si, de alguna forma (dejando los compromisos a un lado), podía ayudarle. Era ese lado altruista suyo, brotando con furia, haciendo reconsiderar varias de sus decisión tan furtivamente que pronto podría emerger una contradicción molesta, molesta pero satisfactoria. “Se ve muy mal… bueno, más sucio que mal.” Opinó contemplando al peludo animal siendo avasallado con los mimos de Alyson. “Seguro que llevándolo a una veterinaria otras personas lo querrán.” Reflexionó entonces, en voz alta sin intención.
Tomó una bocanada de aire, tanto a la pequeña como el can parecían en un paraíso, las consecuencias dolerían en ambos, en la inocencia de la pequeña el abandonar a aquel pequeño amigo era una clase de traición, un acto inhumano. Y en el caso del animal seguramente dolería la desilusión de esa caricia sin repeticiones— No lo sé, es la primera vez que lo veo...—se sinceró sin problema, elevando sus hombros con suavidad. Al oír esas palabras la pequeña pareció iluminarse, aunque también había confusión en ese ceño fruncido sobre sus cejas, en sinfonía a un latido emergiendo con fe de poder ser quien se lo quede, veía un diamante cubierto en mugre y barro— Supongo, sí, ¿te estás presentando a voluntaria de rescatarlo? —el tono se volvió un poco cómplice, siendo más ronco que de costumbre.















