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Amadeus Serafini by Kevin Trinh
sevngbae
Salvación, brillo que destella en mirada avellana y la sonrisa es, en su mayoría, un agradecimiento tácito. Apresurado, indice y pulgar dándose a la tarea de desenroscar botella, eliminar esa raspadura que condena a la garganta. “ ¿La botella desapareció en mi boca? Qué va ” Oración interrumpida por otro sorbo, manga llevada hasta las carnosidades para eliminar cualquier vestigio de agua. “ — estoy siguiendo esta nueva dieta donde no consumo gluten o plástico. ” Que valentía la de bromear aún en esa situación, es el nerviosismo hablando. Ocultando las inseguridades entre un humor donde él ha de refugiarse.
Debe reconocer que es mala suya, el cansancio físico / mental le ha impedido hilar una oración coherente y ahora sus palabras estaban siendo utilizadas en su contra. “Es una buena dieta, después de todo si el planeta no tiene la capacidad de degradar plástico, mucho menos la tenemos nosotros.” Informa, tomando la broma ajena y decidiendo continuarla sin mayor prejuicio, es decir, sabe que la situación es delicada, que no pinta bien no ponerle la seriedad que requiere, pero es alguien acostumbrado a lidiar con las pérdidas / muertes, con lo difícil del mundo real, así que ha aprendido que nada se gana amargándose más de la cuenta en el proceso.
saracenies
Maldijo en su idioma de cuna cuando un tropezón la hizo besar el suelo, y seguía maldiciendo ahora, solo que con un extraño evaluando los daños. “¡No!” Soltó tan pronto las palabras masculinas brotaron, cubriendo la zona afectada con su propia mano, como si esto pudiera borrar lo que el otro ya había visto. “Quiero decir, aprecio tu amabilidad y todo eso, solo que– no es nada, lo tengo bajo control” Aseguró, incluso enseñó sus perlas para ser más convincente. “¿Tienes una botella de agua a la mano? Me lavaré, es solo un raspón, como los de los niños de primaria, no es como si los intestinos se me vayan a salir por ahí” Entonó la broma.
Su ceño se frunce en automático ante la resistencia de la más joven, sin embargo, no hace más que observarla, sin buscar accionar. Y bueno, no, no le creía, sin mencionar que tenía este instinto de que para que las cosas estuviesen bien hechas, necesitaba hacerlas él mismo, pero no estaban en un momento / lugar adecuado para ponerse a apelar sobre el tema, así que ofrece la botella que le es solicitada, además de un par de apósitos y algo de cinta porosa. “Además de limpiarla, deberías cubrirla.” Informa, como para que la joven entendiera por qué sacaba más cosas de las pedidas.
pkvali
observa en penumbras la hinchazón / enrojecimiento en la zona en cuestión, maldiciendo el momento en el que sus avellanas dejaron de brindar especial enfoque y atención a cada incierto paso que daba para voltearse y así cambiar de perspectiva por una milésima de segundo. “ no tomaré nada sin la supervisión de un médico. ” poco sabía de que estaba en la presencia de uno. replica al momento en el que se hace mención a las posibles soluciones al incidente y sin interés en oírlo, desliza su dígito sobre la pantalla de su teléfono móvil para que yemas ágiles establezcan una conexión con su progenitora, pero mientras tanto el constante pitido del aparato resuena en su tímpano hasta que reconoce la voz que responde. “ ¿madre? contacta un médico, me he hecho un esguince. ” esclarece las ideas en voz alta para la tranquilidad de la mujer mayor, no osaba llamar el percance un a fractura o dislocación pues el nivel de gravedad de la lesión no era de tal magnitud. lo único que busca plantar es la seguridad de que su silueta no quedara a la deriva entre frondosos fresnos y un aire tan limpio que quemaba sus adentros. “ estarán aquí en poco más de media hora. ” vocifera por primera vez estableciendo contacto visual con aquél que parecía ser el salvador de la damisela en peligro, uno que poseía facciones tan ambiguamente familiares como forasteras.
Ante las primeras palabras escuchadas, intentó replicar, explicar la situación, pero llegó un punto donde prefirió observar en silencio, sin siquiera moverse un centímetro, con una sonrisilla gatuna, casi imperceptible entre las penumbras, adornándole el rostro. Cuando la fémina comenzó a hablar por teléfono terminó acomodándose en su sitio, sin perder detalle. Es entonces cuando finalmente se le vuelve a hablar directamente, asintiendo un par de veces a lo que se le informa, volviendo a colocarse entonces en cuclillas a un costado de la figura femenina, extendiéndole su diestra con toda intención de presentarse: “Harel Straviski, médico con adiestramiento en urgencias. El placer es todo mío.” Resulta imposible que el inglés pueda disimular la diversión en sus facciones, entonces, permitiéndose abrir su mochila e iluminarla un efímero momento, con mera intención de que la más joven vislumbrara que llevaba equipo médico real consigo. “Si gustas, más tarde te envío mi título profesional por whatsapp, por ahora, creo que sería producente para ambos si te ahorro media hora de espera y después prosigo mi camino.”
vrcna
carnosidades se apropian del silencio nocturno, y esmeraldas observan absortas hábiles manos que entre la herida se mueven precisas. Es débil hilera de líquido carmesí que recorre tez pálida, y entre miradas cómplices y sonrisas efímeras; fémina puede entrever que incidente no es más que corte superficial. Lo que parece preocupación instalada en vientre, se desintegra ante negativa tercera, y es el ascenso de comisuras por un instante (fugaz sonrisa decoraron carmines), el que quiebra semblante gélido que sobre mujer se ha mantenido. “Está bien…” ella es toda suavidad de sereno brío. Ademanes gráciles que toman propio móvil para encender luz necesaria. Entre una disputa de dudas y desconfianza, termina en victoria aquel lado humano que entre laberintos tormentosos todavía se guarda, y posándose al costado derecho del hombre, recorre perfil que vagamente familiar se bosqueja en su inconsciente. “¿Estás segura de volver sola? No queremos que nadie más se pierda.” matices cálidos por primera vez se vislumbran entre vocablos, aun cuando última palabra guarda un trasfondo de duda. Y es que adolescente es reflejo de aquella hermana que ha perdido entre los hilos macabros de su padre, y despierta extraña colisión de emociones que normalmente bajo control mantiene. Pero es negativa la que nuevamente danza en el aire; en ella se atisba el interés por salir de aquella arboleda tétrica. La polaca no puede culpar a la joven, más cuando comparte mismo anhelo. “Ve con cuidado.” sentencia la de hebras doradas, reincorporándose de entre las hojas marchitas, para iluminar un poco el camino que aquella tercer alma tomará entre los árboles. “¿Deberíamos seguirla? ¿O buscaremos mejor a su próximo paciente?”
Termina de limpiar la herida rápido, las quejas de dolor de a poco se desvanecen y es entonces cuando coloca algunos apósitos. “Como nueva.” Sonrisa que busca transmitir confianza adornando sus facciones, efímero contacto visual con la más joven y entonces se permite guardar todo y reincorporarse, colocándose a un costado de su nueva compañía mientras ve a la tercera en escena hacer acciones similares, pero con toda intención de alejarse. “Realmente me da la impresión de que prefiere estar sola.” ¿Cómo culparla? Lucía como la buena mayoría del pueblo: motivada a asistir a aquello por las razones equivocadas, y ahora tenía una herida y dolor a cambio de intentar llevar a cabo su obra buena de la semana. Y entonces suelta un suspiro pesado. “Quiero creer que no habrá más pacientes por esta noche.” Aunque eso incluya de forma silenciosa que piensa que no encontrarán a la fémina que ha motivado aquella expedición, como sea, apenas la joven que antes atendía deja de estar en su rango de visión, comienza a avanzar en dirección para donde supone el resto de los voluntarios ha ido. “Verena, ¿cierto?” Cuestiona, poco después soltando una efímera risa. “Es un pueblo pequeño.” Y sí, con aquello busca justificarse y no sonar como un acosador o algo de ello.
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Egoísta es la etiqueta que la corona cuando pide al círculo cercano largarse de aquella búsqueda sin sentido, lo acepta, la enorgullece y, sin embargo, sigue por ahí. “Esto comienza a ser toda una aventura, ¿hm?” es inevitable la arruga en su ceño, marca explícita del desagrado a visualizar heridas de cualquier índole y gravedad. “¿Esta dices?” con resignación y sin entablar contacto visual alguno, ofrece la bendita mochila a quien supone, profesional de la salud.
“Tengo varios adjetivos en mente para describir todo esto, pero no figura aventura.” No, sería más apropiado decir locura, insensatez, incluso aceptaría estupidez o falta de consciencia, pero prefería ahorrarse sus comentarios porque él estaba formando parte de aquella serie de malas decisiones, intentando poner banditas durante el proceso para hacerlo más llevadero, literalmente. “Sí, justo esa. Gracias.”
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neil, fracturado entre deber, poder y consideraciones de por medio, volvió carmines fina línea, mirada castaña enfocándose en manos foráneas en visible desconfianza, evidente conflicto, y, al final, con renuente resolución a ceder terreno. reconocía incapacidad propia por tratar heridas porque ni siquiera había visto la suya. el sólo percibir de la molestia atraía recuerdos como una estela— indeseados para lidiar y que mantenía bajo control por la atención fija en el mayor. tentativo, acercó apenas la pierna en su dirección, en silente aceptación y confianza momentánea. sin embargo, existía la promesa implícita de que, en la mínima presión mal ejercida, eso sería todo.
Es hábil para leer inseguridades o desconfianzas de terceros, sin embargo, en esta ocasión en específico no es necesario ser demasiado observador para que salte a la vista la renuencia del tercero, ¿malas experiencias con médicos previos, quizás? No quiere / puede indagar más allá; en primer lugar, porque no es de su incumbencia, en segundo, porque prefiere terminar con aquello rápido, continuar con su camino y regresar a la comodidad de una casa con calefacción en cuanto sea posible. Y sus orbes permanecen fijas en facciones ajenas, esperando un dictamen, mismo que falla a su favor. “Toma esto, hará que duela menos.” Informa, tendiendo algunas pastillas. “Tengo agua en la mochila, por si necesitas.” Complementa, entonces comenzando a trabajar en la superficial herida.
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Un suspiro escapa de entre sus labios, el cosquilleo recorriendo aquella zona con descaro mientras sus orbes se pasean por los alrededores en busca de alguna figura conocida. Hacía rato su madre prefirió separarse del pequeño grupito de búsqueda conformado por ellas dos. Una punzada en el corazón y un apretón en el estómago la impulsan a moverse por los alrededores con cierta prisa, buscando a la mujer. Siente una desesperación que únicamente se ve reflejada en la profundidad de su mirada. Le lleva varios segundos escuchar las palabras; un par más para analizarlas. Entonces, ahí junto a la figura masculina, pudo ver a su madre siendo examinada por algún ligero accidente. “¿Qué ha ocurrido?” desea saber, aunque su tono de voz se encuentra calmo, casi bañado por el tono de voz que adquieren las madres cuando encuentran a sus hijos haciendo algo indebido. Finalmente le pasa la mochila solicitada.
Se mantiene en lo suyo, entendiendo que la cuestión de la fémina no va dirigida a su persona, sin embargo la adolescente no responde, haciendo que el médico eleve su mirar, encontrándose con una mueca que denotaba entre tristeza y rabia, es entonces cuando decide tomar la palabra. “Tropezó con la maleza, pero no es gran cosa. Estará bien, pero debe ir a casa.” Las últimas palabras están más motivadas por el hastío que puede leer, y lo entiende, para ese punto la tensión general del ambiente y la penumbra de la noche no son buenos compañeros, la gran mayoría seguro quiere volver pero no tiene excusa válida para hacerlo, así que él le obsequia su salida a la ajena. “Gracias.” Corresponde, entonces tomando el objeto solicitado y sacando algunos apósitos. “¿Cómo va la búsqueda?” Y no es que crea que haya una alternativa para el resultado que se está imaginando, pero necesita saber si las expectativas ya bajaron, si los habitantes comienzan a caer en cuenta de que lo mejor sería abandonar el bosque y volver.
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Su objetivo era uno distinto, pues ya ni siquiera estaba buscando a quien se supone debían encontrar. No, porque el menor de su familia había decidido no hacer caso a sus palabras y cambiar su compañía por otra persona. Había ido preparando uno de sus ya conocidos regaños para soltarle en la cara cuando lo encontrase y, sin embargo, sus planes cambiaron otra vez por culpa de un mal paso. “Exacto. No es la gran cosa. Te lo agradezco, pero estoy bien, en serio, no tienes que hacer esto” repitió. Pero ni esa misma sonrisa que usaba para persuadir resultó lo suficientemente creíble. Se sentía hasta avergonzada por aquella situación, sobre todo porque no era algo que pudiera controlar a su gusto. “Puedo tomar el analgésico y asunto arreglado, ¿no?” porque todavía tenía que caminar un buen tramo y el dolor en el tobillo no iba a desaparecer por arte de magia.
“Oh, tengo que hacerlo. Básicamente mis ingresos dependen de que haga este tipo de cosas, pero es tu día de suerte, por hoy, te lo dejaré gratis.” Tono agridulce, como queriendo bromear pero mantener la compostura al mismo tiempo. “Dejará de doler, sí, pero si no limpio y vendo corres riesgo de una infección, posterior sepsis y/o amputación.” ¿Dramatizaba? Quizás un poco, pero eso no quitaba el hecho de que sí podía infectarse la herida, después de todo, le daba la impresión de que el ligero sangrado que tenía ropas ajenas había sido causado por espinas o cualquier similar. “Facilitarías mi trabajo si tomas el analgésico mientras me dejas trabajar.” Informa, entonces decidiendo que es todo lo que va a insistir, y es que tiene que continuar con el sendero, buscar agilizar las cosas y volver antes de que más personas resulten lesionadas por lo que ahora cataloga como un riesgo estúpido y que ni de joda dará los resultados deseados.
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Maldiciones se atoran en la traquea, enredadas en cuerdas vocales hasta disolverse. Escozor que como vaivén se esparce por extremidad víctima de un des balance ( culpa a la casi nula iluminación por el sendero hacia lo desconocido ). “ No necesito el analgésico ” Sentencia, ingerir medicamentos con estómago vacío es una mala costumbre ya erradicada. “ Sólo iré a casa. ” Excusa casi idílica para terminar con una excursión de la que se negaba a formar parte desde el principio, siendo apellido condena y razón única de su estadía en esos momentos.
“Es sólo ibuprofeno. Tómalo.” Deja que una pequeña sonrisilla se haga de sus facciones, entonces extendiendo el par de pastillas a la fémina. “¿Por favor?” Cuestiona, mueca que simula una súplica y la sonrisa no abandona en ningún momento sus comisuras. “No tardaré mucho y después podrás ir a tu casa.” Son palabras que buscan hacer ceder, facilitar el trabajo que ya ha comenzado. “No tendría que arder.” Informa, aunque puede que esté mintiendo apenas un poco, pero antes de dar momento a cualquier réplica o más negaciones, vierte un poco de povidona en la herida ajena.
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avanzar a tientas, moverse en medio de la soberanía arbórea cuando es la oscuridad quien ejerce real dominio sobre sentidos y extremidades, parece ser misión suicida que se confirma para la de hebras azabache cuando apunta con luminiscencia a figura que yace en suelo, cerca de fisionomía masculina que parece rescatar a pobre humano en peligro, cliché. le asquea la situación, aquella solidaridad que ha contagiado las fronteras y rincones del pueblo, tan falsa y movida por el simple morbo que la ha levantado también a ella. el encontrar un tercero moribundo o ya en las puertas del cementerio, olor a girasol y tierra mojada descansando como una ilusión en sus fosas nasales. “ ¿la borgoña? ” interroga apuntando con linterna ahora a figura aludida, tomándola entre sus dígitos y acercándola al tercero. “ se ve que trajiste un buen equipo por el peso, eh. ” intenta cooperar, mas la indiferencia reina y es el deseo de abandonar patética escena la que la embarga, sin embargo, el ver un hueso al aire o un poco de sangre la mantiene allí, detenida, con dígitos atravesando hebras y arrastrándolas tras su hombro.
Asiente a modo de respuesta, entonces tomando la mochila cuando le es tendida. “Gracias.” Responde en automático, colocándola a su diestra y rebuscando un par de cosas, es entonces cuando suelta una risilla a las palabras ajenas. “Gran parte de mi utilidad aquí es mi capacidad de ayuda en estos casos, sino, creo que no haría gran diferencia un sujeto menos en la búsqueda.” Porque un ameno conversador no era, bien podría consolar a Bianca por cortesía de su entrenamiento para dar malas noticias, pero ni siquiera era cercano de la desaparecida o de sus allegados, así que sí, su permanencia e interés en la búsqueda era meramente por imagen, por compromiso moral. “Así que todo lo que traigo es necesario.” Concluye, encogiéndose de hombros mientras su atención continúa en la pierna ajena, entonces observa de reojo a la fémina. “¿Quieres iluminarme la herida del chico mientras limpio?”
bumahn
desazón se instala y crece sobre pecho ante situación actual: saberse inútil es una cosa, pero tener la evidencia justo frente a sus narices, y peor aun, frente a otros, es aun peor. sus deficiencias están mejor resguardadas para su exclusivo conocimiento, para la recriminación personal en casa, no importunando a los demás. “ no tiene que molestarse, en serio. ” dice, vista clavada sobre la pierna herida. “ puedo caminar el resto del camino, ni siquiera duele tanto. ” hay un intento de sonrisa en su rostro, bajo la mezcla de pena y vergüenza que baña sus facciones. “ supongo que ya era hora de que regresara a casa, de todos modos. ”
“No es molestia, básicamente de hacer esto sobrevivo. Y no me hables de usted porque en automático envejezco quince años y siento la necesidad de revisar si tengo suficientes fondos para el retiro.” Bromea un poco, quiere aligerar el ambiente. Es consciente del desagrado universal hacia los médicos, o hacia las enfermedades o situaciones similares, no le queda más mostrarse amable y grácil. Rebusca entre sus cosas, entonces extendiendo un botecillo de fármacos antiinflamatorios al ajeno, correspondiendo a la sonrisa que le es ofrecida. “Déjame arreglarlo, además, el dolor disminuirá de no tanto a casi nulo cuando te tomes esto.”
neilmaysak
receloso permitió cercanía suficiente para la evaluación de la herida, sin embargo, no fue la molestia en tez lo que impulsó el apretar de la mandíbula e intentar, torpemente, de retroceder. “no.” soltó, muy seco, muy rápido, muy preciso. “voy a irme a casa de una vez, no lo necesito.” empeñado y alentado por la terquedad, necesitó hacer mínima fuerza con la pierna para reconocer fallas en plan inesperado y ceder, aunque sea, medio terreno. “o dime qué hacer pero yo lo hago.”
Una vez recibió la mochila, la atención volvió a centrarse en las heridas ajenas, pudiendo hacer poco ante la renuencia presentada por el menor. “Soy médico, sé lo que hago. Tranquilo.” Tono parsimonioso, palabras que ha dicho en mil y un ocasiones, después de todo su área era urgencias y estaba acostumbrado a lidiar con accidentes como pan de cada día. “Si me dejas desbridar y poner el vendaje podrás irte a casa cuanto antes, pero sin riesgo de una infección.” Continúa, buscando mejores cimentar confianza ajena en su persona.
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Aburrimiento / cansancio, aquello comenzaba a ser una búsqueda sin sentido. La oscuridad reinaba bajo las fisiologías inquietas, divididas a la par para asistir en senderos opuestos y poder ejercer la unión de un pueblo fantasma. Agregando el hecho de mantenerse cercana entre completos desconocidos, mismos que ahora yacían en el barro con tintes verdosos generando próximo problema en su misión. ‘ Toda tuya ’ dígitos diestros sostuvieron la mochila requerida, cediendo al masculino. ‘ Al parecer el bosque no deja escapar a nadie ’ inquirió, dorsos se adentraban de lado a lado de su propia cintura, abrazándose a causa del frío embriagador que les rodeaba.
Sus falanges toman el objeto solicitado, abriéndolo al momento y rebuscando entre la infinidad de objetos que cargaba ( muchos de los cuales muy seguramente resultarían en un gasto de espacio innecesario, ¡pero hey!, hombre precavido vale por dos ), entonces comenzando a limpiar la herida ajena, concentrándose en sus acciones y no en las muecas de dolor en rostro del adolescente. “No traigo conmigo suficiente material para sanar un tobillo roto por cada voluntario, así que espero la mayoría hayan regresado.” Tono agridulce es el que acompaña a sus palabras, y es que realmente no estaba en sus planes ejercer su profesión en inhóspitas condiciones, sólo quería caminar por allí, iluminar a la distancia y cumplir con el dictamen social.